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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 31 de Agosto de 2008 - Edición 10
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Todavía somos el país más seguro de CA, pero cifras empiezan a preocupar

Pobreza, delincuencia y nuestra Policía

Por años se ha repetido dentro y fuera de nuestras fronteras que Nicaragua es uno de los países más seguros de Centroamérica. La Policía Nacional así lo sostiene. Estudios nacionales e internacionales así lo reiteran, pero como una nube negra sobre el cielo, un aire de inseguridad viene creciendo silenciosamente. Cifras de encuestas reflejan un temor creciente a la delincuencia y voces que analizan el fenómeno no tienen la certeza total de que podamos mantener esa misma seguridad.


El miedo, esa fría sensación que contrae el estómago como si se llenara y vaciara de aire gélido y que agita los nervios hasta provocar temblores, llega por muchas vías en estos días de comunicaciones masivas.

El miedo puede llegar por medio de una plática directa. También a través de un mensaje de texto al teléfono celular; por correo electrónico masivo con historias de terror que le ocurrieron a un amigo de otro amigo; por imágenes de televisión más a menudo con escenas de sangre y duelo, y lo peor es cuando llega por la presencia directa de un delito cometido cerca de nosotros, o para tragedia, cuando nos ocurre a nosotros mismos.

A Francisca Yolanda Solís no le pueden contar de miedo. Ya vivió el suyo y se le impregnó tan profundo en su sangre que posiblemente tarde más tiempo en desaparecer el recuerdo amargo del asalto, que las cicatrices de violencia que la delincuencia le marcó en todo el cuerpo.

Ella, de 27 años y antes del suceso una mujer confiada, fue asaltada y golpeada dentro de un taxi, donde un joven que hacía de pasajero y el conductor del vehículo la aturdieron a puñetazos y garrotazos antes de arrebatarle su bolso. Luego la empujaron del carro en marcha y la dejaron tendida, e inconsciente, en plena vía pública de Managua.

Una encuesta reveladora

Su historia, una más de las tantas y tantas que se cuentan a diario en Managua; y que se oyen ya como cosa común en los noticieros radiales y en los programas de nota roja de la televisión, se conoció el mismo día que el periodista Carlos Fernando Chamorro daba a conocer en su programa televisivo Esta Noche, una encuesta de la firma M y R sobre la inseguridad ciudadana en el país.

Dicho estudio, realizado en junio entre 800 personas de Managua, señalaba que el 48 por ciento de la población considera que en comparación al año pasado, los niveles de seguridad en el municipio estaban peores. Un 21% decía que estaba mejor y un 29.3 por ciento respondía que estaba igual que en 2007.

El mismo estudio citó que un 54 por ciento de personas entrevistadas conocía a alguna persona o familiar que había sido víctima de un asalto, robo o agresión en los últimos seis meses y otro 44.1 por ciento aseguraba no conocer a ninguna persona víctima de la delincuencia.

A pesar de ello, el 56 por ciento de los entrevistados seguía calificando la capacidad y eficiencia policial para prevenir y combatir el delito como muy buena, y buena, contra un 43 por ciento que la calificaba de mala y pésima.

El estudio en cuestión coincide con otra investigación realizada por el Consejo Nacional de Seguridad Pública de El Salvador (junio 2008), donde se ubica a Nicaragua como un fenómeno especial: el país más pobre del Triángulo Norte de Centroamérica es el más seguro junto al país más rico del istmo, Costa Rica.

Si bien dos expertos, y la Policía Nacional misma consideran que las cifras de criminalidad y homicidios siguen siendo irrefutablemente más bajas en Nicaragua en comparación con El Salvador, Honduras y Guatemala, cada vez aumenta una percepción de que en el país va creciendo, junto a la pobreza, la delincuencia, y con ella la inseguridad ciudadana.

IEEP: “50 % verdad, 50 % mito”

Veamos por qué. Para Javier Meléndez, Director Ejecutivo del Instituto de Estudios y Estrategias de Políticas Públicas (Ieepp), el tema del país más seguro de
Centroamérica “tiene 50% de verdad y 50% de mito”.

