nov 8, 2008
Centroamérica en la red de los buenos propósitos
Luis Rocha Urtecho*
¡Hechos, no palabras!, podríamos comenzar diciendo para esta jornada inaugural de nuestro “Encuentro Centroamericano de Escritoras y Escritores”, coordinado por la “Red Nicaragüense de Escritoras y Escritores (RENIES) y pro-témpore también Coordinadora de la Asociación de Escritoras y Escritores de Centro América (ADECA). Sabemos que esta RED ha asumido “un compromiso serio con la integración centroamericana” y que se trata hoy de replantear los sueños que no pocos hemos tenido de ver hecha una realidad la apremiante integración cultural centroamericana. Así lo ha reformulado magistralmente la Lic. Haydée Castillo, hoy en que una empresa de esta envergadura no sólo continúa siendo igual de apremiante que hace décadas, sino que el trabajo para su realización se nos presenta más arduo, ya que debe comenzar por algo tan elemental como lo es recuperar y fomentar el hábito por la lectura.
¿De qué nos servirá, por ejemplo, cumplir con el ineludible reto de proteger la propiedad intelectual, o de fundar una Editorial Centroamericana, cuando la amenaza más cercana es la de no leer? No digo que una cosa excluya la otra, sino que la ofensiva por una integración cultural centroamericana debe ser global, sin descuidar flancos producto de un entusiasmo que nos puede conducir a victorias pírricas. Ésta, tal como se ha venido planteando y analizando, debe ser la madre de todas las guerras contra la inercia y contra la agonía de la cultura. Si perdemos nuestra cultura, perdemos nuestra identidad de centroamericanos. Decía al comienzo: ¡Hechos, no palabras!, para provocar. Pero no estamos en un encuentro de demagogos, estamos en un encuentro de creaturas vitalmente vinculadas con las palabras. Somos verbo, y para nosotros las palabras no pueden tener nada de peyorativo, pues representan nuestra dignidad de creadores, divulgadores o promotores de la cultura. No existe una cultura sin palabras, pues si no las tuviera para hacer uso de ellas con plena libertad, sería una cultura silenciada, muerta. No me canso de repetir con Rubén Darío en sus Palabras liminares a Prosas Profanas, que cada palabra tiene un alma. Y lo que es el alma, nuestra razón de ser en estos tiempos en que nos toca sobrevivir, es a la vez el conjunto de los mejores buenos propósitos que podemos tener.
Es urgente que llenemos la RED de buenos propósitos, es decir, con el ánimo de alma de hacer, de realizar. Yo no soy más que un consumidor de palabras preocupado porque estas palabras no se vayan al vacío. En mi relación con las palabras soy un aglutinador de ellas, seres con alma; lo que llaman un creador, pero a imagen y semejanza de ellas. Agregado a este oficio de escribir y de permanente contacto con las palabras, he sido promotor de la cultura durante cincuenta años como librero, Director de Editoriales, editor de revistas culturales y hasta el 27 de octubre del año pasado, Director del NUEVO AMANECER CULTURAL. Pero hablando de integración cultural centroamericana, en este camino se quedó un recuerdo que me llena de orgullo: LA PRENSA LITERARIA CENTROMERICANA, que apoyaron Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y su hermano Xavier, y cuyos impulsadores principales fuimos Sergio Ramírez, Pablo Antonio Cuadra y yo. País por país, en la década de los setenta, visitamos Centroamérica, incluyendo Panamá, Xavier Chamorro y yo, con el objeto de constituir un Consejo Editorial que fuera a la vez que representativo, operante. Estos intelectuales de cada país fueron los responsables de seleccionar y enviar mensualmente el material literario y artístico que los representara como centroamericanos. Visitamos también librerías para garantizar la distribución de la revista, y en no pocos casos creamos redes de distribución.
Me podrán decir algunos que todo se quedó en buenos propósitos, y yo respondería que aquellos buenos propósitos llegaron a ser un hecho, que al menos marca un peldaño muy importante entre los que tendremos que subir. Esa experiencia, junto con otras son nuestra historia de sueños y realizaciones, y soy de los que cree que toda experiencia suma y suma a favor de la integración cultural centroamericana. Todo trabajo de promoción cultural en Centroamérica es una experiencia que debemos analizar en nuestro provecho. No pocas cosas hay que hacerlas con las uñas. Hace muchos años, trabajando Vidaluz Meneses conmigo en la Universidad Centroamericana (UCA), nos dedicamos a promocionar la lectura, y por iniciativa del genio de todas las iniciativas, José Coronel Urtecho, creamos unas hojas mimeografiadas de circulación gratuita que se llamaban “Boletín del Club de Lectores”, las cuales contenían reseñas de libros nacionales y extranjeros, pero sobre todo centroamericanos, pues nuestras vinculaciones con otros escritores del área facilitaban esta labor, que tenía el gran problema de no ser remunerada. Por lo tanto, era una especie de apostolado. Todos los centroamericanos trabajábamos, por decirlo así, por amor al arte centroamericano. Al menos logramos conocernos, a través de nuestras obras, y aunque modestamente dimos a conocer la creación centroamericana cuando años después fundamos la “Librería del Club de Lectores”. Fue otro peldaño que impidió que las palabras se fueran al limbo.
