oct 23, 2008
Tradiciones espectrales y carnavalescas
Los Ahuizotes Velia Agurcia
La noche es oscura. La única luz es la del fuego que se posa sobre los candiles de las calles de Monimbó. Todo se ve tenebroso y los espantos andan sueltos. Es el último viernes de octubre y la sangre, la música fúnebre y de chicheros, El Cadejo, La Taconuda, Las Calaveras y El Padre sin Cabeza desfilan por las calles del barrio indígena de Masaya.
Por tradición la procesión de los ahuizotes se realiza en la víspera del día de Santos y de Muertos. Según el diccionario de la Lengua Nahualt “ahuizotl” -o ahuizote, como le llamamos comúnmente- es un cuadrúpedo anfibio de tierras cálidas. Sin embargo, para el escritor de origen masayense Julio Valle Castillo, el ahuizote es el miedo. El espanto que respeta y a la vez se burla de la propia muerte. “No es nada más que el miedo que teníamos los indios de antaño y de ahora a la muerte”, reitera el escritor.
“Eso tiene milenios, no es cuestión de que un grupo dijo hace cuarenta años, vamos a sacar a los ahuizotes. Los ahuizotes han salido siempre”, dice Valle Castillo. Son una forma de burlar y espantar la muerte, por eso se baila el viernes antes del dos de noviembre y las multitudes van a ver a los muertos.
“Esta tradición es la expresión del miedo de la colectividad de la gente de Masaya, con respecto a la muerte”.
Una peculiaridad de esta celebración es que de acuerdo con el poema de Julio Valle Castillo “Discurso del pajaritero sobre el baile de los Ahuizotes”, de su libro “Lienzo del Pajaritero” es la connotación sagrada que se le daba a la muerte de los ahogados en la laguna de Nindirí y Masaya. En él, el autor explica perfectamente lo qué es esta caravana de espantos fúnebres que se contradicen entre la burla, la alegría y el temor.
“Todos los seres humanos presentimos la muerte, sabemos que algún día vamos a morir. Los ahuizotes son eso un repelo, un escalofrío, un eco vago”, como recita en su poema dedicado a esta fiesta que mezcla la cultura Nahualt y chorotega. La procesiónEs una procesión burlesca, carnavalesca. La gente se disfraza de muertos, se ponen hasta tacos de algodón en los oídos, se pintan los rostros, se visten de calaveras, y desfilan desde la calle principal de Monimbó hasta el cementerio. Los espantos caminan por las calles del pueblo iluminados por candiles, para hacerlo “más espectral”, dice Valle Castillo. Van al panteón a la medianoche y llaman a los muertos por su nombre, pegan gritos y se emborrachan con chicha de maíz.
“A mí me parece que los ahuizotes son una de las expresiones populares más grandes de nuestro país, no solamente desde el punto de vista de la procesión, sino todas las características que engloba esta fiesta”, dice Roberto Sánchez, historiador y director de Patrimonio Cultural de la Alcaldía de Managua.
Es una expresión popular que según Sánchez, porque a nadie se le paga por llegar o se le da el disfraz para la noche del desfile.
Además, no es un asunto de edades, pues participan en esta procesión desde niños hasta ancianos que esperan cada año, el último viernes de octubre para disfrazarse de espantos, tomar chicha de maíz y burlarse de la muerte.
Esto último, dice el escritor, tiene una gran importancia, no sólo por su connotación sagrada, ya que está hecha de maíz y se nos considera como hijos de ese grano dorado, sino también porque alegra la fiesta y ayuda a que el cuerpo aguante la noche.Ahuizotes vs. HalloweenPara Valle Castillo, la presencia de algunos disfraces o máscaras referidas a Halloween es un problema inevitable. Como no estudiamos, no hay trabajo de mesa, ni investigaciones antropológicas, se disfrazan de lo que hayan, y ahora las máscaras de muertos son de plástico, son más baratas que las tradicionales máscaras de madera y jícara, las compran hechas. Es parte de la penetración norteamericana en la cultura de nuestros países, pero la fiesta de la muerte de nosotros los chorotegas, los nahuatl, los indios de Mesoamérica, no tiene nada que ver”, dice un poco eufórico el escritor.
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