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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 28 de Junio de 2008
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Nuevo Amanecer
jun 28, 2008

Umbral analítico de Poesía Reunida

Carlos Martínez Rivas (1924-1998)


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“Uno elige sus libros por instinto. Los que convienen a nuestro ser, a nuestros humores, a nuestro humor.”


(CMR, “Los Libros”)

1 Con la salida a luz de Poesía Reunida, en la edición realizada y anotada por Pablo Centeno Gómez, las obras completas de Carlos Martínez Rivas han dejado asomar a la luz pública una de sus facetas decisivas, la de las artes poéticas. Acaso sea este el aspecto de mayor profundidad intelectual y el mejor logrado desde el punto de vista técnico y artístico, dentro del espectro de las diversas facetas literarias y reflexivas desarrolladas por el autor de la más singular y la más profunda de las insurrecciones centroamericanas.

2 Pero no es ésta la faceta única. Porque la necesaria Opera Omnia deberá incluir: las narraciones, los apuntes íntimos (cundidos de observaciones agudas, de perspicacia, de sagacidad, de humor atrevido y de reflexiones sorprendentes), la crítica de arte y de literatura, el comentario de los usos y costumbres y las instituciones sociales; los cuadernos que nos dan cuenta detallada del resultado de sus visitas a los museos europeos o norteamericanos (mexicanos incluidos).

3 La lectura de esta edición paulina (que por ser hija de Centeno deberá llegar a centenaria) nos evidencia en primer lugar las proporciones monumentales y la consistencia granítica de una poética desarrollada a plenitud, con esmerado y minucioso rigor. La insurrección solitaria ya no estará tan sola frente a los esquemas analíticos del lector. Ahora podremos valorar aquella obra inaugural en la perspectiva de Allegro Irato y Los Estatutos de la Pobreza, tanto como en la de las recolecciones escolares y los poemas juveniles. Quedando así pertrechados para establecer relaciones, proponer comparaciones, analogías, contrastes.

4 En veloz lectura de corrido podemos percibir la evolución de un concepto estético, las consecuentes metamorfosis de un estilo. De esta manera podremos atribuirle a la Insurrección su valor y su ámbito de significación correspondiente, tanto en función de la obra posterior, en cuanto punto de ruptura con una secuencia tradicional, que resulta evidente en la obra previa. ¿Desde cuántos ángulos? Evolución estética formal. LIS, por ejemplo, al ser comparada con Juvenilia, nos evidencia un momento decisivo de ruptura con los patrones clásicos, con la rima consonante, con una simbología heráldica modernista. Ruptura de temas. Ruptura con algunos modelos de actitudes ante la religión y la moral concomitante. Porque las concepciones éticas del poeta también observan una curva de evolución, que traza una seductora parábola. Orientación de objetivos, como se observa con precisión balística la parábola de un disparo de artillería. Luego de analizar las opciones del espectro social, rechazo de toda supuesta superioridad clasista, rechazo de la riqueza ignara y esnob. Preferencia hacia los sectores marginales. Luego de demoler las farsas nucleares de la moral al uso, y demostrar lo injusto y absurdo de algunos patrones establecidos de comportamiento.

5 Nos deparamos con una estética que colma sus anhelos, que cifra sus búsquedas, en la demostración demorada de una prolongada escala de seres colocados en situaciones desagradables, nocivas, degradantes, una colección de imágenes negativas, feas, perturbadoras, atemorizantes. Carlos se empecina en la demolición de algunos empedernidos espejismos ideológicos. Estética de lo verdadero, pasando por superar la catarsis de lo feo, concentrado y magnificado, resemantizado, integrado armoniosamente en una forma artística.

6 Desmitificación no sólo de las venerables instituciones que sostienen el edificio de las “buenas” costumbres, del orden social, el matrimonio, la familia, la iglesia, la religión. Desmitificación de la misma mujer, y del Amor mayusculado. Todo relativo, porque un mito tan esencial como el de la mujer sólo podrá ser conmovido en sus cimientos por una mitología mayor, más envolvente y más cercana a la verdad. Las formas del amor evolucionan, se desplazan, se transforman a lo largo de la obra martiniana, huyendo gradualmente del amor erótico, filial, paternal, amistoso, vienen a recaer en última instancia sobre unos inocentes seres no racionales, los gatos, las cucarachas, por ejemplo, o en objetos aparentemente inanimados: los libros. Necesario contrapunto reflexivo: Una Llama en el bosque de Chapultepec. Atracción femenina que extrema su pureza en los bordes del bestialismo.

