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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 25 de Octubre de 2008
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Nuevo Amanecer
oct 25, 2008

El recuerdo de Managua en la memoria de un poblano

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Este libro se insinuó como las vivencias y testimonios de un joven provinciano en la Managua de mediados del siglo pasado, ya que daba algunas señales de modernidad. En realidad, se tradujo en una obra de tal trascendencia, que sin ninguna duda se trata de la elaboración del texto más acucioso, integral y ameno que se ha escrito sobre la historia de la capital de Nicaragua. No podía ser de otra manera si salía de la creatividad, estilo, prosa y rigor editorial para contextualizar, de Roberto Sánchez Ramírez.

Roberto, el que quiso ser misionero en Europa, el estudiante de Derecho en la UCA, el que amaneció con sus sandalias en la Cruz Roja la madrugada del 23 de diciembre de 1972 llenando el vacío que los directivos dejaron en la estampida telúrica, el que sembró la bandera de Nicaragua en los cayos que Colombia nos quiere arrebatar, ese Roberto, el de muchas cosas nobles más, se convirtió en la madurez, en una síntesis de explosiva productividad y originalidad para el rescate histórico y la recreatividad cultural, siendo de esto último Managua la más afortunada, pues es la que ha sido objeto de sus mayores atenciones.

Me ha tocado ser testigo de la evolución de Roberto Sánchez Ramírez en el camino de perfeccionar la crónica como género periodístico, despuntando en Semana, de La Prensa, y más tarde en el cuerpo de redactores de la entonces Biblia del periodismo nacional.

No completaría un perfil más certero del quehacer con las letras y el espíritu de Roberto, si no recordara cómo unía su iniciativa y su intensa dedicación con proyectos como el parque del Volcán Santiago o la ya mencionada expedición a la Costa Caribe para sembrar el azul y blanco de la patria entre Roncador, Quitasueño y Serrana, que han pasado a ser símbolos de nuestros reclamos soberanos frente a Colombia.

Roberto, llamado de Guatemala cuando un terremoto similar al que sufrimos en 1972 estremeció al hermano país; Roberto haciendo de las ruinas de la Casa Presidencial más emblemática que ha tenido Nicaragua un parque de recreación y de historia; Roberto rescatando el cementerio San Pedro y el monumento al maestro Gabriel; Roberto convirtiendo el auditorio de la alcaldía donde labora, en un mural de la Managua que se nos fue aquella aciaga madrugada; ese personaje, por mil títulos hijo dilecto de nuestra ciudad capital, no se iría con ese blasón si no retribuyera al municipio con este extraordinario libro que tengo el privilegio de prologar.

Las golondrinas que se fueron de los cables de la vieja Managua y su Avenida Central para nunca más volver. Las trabajadoras del sexo, como se diría en este tiempo y que recogieron el nombre de las avecillas, también desaparecieron junto a los aleros que les daban sombra en la noche de una arteria vial que hacía trepidar Managua y que hoy se desdibuja entre edificios reconstruidos y zonas peatonales.

Esos detalles aparentemente pequeños que empiezan a sorprender al muchacho venido de Masatepe, son apenas los prolegómenos de este libro. La gran crónica de Managua que nos regala Roberto alcanza en su desarrollo dimensiones insospechadas.

Citar El Hormiguero abre las páginas del asesinato de Sandino, y hablar de La Aviación es referirse al misterio donde reposan sus restos, así como hacer referencia al Campo de Marte nos remonta al general Zelaya. Es decir, una visión de Managua que más allá de sus calles y avenidas, de sus alcaldes, de sus familias autóctonas, de sus centros de esparcimiento, del estilo tan peculiar de sus direcciones, la enlaza Roberto con acontecimientos históricos que son especies de placas invisibles que están pegadas en las paredes de sus ruinas y que él nos las visibiliza en los prolijos capítulos de su libro.

Las vinculaciones que Roberto hace de sitios, esquinas y personas con acontecimientos que marcaron hitos en la vida de la capital de Nicaragua revelan un exhaustivo trabajo investigativo, cuya característica principal es la combinación de lo popular con lo político, pincelando los primeros con rasgos que resaltan el interés humano y guardando para los segundos la ponderación y la ecuanimidad que no permitan derivar de su descripciones ninguna intención peyorativa o de mal gusto para los personajes que tiene que tratar.

Así, doña Carmen Aguirre y su famosa cohetería La Caimana ocupan la importancia que siempre tendrán en cualquier historia de Managua que se escriba, desde sus orígenes familiares y costumbres, hasta sus célebres funerales, pero todo expresado con respeto por los hechos y por los lectores.

Si hay algunos capítulos impresionantes en estas disquisiciones históricas, son los relacionados con los hermanos Estrada, Los Gracos de Nicaragua. Es inevitable que en la vida de estos ciudadanos, hacedores de parques y de iglesias, de controvertidas decisiones políticas, fugaces ocupantes de la Presidencia de la República, alcaldes progresistas y progenitores de honestas y muy estimables familias de Managua, la pluma de Roberto Sánchez se haya prodigado con tanta intensidad y detalles. Son esos cuatros hermanos los que hoy se definirían como Managua en vivo, y nadie que escribe sobre la misma puede referirse a ellos con superficialidad.

