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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 07 de Junio de 2008
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Nuevo Amanecer
jun 7, 2008

Círculos de palabra y vivencia

(En el nuevo libro de poemas de Santiago Molina: “Círculos de Alfarero”)


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He aquí Círculos de Alfarero, un poemario construido por una voz acendrada, depurada, de respiración y mirada larga, que trasciende el reducido mundo que cerca los días, sin olvidarlo ni sublimarlo.

Quizás nadie sabe más de la vida que el alfarero, en sus manos se conjugan los cuatro elementos: la tierra que es el barro, el agua que le da moldeabilidad, el aire que sostiene las formas y el fuego que las concreta. Y el alfarero que conoce de su oficio sabe que depende del círculo para elevar las formas de la vida. En el torno que gira sin cesar, se domina el barro y los dedos trazan círculos que confirman la naturaleza de lo vital.

Muchas veces me he detenido a contemplar esos círculos que nunca son iguales y que son las huellas del alfarero, muchas veces he recorrido esos círculos o los he contemplado mientras aproximo a mis labios una taza o un pocillo de artesano. Una vez, un ceramista me dijo que ningún círculo era parecido al otro. Así, la palabra: la misma siempre y única cada vez.

Cuando Santiago Molina (Juigalpa, 1958) titula así a este libro sabe de la labor, el oficio y de su gesto único en cada pieza, en cada poema aunque una y otra vez se repita el tema de la vida, la respiración de los días.

El lector encontrará en Círculos de Alfarero las fidelidades que le dan textura única a la voz poética de Santiago Molina. En su poesía se evidencia un diálogo cultural que condensa tiempos y espacios diversos en el territorio único del poema y bajo la hegemonía de la memoria y de una mirada tintada por colores e imágenes que filtran la vivencia. Pintura, color e imagen. Imagen, la poesía.

Vivencia, no artificio ni simple ejercicio formal, es el poema escrito por una interioridad alimentada por el sabor de lecturas y pinturas, vivencias cotidianas, deleite ante el acto cotidiano de leer o de mirar un cuadro, rutinas llenas de sentido que ahora dejan huella en el poema. “Octubre”, “Biografía de mis manos” o “En el albergue de la Osa Mayor” son muestra de esto.

Y junto a las imágenes que los días van arrimando y condensando en la mirada, el lugar intemporal. Juigalpa, pueblo de la memoria y de la infancia se transforma en pueblo arquetípico donde cualquier lector encuentra el reflejo de sus vivencias. La Juigalpa real, donde nace el poeta, pertenece a Chontales y tiene más de 70 mil habitantes. Es fundada en abril de 1668, y en 1879 fue elevada al rango de ciudad. Ubicada en el centro de Nicaragua fue asiento de los chontales que son reconocidos como los habitantes precolombinos más antiguos de esta nación. Toda esta raigambre está presente de manera tangencial en su obra, cuando arraiga en la memoria un lugar permanente donde se cruzan las vivencias y las épocas.

Pero, cualquier lector sabrá dónde está Juigalpa: en la memoria. Hay que evocar la ciudad kavafiana. Un lugar del que no se puede escapar, que siempre habita en la memoria y cuyas coordenadas siempre remitirán a lo grato, lo luminoso, lo paciente de la melancolía que saborea lo vivido. En “saudade en líneas” lo confiesa llanamente: “y todo cuerpo es un paisaje de recuerdos lleno de voces y situaciones desaparecidas”.

La poética de Santiago Molina se inscribe en una tradición universal: el poema como lugar de convergencia de lo local y lo universal se constituye en vínculo de lo humano rompiendo las fronteras físicas: “buses Toledo que no volverán a este empalme del tiempo/donde ahora espero entre Francia y España/ah que piten anunciándome que van hacia Juigalpa”.

Es ésta una poética que surge de la decisión individual. Molina se ha negado a plegarse a las corrientes del momento, eligió y elige encontrar su propio camino. Ajeno a grupos, se entregó a la soledad que todo lo revela tarde o temprano. Una historia harto conocida y repetida, pero que permite que hoy podamos encontrar estos poemas de pulso firme y logrado que hablan con revelaciones mínimas, pausadas y que pueden ser releídos y descubiertos una y otra vez.

Hay en este poemario un diálogo integrado, que se cumple cabalmente, entre los referentes literarios y pictóricos, y el pueblo de Juigalpa. El imaginario que se muestra en estos textos, revela una voz que se desplaza con verosimilitud y comodidad entre el mundo de la infancia, el pueblo, y el mundo, igualmente real y palpable, del arte vivenciado. Porque la clave está en la vivencia. Sólo aquello que habitó lo interior con persistencia y hasta con violencia, puede devolverse hecho poema.

El logro arquitectónico, la conjunción armoniosa de elementos, el ritmo y la belleza más allá del sentido que le daban los griegos- que se concreta en cada poema son señales de que no hay artificio ni ejercicio formal, es el poema escrito por una interioridad golpeada y labrada por la vida azarosa. La literatura y las imágenes de las artes visuales han servido de continente, de vientre incubador de lo vivido. “Tal vez si alguien en una fecha venturosa/huéspedes de la gracia nos invitara un momento/a recorrer las habitaciones alumbradas de Magritte/y a mirar a través de su íngrima ventana”.

