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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 13 de Mayo de 2008
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may 13, 2008

Pasión por la danza

María Antonieta Siero


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Fue un día de 1973. Era la primera presentación del Ballet Adán Castillo, dirigido por María Antonieta Siero. Al mediodía, el encargado de las luces del Teatro le pidió que bajara donde él estaba, para que juntos vieran el escenario iluminado. Cuando María Antonieta iba bajando, por equivocación, el técnico apagó las luces y ella cayó en el foso de la orquesta.

Era la primera presentación en el Teatro Nacional Rubén Darío, y también la primera prueba de que cumpliría la promesa que le hizo a su maestro. María Antonieta cuenta que se rompió todos los tendones del brazo. Mientras llegaba la hora de la función, no dejó de hacer ejercicios con el brazo.

A la hora de la presentación se plantó en el escenario y en el mismo instante en que empezó la música, ella se dispuso a bailar. “Cuando oí la música, yo no sé cómo levanté el brazo, hice todos los números que tenía que hacer y salió perfecto”, recuerda ella. También cuenta que a medida que iba bailando, se veía a través de la malla cómo sus piernas se ponían moradas. En cuanto terminó su última pieza, el brazo le quedó “descolgado” y tuvo que someterse a fisioterapia por año y medio. Ella llama a esas experiencias “heridas de guerra”.

Pero no sólo deja marcas físicas, también ayuda a recuperar las del alma. María Antonieta cuenta que cuando murió su mamá, desahogó sus penas en la barra de ballet de su estudio.


Forjadora del arte
y el porte
Entre los alumnos de María Antonieta están la Miss Nicaragua 1995, Linda Clerk, y Armando Espinoza, figura principal de un ballet español, y ahora director de su propia compañía de danza en Cáceres, España.

Es madre dos hijos, maestra, amiga y bailarina. Intentó trabajar lejos de las barras y zapatillas de ballet, en una oficina, pero no duró más de un año. María Antonieta pertenece a la danza desde siempre y hasta siempre. Con más de cincuenta años en la danza y treinta como docente, es la continuadora de la labor de Adán Castillo, el bailarín que trajo el ballet clásico a Nicaragua.



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