Roberto Sánchez, sin embargo, y obviando ostentaciones narrativas, dedica igual profundidad, nostalgia y cariño para doña Juanita Martínez y su célebre carne asada del Gran Hotel. Su origen, su prole numerosa, su muerte, la disgregación de sus herederas por los nuevos entornos de Managua, son objetos de puntuales referencias en las que puede oírse las pulsaciones de afecto y respeto que el autor de este libro tiene para esos iconos de la capital.

En esta obra Roberto Sánchez no deja nada que incida sobre Managua sin ponerle su toque integral. Los hermanos cristianos de La Salle, El Colegio y Hospital Bautista con su Escuela de Enfermería, el majestuoso Ramírez Goyena levantado sobre el legendario Caimito y de cuya memoria nadie podrá abstraerse cuando se diserte sobre educación.

Tengan, pues, lectores impenitentes, eruditos, historiadores, o simplemente curiosos por conocer los orígenes, grandeza e infortunios de la Managua que los vio nacer o que los haya adoptado, este libro como un preciado tesoro. Jamás nadie escribió sobre nuestra ciudad con tanta seriedad, vivencia, investigación y devoción.

En las páginas de este libro oirán los corridos de Tino López Guerra, los huapangos de Erwin Krüger y los requiebres del requinto de Justo Santos, en un solo concierto, al ritmo de la inspirada batuta de Roberto Sánchez Ramírez

Managua, septiembre 2008.

Esta obra es el resultado de muchos años de lectura, entrevistas, investigaciones de fechas, nombres y hechos, pero sobre todo, vivencias personales y el haber ejercido el periodismo con una profunda pasión.

“Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano” es una selección de reportajes dedicados a Managua. Para esta publicación se ha hecho una revisión completa del material, hay variaciones en el texto y en los títulos. Para quienes han coleccionado los reportajes encontrarán en esta obra mucha diferencia, en especial del material gráfico. Con los demás reportajes publicados trataremos de editar otras obras similares a ésta.

Mi ciudad natal es Masatepe, sin embargo, han sido más los años residiendo en Managua y mayores mis vivencias. Correspondo, en forma modesta, con esta obra, al honor conferido por el Concejo de haberme declarado, en forma unánime, Hijo Dilecto de Managua. Que se reciba esta obra como una expresión de amor, servicio y entrega por el rescate de la memoria histórica de Managua

El autor

Roberto Sánchez Ramírez (Masatepe 1940), desde muy joven publicó cuentos y poemas en diferentes revistas y periódicos. Su poema “Al soldado Andrés Castro” (Suplemento literario de La Prensa, septiembre 1957) ha figurado en varías antologías. En 1961 se integró al Grupo Ventana, fundado por Sergio Ramírez Mercado y Fernando Gordillo. Su obra “¡Qué honorable familia!”, está considerada como la precursora del teatro-protesta en Nicaragua.

En el campo periodístico ha laborado en el semanario Semana, diarios La Prensa y Barricada, Extravisión, programa Buenos Días del Canal 12 de TV, página de opinión de EL NUEVO DIARIO. Fundador de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), de la que fue su vicepresidente. Fue presidente del Comité de Ética del Colegio de Periodistas de Nicaragua. Es Director de Patrimonio Histórico de la Alcaldía de Managua, miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, del Centro Nicaragüense de Escritores y del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. Autor de “El Cementerio San Pedro o la resurrección del recuerdo”, y de “Breve historia de la navegación en el lago Xolotlán”. Recibió de la Presidencia de la República la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. El Concejo de Managua lo declaró, por unanimidad, Hijo Dilecto de la Ciudad.


Esta obra es una de las mayores aportaciones a la historia de Managua. Escrita en forma amena y acuciosa, será de necesaria consulta.

(Jaime Incer Barquero, Presidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua)
Roberto fue mi profesor en el Seminario Nacional el año 1964. Desde entonces está dedicado al estudio y enseñanza de la historia, en la búsqueda de la verdad sobre nuestros personajes y hechos. El rescate de los monumentos de Managua que ha dirigido merece público reconocimiento. Hemos mantenido una amistad personal, aumentada ahora, con el apoyo que da a las actividades de la Arquidiócesis.

(Monseñor Leopoldo Brenes Solórzano, Arzobispo de Managua)
La labor de Roberto no se limita a escribir; ha contribuido a recuperar la música, canto y danza relacionadas con Managua, expresadas en la Serenata a Managua, presentada el 5 de febrero de 2008 en el Teatro Nacional Rubén Darío

(Ramón Rodríguez, Director de la Camerata Bach)

Desde que existía el Instituto de Estudios del Sandinismo (IES) en los años 1980, tengo una estrecha relación con Roberto, siempre en la preocupación porque la historia tenga el interés y valor que merece.

(Margarita Vannini, Directora del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la UCA)
Un libro memorable, literalmente, porque rescata la memoria colectiva de los managüenses de todos los tiempos. Un libro en consecuencia histórico, con la ventaja de haber sido escrito con la agilidad, la soltura, y la amenidad de la crónica periodística, tal como corresponde a la propia formación de su autor: Roberto Sánchez Ramírez, periodista de profesión e historiador por vocación, dos profesiones que ejerce con verdadera pasión, comprometidamente. Un libro que hacía falta al acervo histórico de nuestra ciudad, Managua: mía, por nacimiento, y de Roberto, por elección.

(Aldo Díaz Lacayo, historiador y diplomático)



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