7 A cada campo de demolición ideológica, religiosa, moral o sentimental le corresponderá una subversión lingüística, una osada aventura idiomática. Evolución, experimentación verbal, rastreemos incrementos cuantitativos y cualitativos de vocabulario. Cultismos, prosaísmos, regionalismos, neologismos, terminología de diversas ciencias, formas dialectales del habla nicaragüense, reivindicación del disperso y desarticulado vocabulario de origen precolombino.

8 Quienes han pretendido restarle importancia a su obra de literato de pensador, de artista de la palabra (aquella “rivalidad impotente, que me perseguiría hasta el fin desde el comienzo”), han recurrido a la descalificación moral, a los alevosos ataques ad hominem: dipsomanía, soberbia*, misantropía, misoginia. Poesía Reunida nos ofrece abundantes elementos para revertir, redargüir contra y reducir a polvo, paja y gases fétidos esas dudas esgrimidas con perversa y mezquina intención descalificatoria.

9 Queda demostrado el valor en bloque de un cuerpo poético mayor, desde todo punto de vista. Una obra madura, coherente, consecuente, articulada en eslabones, en poderoso sistema orgánico de pensamientos progresivos. Unos principios estéticos montados sobre una plataforma de convicciones sostenidas a costo de jugarse en la parada la vida entera. ¿De qué otra manera te lo puedo explicar? Un pensamiento corajoso, atrevido y beligerante, agrediendo con meditada estrategia contra todo un andamiaje cultural, contra un ramillete de valores, contra un museo de tabúes, contra el tinglado de las instituciones falaces, derribando de sus pedestales a una iconografía alienante y a unos códigos embrutecedores de comportamiento.

10CMR estructura las claves de un lenguaje personal, muy suyo, despliega y se apodera de una alta cifra idiomática que observa en su comportamiento, por una parte, lapsos de u n hermetismo indescifrable, mientras por otra parte coquetea y se mezcla con discreta impudicia con las fuentes y veneros del habla popular nicaragüense. Éste último deberá ser el aspecto que nuestros “hablistas” académicos detecten y reconozcan con menos lentitud. Porque el material más grueso y más pesado de manipular son los plausibles listados de referencias infrecuentes, los neologismos, las jitanjáforas, las inserciones intertextuales de raíz culteranista, las rarificadas variaciones lingüísticas populares o eruditas.

11 La perversa intención generaliza en falso, pretendiendo reducir toda la obra carlosmartiniana a sus flancos herméticos, hurtándole el bulto a las ineludibles orientaciones críticas del conjunto. Y sobre todo escamoteando el hecho de la claridad que pueden arrojar los elementos meridianos sobre las zonas de mayor penumbra. Porque el lenguaje “hermético” es a veces apenas culto, y los enigmas se pueden despejar mediante una sencilla consulta a un diccionario: bermejuela, jijallar, anacardo, ataujía, brécol, alabastro, alcahaz, leprosería, gossamer, saxífraga, mangantes, responden a este caso. El primer indicio de esta tendencia culterana: la palabra “aporía”, en Dichos de Agur, de la Insurrección. En otras ocasiones se trata de neologismos, creados por el poeta ante una evidente falla o discapacidad del idioma: arrastriscas, enemistagua, caballejear, antropoequina, polvaral, calcoholmanías, cadejear, murmurria, son ejemplos pertinentes. Agreguemos a esto el uso de nicaraguanismos (o nicaragüeñismos, como prescribe abusivamente el DRAE): achumicará, machigüe, mengalo, chinvaronas.

12 Concluyamos: CMR procede de manera análoga a la que procedieron James Joyce, Virginia Woolf (I dare say), Joao Guimaraes Rosa, José Lezama Lima, César Vallejo o Rubén Darío, quienes crean sus propios sistemas idiomáticos, a partir de la confluencia de sus idiomas maternos con el habla o las hablas locales, más los exuberantes caprichos personales de cada quien (que pueden fungir para nuestro pupilaje como materia supererogatoria).

