ago 2, 2008
Urbi et Orbi
David Ocón
“A la ciudad y al mundo” el Papa dirigió su mensaje y se retiró de la ventana, los peregrinos fueron dejando la Plaza igual que la muchacha que anunciaba pollos asados junto a la muralla del Vaticano. Era un domingo de marzo, todavía no irrumpía la primavera en Roma con su eclosión floral plantada en cientos de macetas sobre las gradas de Santa Trinitá dei Monte. Me levanté tarde, apagué la tele, bañéme y arregléme, desperté recordándolo. El programa de la “RAI” fue excelente, en la pantalla el rostro de Pier Paolo metido en claroscuro intenso proyectaba su drama, entrevistas, extractos de sus films, lecturas, compusieron el variado mosaico dando idea del personaje tan múltiple como inabarcable.
Pasolini vivió mostrando la violencia, recreándola sin ningún asco hasta que lo alcanzó por la playa de Ostia, los gamberros motorizados con chaquetas de cuero negro y cadenas cromadas dieron cuenta de él destrozándolo, en el camino polvoriento quedó su cuerpo tendido y se alejaron con estruendo infernal. Nos deja la imagen del burgués gritando desnudo, trepando en la humareda el cráter del Vesubio y de contraparte su criada ascendiendo al cielo con ropa y zapatos: “Teorema”.
Salí a la calle, entré al cine del barrio, en la sala casi vacía comenzaba la proyección. Las amas de casa felices pelan tomates maduros, los cortan con maestría y maceran en el mortero para la salsa de la pasta, son nuestros anuncios recurrentes, comida, vestuario y limpieza, el género femenino recluido en los hogares o las tiendas.
El ave revoloteaba desesperada girando alrededor del patio de ventilación y servicios como un pozo cerrado por las ventanas de las cocinas, se golpeaba las alas en su vuelo torpe y angustiante, plas, plas, plas, era el único ruido en el silencio del multifamiliar repleto de apartamentos para la clase media compuesta por burócratas y empleados de medio pelo. El ambiente sofocante despedía opresión, suspenso inútil.
La Loren, actuando de casalingue provista con limpión frotaba el paño contra los vidrios, no había nadie, los habitantes del edificio andaban en la manifestación de Il Duce, el primer fascista convocó para celebrar la alianza con “El Eje”. La cámara alterna entre las calles por donde se apresura la gente con mantas y pancartas para oír al pelón vociferar desde el balcón del Quirinale, con voz chillona, gestos de emperador romano de opereta y los espacios de la arquitectura funcional rígida de los años cuarenta.
A la puerta entornada Marcello se asomó con timidez estúpida, Sofía se le acercó seria, grave, con los ojos reflejando deseo lacerante vasto tiempo reprimido, su seducción no era romántica, emergía violenta, apremiante, sin ningún atisbo de comunión, con la urgencia de apagar el fuego encendido en la solitaria vida doméstica. Mastroianni trató en vano, no pudo complacerla, pasmado por el esfuerzo del intento fallido la dejó llorando llena de rabia, insultándolo con la bata casera de medio luto abierta y las medias recogidas en los tobillos, así terminó “La giornata particolare”, el film cruel de Ettore Scola, que pone en paralelo el fracaso de una relación de pareja y la demagogia de Mussolini. Dejé el cine sintiéndome aturdida como el ave atrapada en el inmueble, eran las siete de la tarde y en la penumbra que empezaba distinguí en un tacho de basura sobres de condones rotos y sin usar.
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