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Nuevo Amanecer
nov 1, 2008

Poemas de Manuel Martínez

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CARBONES ENCENDIDOS SON TUS LABIOS

Para la única

Impurezas borraron de su cuerpo
con un carbón encendido
purificaron sus labios (Isaías 6, 29)
Pronunció el nombre Innombrable
delante de la presencia del horror
que pudo matarlo.

Yo quise limpiar las impurezas de mi cuerpo,
purificar mis labios con tus labios,
con tu boca como carbones encendidos,
y pronuncié tu nombre,
pero no hubo horror a lo innombrable.

Recuerdo la lluvia, las nubes oscuras,
estuvimos solos esa última tarde
de cielo gris con vientos de la meseta,
y te marchaste por la calle de la parroquia
hacia el sur, al encuentro con tu propio destino.

¿Pude morir ante el horror de lo innombrable?
Y ahora siento este desasosiego
que me agobia y me domina.



CANSADA ESPERA DE TU REGRESO

Para la misma

No hay pájaros de mar ni pelícanos
ni albatros ni palomas blancas de buche ancho
ni pargos rojos ni macarelas plateadas ni ureles
ni huevos de tortuga ni restos de anguilas
en el fondo de las pangas de los pescadores.

Ni el viento seco del mediodía gris de invierno
en la arena oscura y caliente
ni olas encrespadas ni manadas de perros
vagabundos en la playa.

Faltan las lanchas celestes
la espuma del mar que perece
y no se mira el farallón carcomido por la salitre.

Te llevaste los pájaros, los peces,

el mar, la playa, la costa a lo lejos y las tardes
de domingo.

Perdí mi canto, mis canciones, ante tu sorda mudez
embelesada en estupor, ciega del brillo,
encandilada y turbia ante el acontecer nocturno
de la gran ciudad.

¿Cuándo acaso volverás, si volvieras?
Y así, en esta desolación, te espero todavía.


CANCIÓN DE LUNA

A Eunice Shade

Con asombro oí cantar tangos.

Gardel entre nosotros.

Oí cantar bolero y rancheras en coro
de Pedro Vargas y Pedro Infante
entre copas de ron y conversaciones
tristes.

Creí haber escuchado todos los cantos
y canciones baladíes entre poetas
poseídos por la nostalgia
de los amores perdidos.

Y ahora esta extraña sensación melódica.

La banda sonora y la voz de Julie Andrews

cantando The sound of the music de La Novicia Rebelde.

Su voz y los primeros acordes,
reflejan la quietud del campo y la grama verde,
el campo azul que se abre a los ciruelos
y los manzanos en flor
mientras la novicia danza en el sinfín
de la plenitud de su gracia juvenil.

Y Luna se asombra de este canto tierno
y se sienta y descansa, en breve pausa,
sobre sus patas peludas traseras,
aguza el oído y esboza y entona
con aullidos casi humanos
la tonada melodiosa de la canción.

Persiste en altos y bajos, agudos y
encumbrados tonos, y desciende al silencio
repentino, acústico, de su instinto.

Para gozo inusitado y orgullo de su ama.




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