“Disfruté la racha”, dice Ripken “No fui un rehén”
Edgard Tijerino | etijerino@elnuevodiario.com.ni
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| Cal Ripken confiesa que no se obsesionó por la racha de Lou Gehrig, sino que su interés era jugar el mayor tiempo posible. Manuel Esquivel / END |
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Pasión, fuerza y convicción. Esos fueron los tres factores que empujaron a Cal Ripken mientras la racha anduvo, anduvo, anduvo, y vio la luz del día, las tardes pálidas y las noches frías, como hubiera dicho el poeta si lo hubiese visto proyectarse.
En 1982, cuando la racha de Ripken comenzó, Ronald Reagan era el Presidente de Estados Unidos, Larry Holmes y Ray “Sugar” Leonard deslumbraban con su esgrima dominando el boxeo, en tanto Paolo Rossi eclipsaba a Maradona y Zico en la Copa del Mundo.
Cayeron templos, se borraron insignias, se derribaron muros, pasaron huracanes, y la racha continuaba en pie, extendiéndose hasta 1998.
¿En algún momento te sentiste como un rehén de la racha?, le pregunto a Cal Ripken durante el cambio de impresiones que sostuvo con este cronista y con Edgard Rodríguez ayer por la mañana.
“No, nunca me sentí prisionero de la racha. Lo que me sorprendía es ¿por qué tanta bulla sobre eso si sólo se trataba de salir y jugar”.
Esas exigencias como tener que ofrecer Conferencias de Prensa antes de cada serie, moverte clandestinamente para poder salir de los estadios y registrarte en hoteles, sentirte perseguido por los reflectores, estar pendiente de cada torcedura, de cada dolor, tiene que ser agobiante.
“No si lo sabes manejar, es decir, si evitas los impactos negativos, si mantienes tu enfoque en el juego, si controlas la tensión. Puedo decir que llegué a dominar todo eso y que mientras duró la racha, la disfruté plenamente”.
¿Qué sabías de Lou Gehrig antes de verte involucrado en la espectacular persecución de su récord fijado en 2130 juegos consecutivos?
“Fue mi padre quien comenzó a hablarme de Gehrig tratando de ponerme en perspectiva el récord mientras yo avanzaba jugando diariamente. En ningún momento dije voy tras Gehrig, simplemente mantuve mi interés en jugar el mayor tiempo posible”.
¿Cómo fue posible jugar cada inning de cada juego entre 1982 y 1987?
“Como es posible ir a clase todos los días durante cada curso escolar. Disciplina, perseverancia y deseos de jugar se juntan. Lo último es lo más decisivo. Uno quiere estar siempre en el line-up impulsado por la vocación”.
¿Qué tanta curiosidad llegaste a sentir por conocer lo que fue Gehrig, o estudiarlo a fondo?
“Claro que estaba interesado, pero pensé que no me convenía. Lo conversé con mi padre y estuvo de acuerdo. Era necesario no desviarme del enfoque, no estar obsesionado”
¿En que época te hubiera gustado jugar, en la de Cobb, Ruth y Gehrig; en la de DiMaggio, Williams y Feller; en la de Mantle, Maris y Ford; en la de Ripken, Clemens y Gwynn; o en la actual?
“Es una pregunta rara. No me he puesto a pensar en eso. Estoy satisfecho de haber jugado en mi época, porque me divertí mucho. Yo hablo de béisbol de la misma forma como hablaba mi padre. La esencia del juego ha sido la misma, sin importar las épocas”.
¿Por qué Cal Ripken nunca se fue de Baltimore en una época de tantas ofertas para cambiar de uniforme?
“Sólo hubo un momento en que pensé irme y porque estaba molesto. Fue cuando sacaron a mi padre del puesto de manager. Lo consideré injusto. Pero entraron en juego varios factores, como la oportunidad de jugar en casa, la garantía de seguir con el proceso educativo y la crianza de los hijos sin alteraciones, el estar joven para asimilar situaciones como la que atravesó mi padre, querer seguir ahí y estar consciente de lo que puede ser mejor. Por eso decidí seguir con los Orioles”.
¿Qué tan incidente ha sido tu esposa? Fue ella quien te sugirió durante una de tus lesiones jugar sólo un inning, propuesta que descartaste, fue ella la que te recomendó terminar con la racha en Baltimore, no en otro lugar. ¿Has hecho algo sin consultarle?
“Hay tres mujeres incidentes en mi vida. Mi mamá, mi esposa y mi hija mayor, que incluso trabaja conmigo y espera venir a Nicaragua cuando yo regrese. La confianza en la gente que te rodea con cariño y por supuesto interesada en que todo te salga bien es clave, algo que se debe apreciar”.
De no ser pelotero, ¿qué te hubiera gustado ser?
“Pelotero. Me parece haber nacido para esto, pero siempre me he sentido atraído por el diseño. Me gustaría diseñar estadios para niños, para ligas menores. Siempre quedo viendo las estructuras y me imagino estar trabajando en un proyecto de esos”.
Volverá a amanecer, a llover, a crecer el maíz, continuará el progreso más allá de incendios, terremotos y tempestades, y la racha de 1,632 juegos seguirá ahí, como una de las pirámides de Egipto, posiblemente indestructible.
Y a la orilla de la gran cifra, la imagen de este Cal Ripken, uno de los héroes producidos por el béisbol, que todo abuelo le señalará a sus nietos mientras el cortejo que Rubén nos grafica, pasa.
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