oct 4, 2008
La Trilogía Rubendariana de Alcalá
Pablo Kraudy
Una edición no muy cuidada y menos seria de lo que pretende su objetivo esencial (“responder a las exigencias de la más solvente edición científica en la fijación del texto”, apunta el Editor, Antonio Alvar Ezquerra, en su nota) es la presentada recientemente en la UNAN-León: Azul…, Prosas Profanas y Cantos de vida y esperanza (Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2008; 585 p.).
El hermoso volumen lo inicia un extenso estudio del venerable dariano doctor Edgardo Buitrago (108 p.), que consta de ocho apartados: I. El autor y la crítica; II. Primera etapa: La iniciación; III. Segunda etapa: Búsqueda, experimentación y liderazgo; IV. Tercera etapa: la culminación; V. De nuevo la “Comunidad Universal”; VI. De visita en Nicaragua; VII. El Canto Errante y VIII. Muerte de Darío. Síntesis de la trayectoria biográfica del poeta, al mismo tiempo que valoración atinada de sus obras básicas, dicho estudio ya lo había publicado su autor en el volumen Poesía de Hispamer (2007).
El descuido que se advierte en múltiples páginas, comenzando con la primera y la segunda, no numeradas, de la nota de cinco párrafos del Editor: más (con un espacio chintano entre la /a/ y la /s/) y Canto Errante, sin el artículo EL, de acuerdo con el título completo de ese poemario. Continúa en las páginas 32: “la Habana” (en vez de La Habana), pp. 41 y 42: “Jaime Freyre” en lugar de Jaimes Freyre, ambos apellidos; p. 43: “Oda a Roosevelt” (por oda “A Roosevelt”); p. 46: “El chorro de la fuente” (por “Del chorro de la fuente”), p. 55: “reino” de España (por Reino); p. 65 que duplica la 63, quedando la exposición trunca, es decir, sin hilación; p. 99: “Viaje a Nicaragua”, otro título incompleto, sin el artículo El.
Otras tres imprecisiones se localizan en la p. 275: “la tribu toltecla” por tolteca (que, por cierto, es una cultura, no una simple tribu); en la p. 467: “Posidón” en vez de Poseidón y en la p. 569: “Y” (mayúscula en lugar de minúscula). En todo caso, las anteriores grafías no son sino peccata minuta. Lo grave de esta trilogía es que, según su ficha catalógrafica, constituye el volumen 1 de la serie UAH de Ediciones críticas, lo cual resulta una falacia. Porque solo Ricardo Llopesa, el dariísta masaya-valenciano y director del Instituto de Estudios Modernistas -de los tres responsables de las introducciones, textos y comentarios- cotejó las ediciones en vida de Darío del libro que le correspondió trabajar: Azul…, basándose en la tercera y definitiva de 1905.
El catedrático e investigador de Alcalá, Pedro Carrero Eras, y el miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua y segunda Presidenta del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, Nydia Palacios, prescinden de las primeras ediciones de Prosas profanas y otros poemas (1896, 1901) y Cantos de vida y esperanza. Los Cisnes y otros poemas (1905), respectivamente. El primero tuvo en cuenta las ediciones de Zuleta (1987), Jiménez (1992) y Llopesa (1998), pero no la más aquilatada de Prosas Profanas: la de Pedro Luis Barcia (Buenos Aires, Embajada de Nicaragua, 1996); de ahí que haya ignorado la primera publicación del soneto “Ite, missa est”: Colombia, revista dirigida por Alejandro Carbó y Augusto Bunge, Buenos Aires, no. 3, 1895. Con todo, la introducción del estudioso complutense está a la altura de la de Llopesa, al igual con sus comentarios de cada pieza poemática, es decir: cumplen cabalmente con situar cada obra en su contexto histórico y analizar sus contenidos.
No puede decirse lo mismo de la introducción de Palacios, mucho más breve y prácticamente escolar, a Canto de vida y esperanza. Eso sí: Nydia es la única que ofrece una bibliografía de obras consultadas: 24; pero a la edición de Maraso le asigna dos años distintos: 1963 (p. 439) y 1973 (p. 340), siendo correcta la primera. Asimismo, afirma que la Edición del Centenario de Cantos de vida y esperanza (Managua, Instituto Nicaragüense de Cultura, 2005) fue la primera obra indispensable en cotejar.
Lamentablemente, ese cotejo no fue feliz, pues arrastra alteraciones que los editores Arellano y Kraudy logramos restaurar; de todas ellas, citaré dos: “¡Oh, suaves campanas…”en vez de su original: “¡Oh, suaves campanadas entre la madrugada!”; y el verso 55 de “Canción de otoño en primavera”: “si no pretexto (sic) de mis rimas”, en vez de: “si no pretextos…”. Mas no sólo Nydia Palacios comete fallas. Otras minucias menores, pero erróneas, suponen al amigo cubano de Darío en Nicaragua, Desiderio Fajardo Ortiz, como nicaragüense (p. 46); o atribuyen el año de la redacción de “Historia de mis libros” a 1909 (p. 5), siendo 1913; o afirman que Rodó rompió definitivamente su amistad con Darío en 1901, cuando en realidad al final se reconciliaron intercambiando correspondencia. O españolizan nombres propios en francés como Henry Murger (1822-1861) por Enrique Murguer (p. 117).
Un completo índice onomástico cierra este volumen que no supera sus antecedentes inmediatos: las ediciones de Azul…(1964) y Prosas profanas (1998) de Barcia y las de Cantos de vida y esperanza (2004) de Rocío Oviedo Pérez de Tudela, y de Jorge Eduardo Arellano y Pablo Kraudy (2005), verdaderamente crítica. La trilogía de Alcalá no alcanza ese nivel científico y –reitero- no fue suficientemente seria como esperaban los integrantes de su entusiasta equipo, dentro del cual es justo destacar la revisión, corrección y maquetación –diseño para nosotros- de Pilar Barbeiro. Pero ojalá puedan enriquecer su notable esfuerzo de difusión editando la segunda trilogía de nuestro gran poeta: El Canto Errante (1907), Poema del Otoño (1910) y Canto a la Argentina y otros poemas (1914).
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