Gracias a esta generosidad misteriosa del arte, que ya como obra cerrada se abre para aquel que se acerca sea por primera vez o por repetida ocasión, el diálogo entre culturas, épocas y lugares no cesa. Y así, por esa gracia, la obra recibe sin tiempo ni espacio, lo humano de cualquier época, fragilidad herida que se refugia en esas obras y dependiendo del llamado y de la fuerza de su presencia, otorgará las claves para interpretar el mundo cotidiano. Lo cultural no está divorciado de lo cotidiano sino que es parte de ello y eso lo demuestra poéticamente Santiago Molina.

Su poemario anterior que recoge su trabajo poético en unas doscientas páginas se titula Los dominios del aprendiz (Managua: Centro Nicaragüense de Escritores, 2005). Aprendiz y alfarero, en el territorio del oficio humilde, trabajo artesanal, iniciación de lo humano y lo poético que parece nunca acabar pero que le permite entregar (ofrendar en el ámbito sagrado de la Poesía) poemas logrados bajo la égida de una poética donde se cruzan la memoria y lo artístico como malla que sostiene la palabra. Es esta una poesía sólida y no atada a ideología o estética, es la poesía vivida, comprometida con la existencia y con lo humano.

Es una poética construida desde la consciencia de la extranjería, del exilio interior, de la no pertenencia, del desarraigo.

Allí, desde ese lugar, sabiendo de su no pertenencia, de su ingrimitud, se cumple el poema. Cada uno de los textos de estos Círculos de alfarero, bajo el ritmo y el tiempo que funda Bachelard en sus poéticas de los elementos, círculos extendidos y recogidos en el incesante torno de la cultura y el alma aguardan a ese encuentro que los completarán: la presencia del lector, el milagro del otro. Allí, en el silencio de quien atesora, quedará la impresión y las imágenes, la voz de Santiago Molina.


En el albergue de la osa mayor
Cuando Rimbaud deseaba hospedarse en La Osa Mayor
pensaba en que albergado en ese alto y lejano lugar
es que uno puede tener una opinión y una certeza
y un recuerdo de la vida en su eternidad
entonces el abrazo sólo puede suceder
viviendo ya en el Albergue de La Osa Mayor
pero si uno se agarra al otro y el otro se agarra a uno
pero si uno casi llora y el otro también está llorando
pero si uno esta gozando y el otro también está gozando
pero si uno está poseído chamánicamente
y el otro está recorriendo en silabeos toda su historia totémica
y el pasado y el presente y el futuro penetrados
según el tiempo verbal de San Agustín
y los mundos de Leipniz y la cinta de Escher
que no acaba nunca de dar vuelta
hacia abajo hacia arriba
en forma de pez o pájaro pero siempre ascendiendo
en un dulce remolino
la Ronda del Amor de Matisse
una danza llena de movimientos marinos
la alianza de nuestros cuerpos sagrados cuando se sienten alegres de existir
porque el orgasmo es un vientazo de la existencia que nos lleva lejos a los dos
y ese amor sólo puede sentirse cuando ya se vive en el Albergue de La Osa Mayor
y ahí todo es ternura y los cometas a veces
se detienen por siglos con su cola de zorra estelar
iluminando la ventana donde están dormidos los amantes.


Saudade en líneas
Con almidón y tijeras
voy agregando cosas a las cosas
(días a los días, noches a las noches)
pájaros de papel para hacer guitarras agudas en el viento
colochos de nubes para hacer ortodoxas iglesias de madera
tomates de mi jardín para que galopen
alrededor de una pradera roja los caballos bárbaros de André Breton
pero entre tanto trabajo manual
tu vida no es un collage que se pueda reconstruir
sobre el soporte de ningún cuaderno
ya pleno de signos tachados
porque tu vida la necesito toda sin nada superpuesto
sin nada ajustado ni arrugado entre dos pliegues
tu cuerpo lo quiero hacer concreto como una línea de montañas
clarita después de un breve aguacero
y hay cuadros de Magritte que así son ventanales puros de lo Real
juegos y batallas donde el ganador sobre la Mímesis es siempre l`imaginaire
y todo cuerpo es un paisaje de recuerdos lleno de voces y situaciones desaparecidas
y mi amor nace primero de l`imaginaire balanceándoce en el columpio
allá solo en tu bosque de infancia cerca de Sviatogorsk,
un movimiento de nieve iniciando un trote de líneas cosacas en el aire:
en mañanas de líneas
en mediodías de líneas
en noches de líneas
en madrugadas de líneas
larga tregua de líneas hasta que llegués o llegue o lleguemos a las fronteras
hasta que sienta que te venís conmigo
desde el fondo de las estepas hasta que los dos de nuevo formemos
el punto espiritual de Kansdinsky que nos comenzó.

Santiago Molina



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