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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 17 de Agosto de 2008 - Edición 10
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La caída del bloque soviético

Cuando a fines de 1991 la Unión Soviética se desintegra, todas sus 15 repúblicas constitutivas de declaran independientes. Sin embargo, quedaba pendiente la situación de las regiones y repúblicas autónomas dentro de éstas. Varias de ellas se declararon independientes. Algunas, como el Alto Karabakh (en Azerbaiyán) o Abjasia u Osetia del Sur (ambas en Georgia), se han mantenido como repúblicas soberanas de facto, pese a que nadie les reconoce internacionalmente. Esta situación es similar a la de Transdniestria (la república rusófila oriental de Moldavia).

Rusia no se ha opuesto a éstas y en la mayoría de los casos las ha alentado buscando mantener una serie de satélites amigos que cuestionen los intentos de Georgia o Moldavia, de acercarse a la Unión Europea y a la OTAN.

Sin embargo, dentro de su territorio se opone a cualquier forma de independencia de las repúblicas caucásicas, aunque eso haya llevado a la guerra más cruenta de todas en dicha región. É sta es la de Chechenia, la misma que ha conducido a la demolición de su capital y a que Moscú sea atacada por grupos de terroristas chechenos.

Hay repúblicas caucásicas en Rusia que están contentas en este país. Osetia del Norte, por ejemplo, más bien se siente agradecida que Moscú proteja a sus connacionales que viven en Georgia y que les haya ofrecido a éstos pasaportes rusos

El ejemplo de Kosovo

Desde 1991 en adelante todas las 3 repúblicas socialistas de Europa Oriental (URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia) se desintegraron, y todas sus 23 repúblicas componentes ya han sido reconocidas como miembros de las Naciones Unidas.

Ante el avance de la Unión Europea y de la OTAN, que buscan ir cooptando a todas las nuevas repúblicas post-soviéticas en su seno, ha habido dos importantes resistencias: una es la de Rusia-Bielorrusia, y otra es la de Serbia.

Esta última no ha rechazado el retorno al capitalismo, sino hacerlo bajo las condiciones de una Unión Europea dominada por Alemania.

Históricamente hay una relación entre el pan-eslavismo y el pan-germanismo. Cada vez que Alemania busca unirse y fortalecerse, ésta requiere dividir a los eslavos del sur para ganar sus antiguas zonas de influencia en lo que antes fueron dependencias de Austria (tales como Eslovenia, Croacia o Bosnia). Cada vez que Berlín pierde una guerra, Belgrado busca, más bien, unirse con esas naciones eslavas.

En su avance, el eje Berlín-iena ha logrado presionar para desintegrar a Yugoslavia y aislar a Serbia. Ahora Occidente ha reconocido la independencia de Kosovo, una provincia que nunca tuvo antes el rango de república o Estado autónomo en toda la historia.

Esto es un cambio en los principios internacionales, el mismo que abre la compuerta para que otras regiones que no fueron repúblicas dentro de la antigua Unión Soviética reclamen que se les reconozca su independencia de facto.

Hay tres casos muy claros: Transdniestria (una república eslava pro-rusa en el este de Moldavia) y Osetia del Sur y Abjasia (en el norte de Georgia). Mientras que Kosovo consiguió una independencia de facto recientemente y tras una ocupación militar extranjera, estos 3 países tienen una soberanía ganada desde inicios de los 90’s.

Ninguno de ellos es reconocido por ningún otro país (algo que hace su situación legal más difícil, que incluso la república turca del noreste de Chipre que sólo es aceptado por Ankara). Sin embargo, dado el precedente de Kosovo, éstos tienen todo el derecho de solicitar querer entrar a la ONU.

No obstante, Rusia no les anima a tal camino porque aceptar el derecho de la partición de las repúblicas post-soviéticas, implicaría que Chechenia quisiese hacer lo mismo dentro de Rusia, y eso permitiese que otras naciones de su Estado quisiesen seguir tal ejemplo.

La estrategia rusa consiste en mantener a estas “repúblicas” como poderes independientes de facto, pero que no anuncien separarse de sus respectivos Estados; al mismo tiempo que Moscú les usa como instrumentos para minar a gobiernos que sean pro-Unión Europea

El oro negro

El Medio Oriente es el principal reservorio de petróleo del planeta. El Cáucaso, que está en su encima, llegó a serlo a inicios del siglo XX, y aún en su entorno mantiene cuantioso potencial.

