oct 30, 2008
La campana de San Sebastián
Se cuenta que por los tiempos del Capitán Pedro Gutiérrez y de los Motas y Salazares, traían procedente de España una artística campana de legítimo bronce y de buen quilataje de oro, vibrante, sonora, fina, para la Basílica de San Sebastián, en Diriamba.
Al llegar la embarcación a la playa del Pacífico, que a veces no es tan pacífica, sucumbió la embarcación en el sitio llamado posteriormente “El Astillero”. Una parte de la tripulación pereció ahogada y otra se salvó.
La campana se fue al fondo del mar, pero San Sebastián hizo el milagro de que manos misteriosas la llevaran a un sitio oculto en la playa, mismo que más tarde se denominó “El Mogote”. Ahí fue guardada la campana en una cueva, cuya entrada mira hacia el mar. Las olas embravecidas cuidaban y cuidan la entrada a esa caverna, donde la planta humana no osa penetrar. Pero los vecinos del pueblo oían en ciertas noches un tropel de caballos que velozmente se dirigían fuera de Diriamba, hacia el mar. La imaginación popular divagaba en aquellas noches oscuras, mientras rutilaban las estrellas y el silencio se hacía en la paz del poblado.
El tropel que se oía a deshoras era la cabalgadura en que viajaban Santiago y los ángeles que se dirigían veloces hacia el cerro denominado “El Mogote”, a repicar la campana en honor del glorioso mártir, y no son pocos los que la oyen sonar en el viento que viene del mar.
Leyenda recogida por Leopoldo Serrano, tal como aparece en Muestrario del folklore nicaragüense, Pablo Antonio Cuadra y Francisco Pérez Estrada, Hispamer http://marthaisabelarana.com/archives/category/managua-jinotega-carazo
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