Las heridas de la catástrofe aún están abiertas
Ervin Sánchez | fsanchez@elnuevodiario.com.ni
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| Tras diez años los efectos del alud del Casitas aún se aprecian. En la cumbre, las torres de comunicación cuya instalación ayudó a acelerar el desastre. CORTESÍA DIONISIO RODRÍGUEZ / end |
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El tiempo lo cura todo, dice un dicho, y diez años lentamente van cubriendo de verde aquel enorme zarpazo que un 30 de octubre lanzó a gran velocidad miles de toneladas de una masa informe de lodo, piedras y árboles sobre el llano ubicado al sur oriente de la mole del Casitas.
Ciertamente casi tres mil personas perecieron en aquel fatídico momento. Enormes rocas arrastradas por el alud y más de 200 manzanas de tierra inutilizadas aún son testigos de una de las más grandes tragedias enfrentadas por Nicaragua, provocada por la alta humedad que concentró en aquel volcán el huracán Mitch hace diez años, y por la imprevisión humana.
En poco más de tres minutos, aquella avalancha, enorme serpiente líquida, símil del “Destructor” bíblico, alcanzó a los desprevenidos...
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