jul 9, 2008
Una girita por Taipei
Una colega se recetó una girita por Taipei hace un par de meses. Por ello quiso compartir algunas anécdotas con nosotros, los lectores de BUENA ONDA, para culturizarnos un poquitín. Acá la nota, muy poética por cierto, pero interesante.
Matilde Córdoba
Huele a especias y son las 10:20 de la noche. Algún lugar en Taipei. Sangre y culebra son dos palabras mágicas para disfrutar de la noche, dicen, y quienes venden la idea, hacen imaginar culebras bailarinas saludando en mandarín, que mueren luego del efímero saludo para ofrendar su sangre. Mientras nosotros nos embriagamos con cervezas con nombres propios, mucha gente aquí se toma la sangre de la culebra con licor. Sí, con licor. Sabe horrible, cuentan, pero embriaga. Y mucho.
Media hora después, nada de culebras. Hay pequeños cerdos enjaulados, gatos gordos y peludos, perros, cobayos que caminan ansiosos en su jaula, pero nada de culebras. “¿Licor de arroz?”, pregunta un taiwanés en español. “No, de culebra”, responden al unísono varios turistas. En los estantes hay cuellos de ganso asados, ventas de mango con azúcar, pitahayas blancas --fruta del dragón le dicen aquí--, ranas peladas con sus cuatro extremidades estiradas y pescado crudo, mucho marisco crudo.
Nada de culebras. Las culebras ya pasaron a la historia, dice otro, pues cuenta que para las autoridades no resultaba atractivo que los vendedores las mataran delante del turista. “Mejor beber licor de arroz”, insiste uno encogiéndose de hombros. La caminata en el mercado nocturno en Taipei continúa. El licor de arroz se degustará mañana. Las cervezas, contrario a todo aquí, son gigantes y al mismo precio. Mucho se saborean, pero será mañana.
Olvidado el tema de las culebras, hay que buscar qué ver. Y aquí sobra. En la calle hasta los turistas forman parte de ese conjunto de extrañezas. Algunos chinitos avispados sonríen amables y piden a los turistas que se queden inmóviles. Tic, tic --suena la cámara--, sale el flash y asunto arreglado. Dos cuadras más adelante, otro chino tomando foto. Es casi medianoche y la gente camina en multitud en las calles, quizá sea porque esta isla está superpoblada.
“Estas chinitas no salen vivas en nuestros países, con tanto vulgareo allá”, comenta un centroamericano sin despegar la mirada en el trasero de una de ellas, quien, como muchas que van a disfrutar de la noche, viste ropa extremadamente pequeña y lleva cortes de cabello extravagante.
De fondo, en un edificio, un muñequito tipo Dragon Ball Z: es la publicidad de un banco, o del metro, o de un centro comercial, o de una computadora. Hay muchas réplicas de la llorona de la Candy aquí.
La noche empieza a disfrutarse en mandarín, pero para los latinos es hora de la cenicienta. Momento de dormir, mañana nos espera el licor de arroz, buscar a algún vendedor que no esté cumpliendo con la medida sobre las culebras y el olor a especias, ese olor a especies que se respira en esta isla.
imprimir enviar
|
Buena Onda
Editorial
SoulCalibur IV
“El Chavo” terminó por envidias y celos
Giras de la semana
¿No estaban de vacaciones los Red Hot?
Una girita por Taipei
|