sep 27, 2008
Poesía
Nombr(es)NADA
Alejandra Sequeira (1982)
Cuántas Alejandras
contempladas
ahorcadas
desnudas
en la noche.
Mis nombres, cuántos
asfixiados por la oquedad
de la existencia.
Ah, muerte lila,
no pronunciés mis nombres,
te lo he dicho,
pues tengo miedo de no saber llamar
lo que hay en ellos,
lo que no existe.
Deja la puerta abierta
A Claribel Alegría, Su Majestad
Francisco Ruiz Udiel (1977)
Deja la puerta abierta.
Que tus palabras entren
como un arco tejido por cipreses,
un poco más livianos
que la ineludible vida.
Lejos está el puerto
donde los barcos de ébano
reposan con tristeza.
Poco me importa llegar a ellos,
pues largo es el abrazo con la noche
y corta la esperanza con la tierra.
Donde quiera que vaya
el mar me arroja a cualquier parte,
otro amanecer donde la imaginación
ya no puede convertir el lodo
en vasijas para almacenar recuerdos.
Me canso, de despertar,
la luz me hiere cuando ver no quiero,
el viaje a Ítaca nada me ofrece.
Si hubiera al menos un poco de vino
para embriagar los días que nos quedan
embriagar los días que nos quedan
que nos quedan.
Carta de una náufraga
Andira Watson (1977)
Desde este escondrijo del mundo
alimentada por la paz
pido
a quien reciba este mensaje
que avise
que inequívocamente una mujer ha escapado
sin horas ni puntos cardinales
ni principio ni fin
por no tener que dar más explicaciones.
Ha huido de los divorcios
-y del suicidio-
por no tener noches de angustia
con vaivenes de parto.
Ha escapado de la fidelidad eterna
porque reconoce que es de barro desde el Génesis
dice que no quiere soñarse nada que no es;
por eso
pide
que digan por ahí a quien pregunte
que una náufraga está perdida
sola y sin repuestas
pero clara y libre
en alguna isla.
INTENTÉ VIVIR
Jazmina Caballero (1977)
Intenté vivir como se vive
aún en la enfermedad de los humanos
vistiendo las razones para obviar las mordazas
porque muchas veces padecí risas
inclinada por el desnudo, los murciélagos
las pupilas que tiemblan
descubriendo que Dios nos da la vida
el estupro, las arrugas
el látigo que se fructifica en consolar.
Intenté ser decente
conspirando, sonámbula
volviéndome al padre
agradecida de la mortalidad
volviéndome ciega:
Los afligidos, los prostíbulos
los abnegados de la palabra.
Intenté honrar a mi padre y a mi madre
y se oscureció
hubo día y noche
paz y guerra
paraíso para pobres
paraíso para ricos
y un infierno que reencarna
en cada niño que al nacer
encuentra su mortaja.
Todo basta en esta espera de lodo
el vértigo, la impaciencia
basta caerse desaliñada
en este mundo de guerras
en este crimen obstinado
en este despertar de gusanos
crucificados con la resurrección parásita.
Nosotros los llamados a esta tierra
los vándalos: asesinen, roben, denigren
vuélvanse en sí, aduladores, mezquinos
deshonren a sus padres, mientan
codicien la mujer del prójimo
lleven en sus corazones al demonio
que somos la verdad de la mentira
repartamos el pan de cada día.
Es tiempo de buscar las flores preferidas
los ataúdes, la tierra
es tiempo de enterrarlo todo
todo terminó
una enfermedad incurable sería benigna
todo será extravagante: el duelo
la soledad, las condolencias
todo será obsesivo
arrancando la piel añadida
deshaciéndonos el uno del otro
aprenderemos a olvidar, quizás a odiar
y elegiremos la última sonrisa
porque ya sabemos de qué moriremos.
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