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Nuevo Amanecer
jul 26, 2008

Una recreación visual de la naturaleza

Rosario Ortiz de Chamorro:

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“Catleya Amarrilla”, óleo sobre lienzo 2008, 62“ x 64", Rosario Ortiz de Chamorro.

María Dolores G. Torres*

El concepto de naturaleza en pintura puede ser interpretado por los artistas de manera muy diversa: como una reflexión del ser humano ante el mundo visible tanto a través del paisaje natural o del paisaje urbano, como una recreación de la vida cotidiana la representación de objetos inanimados, flores y frutas.

A esta representación de lo cotidiano, que data desde la antigüedad grecorromana, se le han otorgado los nombres de bodegón o naturaleza muerta. El término, considerado en algunos tratados de arte como sinónimo, ha sido definido como un género de la pintura “que representa objetos sin vida en un ser determinado, como animales de caza, frutas, flores, utensilios de cocina, de mesa o de casa”. (1)
Actualmente, sin embargo, la acepción ha sido revisada y los nombres “naturalezas quietas” --traducción directa del inglés “Still-Lifes”-- “naturalezas inmóviles” o “naturalezas silenciosas” se han estado utilizando a partir del siglo XX, para nombrar a todas esas recreaciones de objetos “inanimados” que poseen sus propios códigos de significado.

En el siglo XXI continúa siendo un tema de absoluta contemporaneidad, sujeto a innumerables interpretaciones, las cuales comprenden planteamientos sociológicos, filosóficos y morales: desde objetos del deseo y de la opulencia, hasta alusiones a la brevedad de la vida, al paso del tiempo y a la muerte como las vanitas y los memento mori.

Dentro de los objetos reales, el tema floral y el de las frutas goza de larga tradición dentro de la pintura universal, convertido al cabo de los siglos en un motivo de recreación estética y visual. Para Rosario Ortiz de Chamorro (1949) ha sido una constante desde sus inicios como artista, pues tanto en sus dibujos en blanco y negro o a color, como en sus óleos sobre tela, las flores y las frutas se convierten en una recreación visual y cromática del mundo natural, representadas a través de su óptica personal.

Son naturalezas silenciosas e inmóviles que se salen del mundo doméstico y rebasan la cotidianeidad, transformadas en close-ups ampliados del mundo natural, cuyos códigos de representación han sido renovados. En ellas, muestra aquellas flores o frutas que le son muy preciadas, y despliega ante los ojos del espectador una colección de orquídeas, hibiscos. Naranjas y ciruelas como objetos de privilegio, entendidos --según Margit Rowell-- como “un sistema narrativo que se corresponde con una estructura del deseo, dentro de la cual posee sus códigos singulares de significado y representación” (2).

En este sentido la Cattleya, orquídea de gran belleza conocida como “Lirio de mayo” y “Lirio de San Juan”, despliega en su versión cattleya con amor, el deseo personal de preservar la belleza de lo efímero, hacer de ella algo perdurable o convertirla en símbolo de la sensualidad. Además de ocupar el centro de la composición, la rica tonalidad del color rojo realza su protagonismo, de manera que ambos transforman a esta flor exótica en un objeto coleccionable y precioso.

Un tratamiento semejante se puede observar en la flor de hibisco, más conocida como flor de avispa, presentada como una enorme inflorescencia del paisaje cuyas hojas se han convertido en verdes montañas. Tanto Avispa como Avispa y capullo, Mariposa Monarca y avispa son portadoras de una visión ideal del mundo donde los códigos de representación obedecen a la búsqueda de un diálogo entre la naturaleza y el ser humano para lograr su mutua preservación.

A diferencia de las naturalezas inmóviles de los siglos XVII y XVIII, no son flores de invernadero artísticamente dispuestas en una canasta o en un florero, ni son presentadas como símbolos de bienestar propios de una determinada clase social. Son simplemente recreaciones de una naturaleza viva, laboriosamente ejecutadas, donde se combina la belleza formal con lo real maravilloso.

Sin embargo, flores como Magnolia roja, orquídeas como Detalle de Catleya y Catleya amarilla, se convierten en testimonios personales de su identidad como mujer al subvertir los códigos tradicionales de representación, otorgándole género y corporeidad. Los términos “delicado” y “decorativo” como elementos definitorios de lo femenino han sido sustituidos por construcciones ideológicas, donde predomina una identificación de la mujer con la naturaleza biológica del cuerpo. Asimismo, según la artista, en Catleya amarilla existe una estrecha relación entre la simbología del color y su relación con los sentimientos: el amarillo el efecto estético con la comunicación afectiva.

Las frutas, al igual que las flores, son objetos del deseo y objetos de una pasión: sensuales y eróticas parecieran definir las formas ondulantes de la anatomía femenina. Naranjas y ciruelas presentadas en un gran primer plano frente al austero gris del fondo propician múltiples lecturas y construcciones ideológicas: desde la legitimación de la femineidad hasta las asociaciones con las teorías de Freud y el subconsciente.

Sin embargo, dentro de la historia del arte, el tema de las flores, las frutas y otros alimentos ha sido objeto de diversas recontextualizaciones y presentado como símbolo de la hospitalidad. Según Norman Bryson estos temas, conocidos posteriormente como naturalezas muertas, fueron muy frecuentes desde la época romana, y los artistas llamaban xenia a las pinturas donde se representaban frutas como higos, cesta de cereza, uvas y otros alimentos enviados a los invitados “como parte de la ceremonia con la que se acoge al extranjero (xenos) en el oiko casa” “(3).

Desde entonces, la pintura que representa frutas y objetos de índole diversa, se ha ido perpetuando a través de los siglos y recibiendo diversos nombres: desde bodegones hasta naturalezas muertas, quietas, silenciosas e inmóviles. Asimismo no han faltado las interpretaciones de este género pictórico, como parte de un sistema de pensamiento, al contextualizar su contenido de acuerdo a los códigos sociales, económicos, morales y filosóficos de cada época.

Dentro del mundo contemporáneo, Rosario se siente en la libertad de formular su propia narrativa presentándose una naturaleza ordenada y específica, mediante la cual el espectador se siente invitado a entrar en su oiko o mundo privado, para celebrar la recreación de todos los objetos familiares que ella comparte con nosotros, tendiendo un puente entre el presente y el pasado.


* Historiadora de arte, investigadora y catedrática de la Universidad Centroamericana (UCA)

Notas:
1- Wikipedia, la enciclopedia libre. Géneros pictóricos.

http://es.wikipedia.org

2- Margit Rowell. Objetos del deseo. Traducción: Gian Castelli. En: Arte y Parte, N° 24, enero 2000, p.33.

3- Norman Brison. Volver a mirar. Cuatro ensayos sobre la pintura de naturalezas muertas. Colección Alianza Forma. Editorial Alianza, 2005.p.61.



La artista Rosario Ortiz de Chamorro inauguró este jueves una exposición denominada “Retrospectiva”, en la que se pueden apreciar sus obras inspiradas en la naturaleza, realizadas entre 1971 y 2008. La exposición estará abierta al público hasta el próximo 4 de agosto.




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