De Mario Mejía Álvarez Carta pública a Dr. Julio Centeno
Admiro y soy consecuente con causas, programas y acciones, nunca por las personas.
Te conocí sirviéndole al somocismo, y me consta tu rectificación.
Hace casi cuarenta años, en 1969, por audacia de tu sobrino César, la casa de tu padre Don Julio, en Planes de Altamira, donde vivían tus hermanos, Doña Carmen y Hugo, recibió clandestino al único miembro de la Dirección Nacional del FSLN que permanecía en el país: Oscar Turcios.
Supe después que nadie se tragó el cuento de que era un maestro brasileño.
Supe también que toda la familia, incluyéndote a ti, se consultaron qué debían hacer. Y decidieron mantener la protección y apoyar a César, y en consecuencia al FSLN.
Recuerdo a Don Julio abriéndonos el acceso de los dos portones del garaje, a las entradas del dirigente.
En pasado reciente, de manera furibunda, te observé defendiendo la corrupción del gobierno de Alemán. Deduje que razones muy personales te obligaban a ello, y consideré que no manchaba aún tu rectificación citada.
Ahora, como abogado en relación con las leyes, sabes que no se aplica el dicho de que la “Guardia lee como quiere”.
Como Fiscal de la Nación, ante la Constitución y las leyes, eres el único responsable de los atropellos a las leyes originados desde la institución que diriges.
Estoy seguro de que estás claro de que delegaste tus funciones para atropellar derechos ciudadanos en el caso de la investigación a organismos de la sociedad civil. Y tus declaraciones nada claras sobre el tema lo confirman.
Debes responder, entre otras cosas ocurridas, citando las más ilegalidades relevantes, sobre el abuso y extralimitación de funciones de tus fiscales, al atribuirse funciones de examinar documentos privados y libros contables que la Constitución dispone que la Ley fijará SÓLO en ASUNTOS SOMETIDOS AL CONOCIMIENTO DE LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA (Arto. 26 Cn.). Ninguna ley es aplicable cuando contradice precepto constitucional.
Debes responder cuando tus fiscales subordinados, atropellando derechos ciudadanos, la Constitución y las leyes, se extralimitan en sus atribuciones cuando ejecutan otros actos que no están establecidos en la orden judicial que ejecutan, secuestrando computadoras y no limitándose a lo que ordena el mandato judicial.
Por tu honra, por tu familia y por los que siempre te tuvimos como ejemplar jurista; en uso de tus facultades que tienes por la Constitución y las leyes, ante la premisa de los prolegómenos del Derecho, de que los actos ejecutados contra leyes preceptivas son de ningún valor, y por consiguiente constituyen abuso de poder; espero tu rectificación de nuevo, por lo que debes resarcir los derechos ciudadanos atropellados y subsanar semejante quebrantamiento al orden jurídico establecido.
En otro caso, retomando lo relacionado al inicio de esta nota, como dice mi nieto Javier Ignacio, “todos los días cambian”. Y espero no sea tu caso.
Con respeto.
Mario Mejía Álvarez
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