nov 15, 2008
Un repaso a la Historia
Edgar Solórzano
El escritor Róger Mendieta Alfaro revive la gesta de Olama y Mollejones
Los últimos doscientos años de la historia de Nicaragua parece que se repiten en una especie de espiral cuyas dos cabezas siempre terminan unidas, atadas por mandato del destino. Violencia, trifulcas, guerras intestinas y al final un coro de voces que cantan victoria. Es la historia de nuestra encrucijada, de los callejones sin salidas, de las aventuras armadas en algún lugar del territorio nacional, movidas por amor a la patria, pero más por la euforia de una juventud que se revela frustrada.
Ésa es la síntesis que presentó el escritor Róger Mendieta Alfaro en su conferencia promovida por el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH), al rememorar detalles de la acción guerrillera acaecida hace cincuenta y cuatro años, mejor conocida como la gesta de Olama y Mollejones, de la que es uno de los sobrevivientes y quizá su principal historiador, al recoger en 207 páginas el relato “Olama y Mollejones”.
Ante jóvenes estudiantes de secundaria reunidos en el auditorio del INCH, Mendieta Alfaro recordó que en abril de 1954 un grupo formado por ciento ochenta y un hombres tomó la decisión de embarcarse en una aventura militar, sin preparación alguna, desprovisto de logística, con desconocimiento del terreno y apenas con unos cuantos fusiles que habían sido utilizados en la primera guerra mundial. “De lo que sí estábamos seguros”, dijo, “es de que queríamos una patria en libertad y democracia”.
Mendieta Alfaro reveló que fueron motivados, en primer lugar, por el triunfo militar en Cuba contra el dictador Fulgencio Batista, conseguido por los guerrilleros que estaban bajo el mando de Fidel Castro; por el cierre de las libertades civiles que día a día venía imponiendo la dictadura de Somoza y porque, como jóvenes, sentían que todos los espacios se estaban cerrando y la única salida era la militar.
El autor de “Olama y Mollejones” reveló que, según los análisis de aquel contingente desembarcado en los llanos de Matagalpa, ellos iniciarían un movimiento proveniente de las filas de liberales y conservadores con la idea clavada en la mente de que, al darse la noticia de aquella expedición, recibirían inmediatamente el apoyo de los sectores más pudientes de entonces, pero, principalmente, recibirían el apoyo popular nacional que los llevaría al derrocamiento de Somoza.
Pero las cosas no fueron así, sentenció, para regresar a aquellos días donde aquel grupo de hombres arribó en un avión de carga Curtis Commander a los llanos de Olama y Mollejones, y de repente se sintieron solos, sin comida, echados a las inclemencias del tiempo reinante en las montañas y acosados por la guardia. Estaban aislados y el apoyo esperado nunca llegó.
“No tuvimos sentido de la realidad, estábamos alejados de ella, y por tanto, estábamos condenados al fracaso de nuestro objetivo. Al final la dictadura nos apresó y nos acusó de traición a la patria”, dijo.
En su libro, Mendieta Alfaro sostiene que, después de haber reflexionado sobre esa gesta, se le ocurre que “desde esa invasión (como la calificaron de forma equivocada los acusadores en la Corte de Investigación Militar --es obvio que ningún nacional puede invadir su propio país--), la dictadura se deslizó sobre el inobjetable despeñadero de una cuenta regresiva en la que nos vimos todos arrastrados, y en la que el dictador fue incapaz de lograr un día más de sueño tranquilo”.
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