La Paz Centro un 15 de septiembre
Edward Salazar Cruz Alexis de Tocqueville (1856) escribió:
“Los males que son soportados con paciencia,
cuando parecen inevitables se vuelven intolerables
una vez que es sugerida la idea de escapar de ellos”.
La Paz Centro es un municipio de León. Se encuentra a 56 kilómetros de Managua y fue fundado hace 398 años, en enero de 1610. Hasta el año 2000, contaba con una población de 36,410 habitantes en un territorio de 606 Km2. Es un municipio que celebra a San Nicolás de Tolentino y cuenta con bellezas artesanales en cerámica, la tierra de Aguas Calientes, El Volcán Momotombo, El balneario del Río Tamarindo, Las Ruinas de León Viejo, los baños termales, la isla de Momotombito y Monte Galán, en la Cordillera de los Maribios.
En su perfil histórico La Paz Centro cuenta con tres fechas importantes: la primera es 1610, año en que el pueblo fue fundado por una población inmigrante de la ciudad de León Viejo, en el contexto de la erupción del Volcán Momotombo. La segunda corresponde a 1869, cuando el Congreso Nacional le puso el nombre de Villa de la Paz, por haberse firmado ahí un Protocolo de Paz entre el Presidente Fernando Guzmán y el Lic. Francisco Zamora para poner fin a la guerra civil de ese año. Y la última es 1903, cuando se construyó el ferrocarril La Paz Centro – Momotombo – Matagalpa, convirtiendo el lugar en un importante punto de tránsito.
Este 15 de septiembre de 2008, La Paz Centro nos impresionó con el amotinamiento de su población y con el incendio de la delegación de la Policía Nacional, producto de que el pueblo demandaba justicia por el asesinato de una criatura a manos de oficiales de la estación. ¿Qué esperar? ¿Sería una actuación de la Policía Nacional en el marco del respeto a los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos, el Nuevo Código Procesal Penal y los principios del Nuevo Código Penal? Lo que haga la Policía a todos nos atañe. La Constitución Política, en el artículo 97, establece que la Policía Nacional tiene por misión: “...garantizar el orden interno, la seguridad ciudadana, la prevención y persecución del delito y las demás que señale la ley”.-
Más allá de la visión jurídica y legal, nos preguntamos: ¿Cómo valorar el amotinamiento en La Paz Centro desde una visión más compresiva psicológica y socialmente? El amotinamiento es violencia multitudinaria y en ella convergen factores irracionales, caóticos y emocionales, además de que hay un desafío basado en las injusticias reales.
El gran maestro de la Psicología de las Multitudes, Gustavo Le Bon (1895/1960), apuntó que las multitudes heterogéneas anónimas actúan bajo un poderos impulso de deber y con facilidad se convierten en “muchedumbres legalmente criminales, pero no psicológicamente”. Una multitud que demanda justicia puede actuar en la doble función de juez y ejecutor. Y en estos casos, apunta Le Bon: “Los crímenes de la multitud tienen generalmente por móvil una sugestión poderosa y los individuos que en ellos toman parte se persuaden bien pronto de que han obedecido a un deber, y de que no son criminales ordinarios”. La sugestión y el contagio son poderosos incentivos para ver una multitud enojada capaz no sólo de destruir cosas, sino de acabar con vidas.
Herbert Blumer (1939) consideraba que la reacción circular es la que explica porqué una multitud se vuelve violenta. Todo comienza con un evento excitador (la muerte del niño), luego la atención y las emociones se concentran en un solo objeto (la Policía), así los individuos actúan, los procesos del pensamiento se rompen, las emociones sustituyen a las ideas y la violencia se extiende como una enfermedad contagiosa (la destrucción de las instalaciones de la Policía).
Por su parte, Neil Smelser (1963) señaló que las condiciones mínimas para que haya un rompimiento o corto circuito del orden social, lo primero es que el ambiente debe invitar o impulsar a las personas a desviarse de la conducta rutinaria. Lo segundo es que la tensión se desarrolla cuando las personas sienten una amenazada inmediata y saben que la situación se está saliendo de control. También se sienten inútiles de hacer algo y pronto se riega la creencia generalizada acerca de quién o qué los está amenazando. Se da un acontecimiento dramático que confirma los temores y sospechas de las personas. Luego viene la movilización y si alguien no es capaz de corregir la información equivocada se da el rompimiento del control social.
Lo acontecido en La Paz Centro fue una conducta colectiva emocional. La gente actuó sin pensar, estaba muy molesta. Y cuando estas cosas pasan, pensadores como Richard J. Gelles y Ann Levine nos invitan a ver en ello un “...síntoma de que algo se ha estropeado en el sistema social, que las formas ordinarias de arreglar las cosas y los métodos usuales de control social no están funcionando, que las personas se están comportando de manera irracional”. Y que “la multitud reacciona con frustración ante el fracaso de los procedimientos tradicionales para resolver los problemas”.-
Lo de la Paz Centro fue profecía.
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