“Nicaragua es en efecto un país más seguro que Guatemala, El Salvador y Honduras. Pero Costa Rica y Panamá presentan estadísticas de violencia y criminalidad más bajas que nosotros”, dice.

Meléndez reconoce que, desde luego, el que en un país con los índices de pobreza como el nuestro (47 por ciento de la población en estado de pobreza) mantenga una tasa de homicidios de menos de la mitad de Honduras, El Salvador y Guatemala, y sólo levemente superior que Costa Rica y Panamá, “es un fenómeno que entre otras cosas refuta aquellas tesis que asocian con más inseguridad, condiciones de más pobreza”.

Sin embargo, para el director del Ieepp hay un sub-registro de delitos dramático que impide conocer a fondo la verdadera realidad del crimen común en Nicaragua.

Meléndez basó sus juicios en varios monitoreos independientes realizados por el Ieepp a las estadísticas oficiales de la Policía Nacional, y en el reporte sobre Seguridad en Centroamérica, Costa Rica, Panamá y República Dominicana.

Dicho estudio fue presentado en Washington DC en agosto de 2007, durante el congreso denominado Impacto de la Inseguridad Ciudadana en la Gobernabilidad Democrática en México, América Central y el Caribe, auspiciado por el Departamento de Gobernabilidad Democrática y Misiones Especiales de Estados Unidos, con anuencia de la OEA.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), un índice “normal” de criminalidad es el que se ubica entre 0 y 5 homicidios por cada 100 mil habitantes por año.

Este nivel de criminalidad puede ser tratado con los mecanismos convencionales. Cuando el índice de homicidios excede de 10, una sociedad se enfrenta a un cuadro de criminalidad “epidémica”, la cual ya no puede ser tratada por las vías convencionales. Ésta es la situación de los países centroamericanos, con excepción de Costa Rica
Guatemala tiene 45.2 homicidios por cada 100 mil personas, El Salvador anda por el 67.8, Nicaragua con 12.5, Honduras 42.9, Panamá 11.3 y Costa Rica 7.7.


“Cifras varían hacia arriba”, confirma Bautista Lara
¿Cómo diablos un país tan pobre como Nicaragua, con el menor presupuesto destinado a seguridad y con el cuerpo policial más pequeño de la región, puede ser el más seguro detrás de Costa Rica y Panamá?
El comisionado general en retiro Francisco Javier Bautista Lara, ex subdirector general de la Policía Nacional, confirma y comparte la tesis sobre la seguridad ciudadana de Nicaragua y la achaca a varios factores: la integración comunitaria en la solución de conflictos, el poco flujo de nicaragüenses deportados de Estados Unidos que sirvieron de semilla a las maras en el istmo, la campaña preventiva del delito y la promoción de valores humanos desde la Policía Nacional a jóvenes en riesgo, y otros factores.

Por todo ello, y a pesar de la pobreza, el país mantiene un bajo nivel de violencia criminal que, sin embargo, va creciendo cada año y provocando daños económicos apenas perceptibles.

En nuestro país, los resultados alertan que casi 10 de cada 100 córdobas producidos en Nicaragua en 2006 han sido absorbidos por la violencia criminal, la inseguridad y sus consecuencias inmediatas, observa Bautista Lara.

“En el país la tendencia de la violencia criminal y la inseguridad ciudadana es creciente; se ha pasado en seis años de nueve homicidios por 100 mil habitantes a 13. En 10 años la denuncia pasó de 11 por 10 mil, a 23 por 10 mil habitantes, solamente el 20% de ese crecimiento se explica por reducción de la cifra oscura”, dice, en alusión al posible sub-registro de denuncias ante las estaciones policiales.

De acuerdo con el experto ex policía y ahora consultor internacional en la materia, tanto en Nicaragua como en América Latina en general, hay un fenómeno del crecimiento de la percepción de mayor inseguridad ciudadana y una baja de “operatividad” y “efectividad policial” que, a la larga, es relativa al aumento de denuncias y a la extensión de los servicios policiales a más lugares.

“En Nicaragua, la operatividad o efectividad policial entre 2006 y 2007 bajó en --11% en los delitos en general. La Policía conoció de 10.6% más casos en 2007 que en 2006. Tradicionalmente el “esclarecimiento” de delitos contra la propiedad ha sido menor que el de delitos contra la vida”, dijo.

