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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Martes 26 de Agosto de 2008 - Edición 10
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Problema ambiental de Nicaragua


Sin importar por dónde o hacia dónde nos dirijamos en Nicaragua, nos encontramos con basura. Es tal el problema, mejor dicho es tan frustrante, que el otro día, conversando con los encargados del Proyecto de la Laguna de Tiscapa, de la Alcaldía, llegué a la conclusión que el problema ambiental que nos acosa es más grave que la basura visible.

Estamos siendo ahogados en basura, lo cual afecta a la población en general, sin distingos de condición económica, ya que es prácticamente imposible andar, día y noche, con máscaras protectoras, debido a que no hay rincón urbano que no esté contaminado.

Por doquiera que vamos respiramos ese polvo tóxico de los basureros o de las quemas de los mismos, que está causando estragos en la salud de la población, especialmente los niños y ancianos.

Ni siquiera los que residimos fuera del casco urbano nos salvamos, ya que persiste la dañina costumbre de pegarle fuego a la basura, y además, como no hay desagües cubiertos, todo el agua putrefacta que sale de las casas corre como pequeños e inmundos riachuelos, y para colmo, cuando llueve, las corrientes acarrean toda la inmundicia que tiran de las casas. Muchos no tienen el poder económico para comprar bolsas y receptores de basura, y mucho menos el servicio de camiones recolectores.

Por supuesto que ayudaría que las autoridades comiencen con una campaña educativa directa, que se repartan bolsas y receptores para desechos, que visiten las escuelas y que se incentiven a los niños desde el kinder a mantener sus escuelitas y sus alrededores limpios. Lo más importante es que las Alcaldías comiencen a preocuparse por proveer a los barrios de servicios de aguas negras, ya que en muchos sectores de escasos recursos ni siquiera tienen pozos sépticos, y las aguas negras corren por las calles.

Ya es tiempo que se comiencen a cubrir los cauces, tomará años pero hay que principiar algún día, ya que los cauces han sido causas de muchas muertes y son una invitación para que los irresponsables tiren toda clase de desechos. Al encasillar estos cauces, las Alcaldías, en conjunto con las Sociedades de Jardinería o los Clubes de Servicios, deberían convertirlos en jardines, ya que de lo contrario estos espacios serían invadidos con champas.

Regresando a las pobres lagunas, ¿dónde las dejamos? ¿Que sigan como pozos sépticos, o las convertimos, como la de Tiscapa, en un centro de esparcimiento y recreo municipal? La Laguna de Nejapa está rodeada de edificaciones ilegales, donde todos los desperdicios son tirados a sus laderas; y si continuamos así, en pocos años tendremos un cráter lleno de inmundicia, una cloaca gigante.

La Laguna de Xiloá está descuidada, lo cual es una lástima, ya que las lagunas, junto con el Lago de Managua, cuanto esté totalmente saneado, serán los mejores centros de recreación que podremos ofrecer a los managuas y sus visitantes.

Y volviendo al problema ambiental, que vergüenza el ver carretas de bueyes cargadas de leña traficar por las carreteras y caminos vecinales, producto de bosques destruidos. Nicaragua entera necesita urgentemente conservar la foresta, que es refugio de nuestra fauna, clave para la conservación de agua y oxígeno para nuestras ciudades.

Los mercados y los cauces son los principales focos de nuestro problema ambiental, y si a esto le agregamos los proyectos de los “desarrollistas” de poblar, los pocos cerros (Mokorón y Jocote Dulce) que nos quedan con pocos árboles en los alrededores de nuestra capital súper poblada, la situación es alarmante. Ya es hora que hagamos algo, y ese comienzo sería que las Alcaldías (Managua, Ciudad Sandino y El Crucero), asesoradas por los organismos encargados de conservar el ambiente, sin esperar cambios de administración, comiencen a poner en orden los “mercados”, hagan cumplir los códigos de desarrollo urbano, inicien el recubrimiento de los “cauces”, y que no bajen la guardia en la protección de la foresta que todavía nos queda.

Decía un viejo tío, de esos que todos tenemos, que todo en la vida es cuestión de medida, ya que los abusos son los que destruyen. Ayer que visitamos el vergonzoso y espeluznante Mercado Oriental, el cual les invito a visitar, pudimos cerciorarnos del infortunio en que viven sus comerciantes, ya que pasar doce horas en ese hacinamiento de artículos, motores eléctricos lanzando humo contaminante, apelmazados entre seres humanos sudorosos y sofocados, es mortal. No son ellos los culpables, son los intendentes ambiciosos e irresponsables y los alcaldes que se lo permiten. Hasta el 2 de septiembre.




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