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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 26 de Julio de 2008
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Nuevo Amanecer
jul 26, 2008

El lado oscuro de la modernidad


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(Prólogo al libro “La invención de Nicaragua” --Editorial Amerrisque, 2008--, del escritor Carlos Midence)


La ciudad letrada (1982) de Ángel Rama, marcó un giro en la historia intelectual de América Latina; un giro precedido por “Literatura y desarrollo” (1972) del crítico brasilero Antonio Cándido y acompaña­do por Sobre literatura y crítica latinoamericanas (1982) del crítico peruano Antonio Cornejo Polar. La relación establecida por Cándido entre la sociedad y la economía mediante el concepto de “desarrollo” (en el momento álgido del debate dependentista), fue continuado por la sensibilidad y solidaridad de Cornejo Polar con la historia y la participación indígena en la historia y la cultura del Perú. Ángel Rama se volcó hacia el pasado y trazó, guiado de la mano de Michel Foucault, la arqueología de la ciudad letrada en la colonia, en la República y en el siglo XX.

Carlos Midence se sitúa en la continuación de esta distinguida tradi­ción de pensamiento y crítica, y da un paso más allá. Toma como eje de sus reflexiones críticas el concepto de “colonialidad”. Colonialidad, ha sido dicho muchas veces pero conviene repetirlo, no es sinónimo de colonialismo. La colonialidad es el lado oscuro de la modernidad. Como el inconsciente en Sigmund Freud o la plusvalía en Carlos Marx, la colonialidad no es visible, pero está siempre presente en la retórica y los proyectos de modernización y de desarrollo. Arturo Escobar dio pruebas más que suficientes de la doble cara del desarrollo en su libro clásico La invención del tercer mundo (1995). Pero la colonialidad no opera sólo a nivel del control de la economía y de la autoridad, sino también en el control del conocimiento y de la subjetividad.

Y es aquí precisamente donde se inserta la reflexión de Carlos Miden­ce. Al explorar las complicidades entre la lengua y el Estado-nación, Midence muestra en el caso de Nicaragua cómo opera la colonialidad en la fundación y organización del Estado-nación colonial. El cono­cido estudio de Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: re­flexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo (1983) --curiosa­mente contemporáneo del estudio de Ángel Rama--, queda corto en la distinción entre Estado y nación; una distinción fundamental, como lo estamos viendo hoy en los conceptos de Estados plurinacionales que se debaten en Bolivia y en Ecuador.

Anderson toma como modelo no cuestionado el Estado-nación moderno. El estudio de Midence se acerca más a las reflexiones del historiador de India, Partha Chaterjee (Pensamiento nacionalista y mundo colonial: un discurso derivado, 1986), sobre el Estado-nación colonial. Nicaragua, como tantos otros países hispanoamericanos, firmaron su independencia en la primera mitad del siglo XIX. India la obtuvo en 1947, al concluir la segunda guerra mundial. No obstante las diferencias de tamaño territorial y poblacional, las diferencias entre el imperio hispánico y el inglés, am­bos, India y Nicaragua son Estados-nación coloniales.

Los Estados-naciones coloniales se caracterizan, precisamente, por la continuidad de la lógica de la colonialidad aunque se haya ganado la independencia y se haya concluido con el colonialismo. La colo­nialidad va más allá de un Estado-nación particular, en tanto que or­ganiza la estructura global de dominación y control de los imperios occidentales (desde España a Inglaterra y Francia a Estados Unidos), que coinciden con la fundación histórica del capitalismo en los siglos XVI y XVII (mercantilista-monopolista, luego libre-cambista) y con su transformación por medio de la revolución industrial en el siglo XVIII y, finalmente, con las revoluciones tecnológicas y financieras en la segunda mitad del siglo XX.

En su magnífico estudio sobre la invención de Nicaragua, Carlos Mi­dence asume y se sitúa en un marco analítico y teórico construido en torno al concepto central de colonialidad y, agregaría, la colonialidad re-formulada en las independencias nacionales de los países de Amé­rica del Sur y del Caribe, como colonialismo interno: la lógica de la colonialidad, formada y gestionada por los imperios del Atlántico, fue re-tomada por las elites criollas que obtuvieron la independencia y fundaron los Estados-nación coloniales. Hoy estamos viviendo el cierre de ese ciclo, de las independencias Criollas (paralelas en las colonias a las revoluciones burguesas en Europa), en los procesos re­volucionarios plurinacionales, de los cuales Bolivia y Ecuador llevan el liderazgo.

La invención de Nicaragua, es una intervención oportuna y necesaria en este debate continental, de repercusiones globales.



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