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oct 2, 2008

La Novia de Tola

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Ocurre por 1870. La pareja de enamorados: Salvador Cruz, un jovenazo simpático, rico, parrandero y mujeriego, le propone matrimonio a Hilaria Ruiz, una jovencita muy bonita, dulce e inocente.

Al parecer ellos estaban locamente enamorados, o por lo menos eso aparentaban.

De Salvador, sin embargo, se sabe que parecía ya cansado de tanto mujerear, y en sus casi treinta primaveras conquista a Hilaria, muy ingenua, quien estaba advertida por todos sus amigos y familiares de no casarse con semejante bandido.

Un pariente de Hilaria, en Belén, en donde estaba ubicada la parroquia más cercana, ofrece su casa para la fiesta de la boda. Ese día, muy de madrugada, se prendieron todos los candiles de la casa y el olor a cafecito madrugador reunía a la parentela a cargo de realizar los preparativos.

El silencio de la noche se interrumpió y se escuchaban los primeros crujidos de leña prendida en aquel fogón de piedra… nacatamales y chicha aguardaban a los invitados a la gran boda.

En todo el pueblo se escuchaba la bulla y alegría del acontecimiento, que ya era la novedad.

La mamita Juana compartía con la parentela historias de antiguos casamientos: las historias felices de las bodas famosas de aquella parroquia, en Belén.

Salvador Cruz, por el otro lado, había pasado la noche en Tola, y como a las once del día se dirige hacia Belén... pero en el camino se da un resbalón por el estanco del Río de Tola, en donde vivía su famosa Juana Gazo.

Juana sabía que todo estaba terminado con su amante, y pretendiendo aceptar la realidad del matrimonio ofrece que para despedirse brinden por el futuro de la pareja.

Salvador, parrandero, ni corto ni perezoso, le entra al guarón y se emborracha en los brazos de Juana, una vez más.

Mientras, en Belén, en el altar de la Iglesia, Hilaria lloraba profundamente con desconsuelo.

La familia, sus invitados y el pueblo, presenciaban con tremenda tristeza esta tragedia al final.

Desde entonces nació la leyenda de “La novia de Tola”, que sacó del anonimato a este municipio y dio a nuestro lenguaje un dicho que ahora se utiliza mucho cuando alguien se queda esperando a otra persona y ésta no da señales de vida, por lo que bien le cae aquello de “Te dejaron esperando como la novia de Tola”.



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