Esas cifras del país, comparadas con otros países como Guatemala, El Salvador y Honduras, sobre la tasa de esclarecimiento de los delitos de homicidio es buena, mayor del cincuenta por ciento, “pero lamentablemente se muestra descendente en 3.5% en 2007 con respecto al año anterior. El esclarecimiento de los delitos en general en España y El Salvador oscila entre el 24 y el 26%”.

“Durante la última década, en toda América Latina (excepto raras excepciones) ha habido un incremento sostenido de los hechos delictivos y de la percepción de inseguridad, ha bajado la tasa de “esclarecimiento o eficacia policial”, se ha deteriorado la confianza en las instituciones encargadas y la demanda de “respuesta” ha “subido de tono, convirtiéndose en uno de los nuevos objetivos que promueven las reformas policiales y la seguridad pública”, citó.


Comisionado Adolfo Marenco, segundo Jefe de la Policía de Managua
“No es lo mismo percepción que realidad”
El comisionado Adolfo Marenco, segundo jefe de la Policía de Managua, sostiene la tesis de Nicaragua como país seguro, y la refuerza con la vocación, el valor y el sacrificio que a su juicio mantiene la Policía Nacional, a pesar de sus limitados recursos económicos y técnicos.

“Sin esa vocación de sacrificio de los miembros de la Policía Nacional, esa condición de seguridad ciudadana no podría existir”, advierte, al tiempo que agradece la participación ciudadana y las acciones cívicas comunitarias como parte del fenómeno que nos achaca la mayor seguridad del istmo.

Para el jefe policial no hay dudas de que somos uno de los países más pobres del mundo, a como tampoco hay dudas de que hay un crecimiento de las denuncias de delitos y, por lo tanto, un incremento de la percepción de inseguridad ciudadana.

“Lo que pasa es que hay diferencia entre lo que es la percepción y la realidad. Muchas veces un solo hecho te genera una percepción de inseguridad enorme, se da un hecho de connotación y con el desarrollo que han tenido las comunicaciones en el mundo, vos en el tiempo real estás viendo lo que está ocurriendo y la información vuela a mayor velocidad”, explica Marenco, agregando que la suma de cifras se debe, entre otras cosas, al aumento de la cobertura policial.

“Ahorita, en el primer semestre de 2008, la ocurrencia delictiva presenta entre un 12 y 14 por ciento de incremento, que es lo tolerable, pero que además tiene sus razones”, dice, antes de citar las causas que a su criterio inciden en esa alza de datos.

“Se han ampliado los servicios de la Policía con la apertura de más comisarías de la mujer y la niñez, con 33 cuando antes existían 12; hay 19 nuevas unidades municipales en lugares recónditos”, indicó.

“No hay más delitos, es que hay más cobertura”
“Se están construyendo tres nuevas estaciones policiales en Managua y en el caso de la capital, con la apertura de un centro de emergencia policial con capacidad para atender más llamadas, y tener más medios automotores (100 por ciento más que el año pasado y 200 veces más que el anterior) podemos decir que con ese leve incremento puede ser que no estén ocurriendo más delitos, sino que estamos llegando a más lugares”, justifica.

Sobre el sub-registro de denuncias de delitos, aunque no hay cifras oscuras exactas dijo que la pueden medir conforme van ampliando los servicios y la cobertura, y van recogiendo datos que antes no se obtenían.

“Se dice que las cifras negras, a nivel internacional, en América Latina, y no precisamente en Nicaragua, indican que por cada 10 denuncias, 3 ó 4 no se registran”, advierte.

Y prosigue: “Pero en Nicaragua puede que varíe, porque en otros países se oculta información por falta de confianza en las fuerzas policiales, lo cual no es el caso de Nicaragua donde más del 60 por ciento de la ciudadanía confía en la institución policial”, señala, y se queja de que posiblemente esa percepción ocurra en personas no informadas sobre la condición de la Policía.

La Policía de Nicaragua cuenta con el menor presupuesto de los cuerpos de seguridad de la región, con los menores salarios y con la menor cantidad de recursos técnicos y medios y aún así, por años, sigue figurando en el istmo como el país más seguro.




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