jul 29, 2008
Tierna dama de las caballerizas
Renée Lucía García Castillo Velia Agurcia Rivas
Hace unos ocho años, Renée Lucía García Castillo estaba temblando de frío en una finca de las montañas de Estelí. Uno de sus tíos, el dueño de la finca, estaba con ella. El señor tenía planeado regalarle un pony, pero al ver que Renée estaba temblando, le dijo que si tenía frío mejor no le daba el caballo. La ahora joven Novia de Expica 2008, cuenta entre risas que inmediatamente dejó de temblar y se olvidó del frío.
Desde entonces Renée y los caballos han tenido una relación muy afín. Tanto, que esta joven de 16 años hace hasta lo imposible para ir a todos los hípicos del país. Sin embargo, esta afición no la desconcentra de sus estudios de cuarto año de secundaria en el Colegio Hispano-Nicaragüense, y menos de su meta de convertirse en ingeniera agropecuaria y egresar del Zamorano, en Honduras.
“Yo me veo de aquí a unos diez años en un rancho con mi criadero de caballos”, agrega la Novia de Expica.
El año pasado Renée formó parte del grupo de madrinas en la Feria de Expica Centroamericana, representando a la madrina de Guatemala, y este año se le eligió como Novia de Expica.
“Ser la novia de Expica ha sido una experiencia súper bonita, porque es algo que he esperado por mucho tiempo. Desde los ocho años empecé a montar caballo y éste ha sido un buen año para mí en ese aspecto, porque además fui la novia de los hípicos de San Jorge”, expresó la joven.
Para ella no es molestia alguna tener que estar presente en todas las actividades de la feria ganadera; más bien, al verla pareciera que ella sola se abre paso entre los corredores del ganado o la galería del rodeo. Aunque afirma que de todos los animales, sus preferidos son los caballos.
Ése es su único hobby. Renée cuenta que cuando está montada en un caballo no existe nadie más. Sólo ella y su caballo. Tanto que no les tiene miedo y asegura que nunca se ha caído de uno. “Me gustaría que me botara alguno; es como un reto para mí porque no sé qué pasaría”, comenta entre risas.
Una ventaja que ella ve en sí misma es que no le importa si conoce o no al caballo, y mucho menos las razas. Renée cuenta que ha montado varios caballos ajenos, e incluso “bravos”, y nunca ha pasado nada. Es como si ella le transmitiera la misma tranquilidad que siente cuando monta.
Ella asegura que lo que le gusta de los caballos es que le dan mucha paz, y es por eso, que cuando lo hace, no hay nadie más en el mundo.
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