No obstante, insisto y ojalá me equivoque, siento que estamos perdiendo en el mundo la batalla por la lectura. Incluso no sé si estamos dando la batalla, o nos hemos replegado ante la presencia de un Apocalipsis mediático, sobre todo electrónico, ante el cual estamos sucumbiendo gustosamente. Libros que sin reconocer su origen pretenden actualizar o poner al día a Julio Verne o las “Mil y una noches”, son los que emocionan a las nuevas generaciones, y ni siquiera a través de su lectura, sino cuando llegan a pantallas grandes o chicas. ¿La verdadera literatura, ha perdido su poder de seducción? ¿Ya no tienen lugar en esta antesala del infierno la imaginación y el erotismo sin límites de esas “Mil y una noches”? La cultura, deformada a manida, aflora en los labios de nuestros políticos que inflan sus pechos para eructar versos de Rubén, sin saber siquiera a qué poema pertenecen. Como se ve, la integración cultural centroamericana, hoy, tiene que pasar por la recuperación de nuestra cultura de ayer y siempre.
Pero hay algo muy importante, pues si de alguna auténtica integración se puede hablar hoy en Centroamérica, esa es la cultural. Las otras, las políticas y económicas, están sujetos a los vaivenes de los gobiernos. La verdaderamente sólida y ejemplar es la cultural. Tenemos, felizmente, un frente común de artistas e intelectuales conscientes de ello. Necesitamos, eso sí, promover desde nuestras posibilidades un campo de paz, libre de prejuicios, tolerante y justo para mirar a su alrededor, no sea que veamos solo ovejas blancas o solo negras o tan solo ovejas oligarcas, color que confieso desconozco. También tenemos derecho a soñar. A propósito, no se quién en sus sueños ha intentado diferenciar los colores de las ovejas que ha contado para dormirse. Debió ser un trabajo digno de Tito Monterroso distinguir una negra de una blanca mientras saltan la valla, y a la vez intentar conciliar el sueño. Pero Tito decidió dormirse fingiéndose un dinosaurio y cuando despertó de su sueño la oveja centroamericana todavía estaba allí.
Moraleja: la pesadilla es solo para los que no saben soñar. Fue por eso que las ovejas rojas fueron la pesadilla de muchos trasnochados. En el nombre de esa pesadilla, y de lo que podía suponer de democrático, se exterminaron razas, pueblos y sueños. Pero hemos venido sobreviviendo más centroamericanos que nunca; más afroamericanos, más caribeños, más mestizos y más mulatos y más indígenas Kunas y del Quiché, Sutiaba y Monimbó. En el nombre de esa pesadilla todavía hay quienes no nos quieren dejar conciliar nuestro sueño unitario e integracionista a la mayoría de los centroamericanos. Pero los sueños parecen ir imponiéndose al menos en nuestros propios pueblos: vemos de la noche surgir la utopía sobre cadáveres, sobre guerras que se quiere pertenezcan de una vez por todas al pasado; sobre la verdad de nuestra pesadilla, las pupilas comienzan a abrirse hacia una Centroamérica unida y no hacia el fogonazo de un tiro. Una Centroamérica, tan culturalmente integrada, que sabe leer su historia y así aprende.
Definitivamente creo en las utopías, y sueño con una Centroamérica Pacífica y Atlántica, criolla y caribeña, mestiza, mulata y negra, india en muchas indias sin sangre en la tierra ni en la mirada; con samba y mambo; con mariachis y corridos y cantos de ida y vuelta; con el danzón y el songoro consongo; con valses y lambada; con las mazurcas y polcas norteñas que bajan titiritando en las guitarras, reafirmándose en las marimbas, hasta el corazón palpitando en la estruendosa batería de ancestros africanos y en el sello inconfundible de la trompeta o el saxo. La danza, el baile, los océanos en un solo cuerpo, en la cintura cimbreándose en siete partes, tras siete velos en los que se dibuja el istmo, el ombligo de América sobre un vientre terso, una meseta donde reclinar la cabeza mientras vuelven a surgir las caderas volcánicas, los pechos agigantados por el fragor del tambor, y nuevamente los remansos, las quebraditas, la humedad y el bosque virgen, la tierra incógnita en la que pastan muy hermanas: ovejas negras y ovejas blancas.
Vámonos todos a aprender a leer; a aprender hacer leer; a tener donde publicar para seguir enseñando a leer lo que hay que leer; vámonos, entonces, a proteger como el tesoro que es, esa nuestra propiedad intelectual; vamos a divulgarla sin peligro de que nos la pirateen y vámonos a hacer camino juntos; redes, federaciones, asociaciones o centros cuya meta sea la tan ansiada integración cultural centroamericana. Como pescadores, tiremos de una vez por todas nuestra RED de buenos propósitos, y ya verán que la recogeremos repleta de tantos vigores dispersos como centroamericanos hay. Porque no es pecar de exceso de optimismo el comprender y aceptar que en nosotros aquí reunidos, propósito es sinónimo de realización. Que las palabras tienen alma y que entre ellas existe una, escrita como diría Azarías Pallais, con mayúscula florida: INTEGRACIÓN. Y que todos somos, como escribió Alfonso Cortés, libres en medio de lo que es sin fin.
Intervención del Presidente del Centro Nicaragüense de Escritores, Luis Rocha, el viernes 7 de noviembre, durante el “Encuentro de Escritores y Escritoras por la Integración Cultural Centroamericana” que, organizado por la “Red Nicaragüense de Escritoras y Escritores” (RENIES), se está llevando a cabo en nuestro país.
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