13 De los proemios de Pablo Centeno (que leo hasta el final en mi estrategia retrospectiva de lectura), uno de los detalles más interesantes resulta el examen de la afición apasionada por las artes visuales demostrado en vida y obra por CMR. De esta profunda afición dan cuenta no solamente los poemas de Carmina Figurata, sino las abundantes referencias al universo visual de un amplio espectro de artistas, que van desde los anónimos mesopotámicos, hasta los creadores de la más audaz contemporaneidad. Es este un lazo conclusivo que junta vertientes que habrían parecido dispersas, a saber: el interés por las artes visuales, empeñado y demostrado por una cadena generacional especialmente interesante entre nuestros literatos. El primer cabo (que sabíamos no duraría mucho tiempo suelto): Nuestro estudio, cuya primera etapa preliminar recién hemos dado por interinamente cerrada, sobre el desarrollo de las persistentes aficiones artísticas de Rubén Darío. Más (segundo) la labor de estudio, la asimilación, la reflexión y la divulgación del arte precolombino emprendidos por Pablo Antonio Cuadra. Más (tercero) las anotaciones sobre el aprovechamiento de sus estudios artísticos, por Lizandro Chávez Alfaro. Para dar una idea preliminar podemos señalar dos relatos: “Celajes Consanguíneos” (Hechos y Prodigios, páginas 49-52) y “Señora de la Espalda Jubilosa” (Idem, páginas 31-36).

14 Ingress, Jean Baptiste Dominique, es un punto de encuentro entre Darío, Carlos Martínez Rivas y Lizandro. Francisco de Goya y Lucientes, es otro. Pero, buscando metódicamente, encontraremos otros elementos que nos lleven a establecer una red de felices coincidencias entre todos ellos.

15 Si ubicamos en fila perspectiva los ámbitos artísticos que componen para sus obras estos escritores, de qué manera extraordinaria se amplía, enriquece y madura sus nociones y sus criterios de inclusión o exclusión este Museo Virtual de Arte Universal, fundado por Rubén Darío. Con Rubén, conquistamos los vastos espacios imaginarios desarrollados por el arte europeo. Más los primeros atisbos sobre la trascendencia del arte oriental, y la valoración del arte de las culturas y los pueblos llamados primitivos. Este primer museo dariano requiere el diseño de una estructura compleja. Sala clásica griega, renacentista, romántica, neoclásica, prerrafaelista, impresionista, más una de precursores de expresionismo y surrealismo. A lo cual habría que agregar otra sala para el arte precolombino.

16 Mientras que lo de CMR representa una doble inmersión erudita. Porque por una parte nos sienta codo con codo en la misma mesa de los movimientos artísticos vanguardistas. Con Carlos viviendo en París, cerca de Octavio Paz en su embajada y de Julio Cortázar callejeando por el Puente Nuevo, sentimos el olor dionisiaco del aguarrás de los Picasso, los Miró, los Bracque, los Klee, los Duchamp. Volvemos además, lupa en mano, a revisitar impresionismo y puntillismo, a los Gauguin, los Matisse y los Toulouse Lautrec. Carlos Martínez Rivas mete nuestra sabuesa nariz nicaragüense a husmear en los zapatos alucinantes de Vincent Van Gogh.

17 Por otro flanco CMR se lanza a fondo en pos del pasado artístico, los primitivos italianos, las figuras menores o menos visitadas del Renacimiento, los raros pintores holandeses y alemanes, de menos cartel que las figuras mayores de la publicidad artística. Van Eyck, Roger Van der Weiden, Lucas Cranach, Mathías Grünewald, Piero de la Francesca, Polaiuollo. Hasta cerrar el círculo, hasta que el perro y la serpiente se muerden el rabo, porque el apetito por los orígenes sumado a la fuerza de su vocación expresionista arrastran a Carlos hasta los linderos, finis terrae, del arte arcaico. La diosa Ipet, las primitivas cariátides griegas. Subrayando de paso la relación entre estas manifestaciones antiguas y el arte de las vanguardias de comienzo y mitad de siglo, para que el círculo se cierre con aldaba hermética.

18 Notemos que CMR, continúa, desarrolla y profundiza una parábola que ya estaba insinuada en la evolución de las preferencias estéticas darianas, las que recorren un periplo que va de los artistas galantes, románticos y neoclásicos del siglo XVIII (Poussin, Ingres, Boucher), pasando por los maestros españoles (Goya, Velásquez, el Greco), hasta los precursores visionarios del surrealismo y del expresionismo (Auguste Rodin, Grandville, Odilon Redon, Jan Toorop), que permean las raíces de todos los estremecimientos de vanguardia experimentados por las artes visuales a lo largo del siglo XX.


Tegucigalpa, martes 11/03/08 y miércoles 12/03/08.



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