Turkmenistán, que está en la costa oriental del Mar Caspio, es el Kuwait post-soviético, y Occidente no le hace mayor problema pese a tener el régimen más autocrático y personalista de la zona. Azerbaiyán, en la costa occidental, produce gas que Occidente necesita.

Rusia siempre quiso ser el territorio por donde pasasen los gasoductos, y que mantuviese una suerte de monopolio en la producción o exportación del gas del antiguo mundo soviético hacia la Unión Europea.

Sin embargo, recientemente se terminó de construir un largo ducto que conecta las plantas de hidrocarburos de Azerbaiyán en el Mar Caspio con el Mediterráneo, a través de Turquía, sin tener que pasar por Rusia, gracias a que Georgia les ha habilitado su territorio.

La guerra de Chechenia fue cruenta porque por su zona o su entorno debía fluir el gas que iba de los mares Caspio al Negro. La actual guerra georgiana también tiene un sabor a oro negro, porque Rusia no ve con agrado el nuevo ducto, y menos aún que EEUU trate de hacer que otra de las repúblicas ex soviéticas entre a la OTAN.

Antes, con mucho desagrado pero con impotencia, ha visto como todas sus antiguos dependencias o satélites de Europa del Este han acabado entrando a la OTAN o a la UE, pero no quiere que ello acontezca en otras zonas, como el Cáucaso, que es el puente entre Europa y la Mesopotamia

Actual guerra y perspectivas

Al inicio de las Juegos Olímpicos, Georgia envió a sus tropas para re-posesionarse de Osetia del Sur (entidad a la que ni si quiera reconoce como tal nombre). Así el presidente Mijail Saakashvili pretendía consumar su objetivo de intervenir en las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, aprovechándose de una coyuntura internacional favorable.

No obstante, Rusia respondió con firmeza y rapidez enviando sus tropas para “liberar” Osetia del Sur y bombardear zonas georgianas aledañas.

Ante el peligro que Rusia quisiese tomar la capital (Tiblisi) y derrocar al presidente pro-Bush, Condi Rice, les respondió que no estamos en 1968 y que Georgia no puede ser Praga. Efectivamente, no hay una paridad soviético-estadounidense, sino una clara supremacía de EEUU. Por otro lado, Georgia no está atada a Moscú tras un Pacto militar como el de Varsovia. Más bien, apunta a aliarse con Ucrania para entrar juntas a la OTAN.

Rusia no se atreve a ocupar Georgia por temor a generar una situación peor que la de Chechenia, mientras que corre el riesgo de ser expulsado del Grupo de los 8 y de que varios de sus intereses en Occidente queden congelados.

Más, tampoco puede recular por qué necesita demostrar que sigue siendo la superpotencia de la zona y que no se puede aplastar a sus aliados.

Las posibilidades de una guerra total quedan descartadas, aunque se vuelve a un escenario similar a la de la guerra fría. Esta vez no hay una contradicción entre dos sistemas antagónicos (uno basado en una economía estatizada y planifica con un partido único y otro en el capitalismo liberal), sino entre dos variantes de una economía de mercado y entre dos perspectivas geopolíticas (la de Occidente, que quiere fortalecer la influencia de EEUU y la UE en el mundo, y Rusia, que quiere bailar con su propio pañuelo en la política mundial y mantener sus propias corporaciones empresariales).

Georgia demanda entrar rápido a la OTAN y que ésta envíe allí tropas. Afirma que no quiere quedar aislada y ocupada como pasó en 1921. Por su parte Occidente no se atreve a tal medida para no provocar una mayor confrontación. Putin, por su parte, no se atreve a ocupar Georgia y lo que quiere son garantías para que no se vuelva a ocupar las republiquetas aliadas de Sud-Osetia o se intente hacerlo con Abjasia, así como crear obstáculos para que Georgia o Ucrania se sumen a la OTAN o a la UE.

La autodeterminación de las naciones seguirá siendo una bandera que Moscú y Washington usen, abusen o nieguen a su antojo. Cuando a Bush le convenga la desplegará en Kosovo, aunque la negará para los osetios y los abjases. Lo opuesto pasa con Putin.




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Opinión

»La cuestión nacional en el Cáucaso y en Georgia

»La caída del bloque soviético


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