El Nuevo Diario
Portada | Archivo | Escríbenos | Suscríbete
  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 17 de Noviembre de 2008 - Edición 10153
Nacionales
-
Sucesos
-
Departamentales
-
Internacionales
-
Ciencia
-
Opinión
-
Política
-
Contacto END
-
Deportes
-
Variedades
-
Informática
-
Especiales
-
Economía
Otras secciones
Cultura
Clasificados
Horóscopo
Turismo
Emprendedores
Empresas
Club de lectores
Suplementos
El alacrán
Nuestro mundo
Ellas
Misterios & Enigmas
Salud y sexualidad
Nuevo amanecer
Buena onda
El Deportivo
Otros servicios
Suscripciones
Nuestros servicios
Directorio
Noticias más leidas
Noticias por correo
RSS XML
Servicios web
Blogs

1990, 1996 y el 2008


Los objetivos de las elecciones del año 90 eran, del lado del partido en el poder, el FSLN, intentar legitimar por medio del voto el poder conquistado por las armas, y de esa forma ‘restar’ argumentos a los que en la oposición y en el gobierno norteamericano argumentaban que no había democracia en el país y que por tanto el enfrentamiento armado se justificada para tratar de desalojar a los sandinistas del poder.

El Consejo Supremo Electoral de 1990, y en particular su Presidente, el doctor Mariano Fiallos Oyanguren hicieron una excelente labor, y no era para menos. Si el objetivo era terminar la guerra, no había forma de terminar la guerra con unas elecciones fraudulentas, por el contrario, eso la hubiese atizado aún más.

Por el lado de la oposición antisandinista, y su patrocinador, el gobierno norteamericano, el objetivo central era lograr, por medio de los votos, lo que habían venido tratando de lograr por medio de las armas, sin resultados, y con un cada vez creciente rechazo de la comunidad internacional, que demandaba el cese de la injerencia norteamericana en Nicaragua.

Aceptar el resultado electoral no es un mérito individual de Daniel Ortega, sino un mérito colectivo del FSLN, en especial de la Dirección Nacional de ese entonces. Daniel,
al aceptar la derrota, solamente actuaba
como vocero de una decisión colectiva del FSLN.

Las elecciones del 96 fueron las primeras en las que un gobierno libremente electo, el del 90, iba a transferir el mando a otro gobierno, de manera pacífica, y al hacerlo, consolidar la transición democrática iniciada por doña Violeta Chamorro.

Rosa Marina Zelaya, la segunda al mando del CSE presidido por Mariano Fiallos, no pudo dar continuidad al legado de su antecesor. Las irregularidades durante la jornada electoral empañaron la transparencia de las mismas, y sólo fueron un augurio del ‘desgobierno’ que el país iba a vivir bajo la presidencia de Arnoldo Alemán.

Para agravar las cosas, Rosa Marina Zelaya también se vio involucrada en un ‘conflicto de intereses’, ya que su esposo corría como candidato a diputado por parte de uno de los partidos participantes.

¿Fueron las elecciones del 96 fraudulentas? Algunos así lo creen ¿Hizo uso el partido derrotado, el FSLN, de los recursos que la ley le permitía, para impugnar los resultados? Sin duda alguna el FSLN estaba en su derecho de usar y agotar todos los recursos legales para asegurar que los votos de sus simpatizantes habían sido respetados.

Más importante que lo anterior, si fueron o no fueron las elecciones fraudulentas, la oposición frontal que en ese entonces asumió el Cardenal Miguel Obando y Bravo en contra del otra vez candidato sandinista, Daniel Ortega, con su famosa parábola del ‘viborazo’, en la víspera del cierre de campaña posiblemente tuvieron un mayor efecto en el resultado electoral, sin justificar las irregularidades que caracterizaron a esa jornada electoral. Rosa Marina Zelaya no es precisamente un modelo a imitar, en lo que respecta a transparencia y orden en la ejecución de una campaña electoral.

Y luego tenemos las elecciones del 9 de noviembre de 2008. Al momento que escribo, el CSE ha anunciado que hará un recuento de las actas y los votos en Managua, al tiempo que la oposición reclama que el recuento sea extensivo a todos los municipios del país donde se han presentado irregularidades.

¿Cómo pudo el CSE aceptar hacer un recuento de los votos, cuando ni siquiera los ha terminado de contar por primera vez? No es que sea una mala decisión, pero sí el electorado ni siquiera sabe cual es el resultado final del primer conteo.

En Nicaragua se ha hecho costumbre para justificar lo injustificable hacer comparaciones con lo peor que en el pasado hemos vivido, y de esa forma algunos hacen apología del delito, muchos lo hacen, especialmente líderes políticos e incluso religiosos. Es común por ejemplo escuchar: ‘si aquí todos somos ladrones’, ‘y vos que hablás, si vos has robado más’, ‘si tan corrupto es el que roba una gallina, como el que se lleva 50 millones de dólares del erario’, y los ejemplos no paran ahí.

Y cuando un ciudadano eleva su voz de protesta, el aludido, en lugar de contestarlo por lo señalado, le riposta: ‘y vos qué hablás, si la vez pasada no dijiste nada cuando pasó algo igual’.

Y el mensaje es: ‘aquí todos tenemos cola que le pisen, así es que mejor callate’.

En este momento hay quienes dicen, para justificar las irregularidades del 9 de noviembre, ‘qué me decís a mí, si las elecciones del 96 fueron peores’, ‘y vos qué reclamas, si no dijiste nada durante las elecciones del 96 y sus irregularidades’.

Corresponde a los expertos en campañas electorales hacer valoraciones sobre estos temas, pero es mi derecho ciudadano exigir que las autoridades electorales, ayer, hoy y mañana, conduzcan un proceso transparente, y si son respetuosos de sí mismos, conducirse en forma tal que todos pudiésemos decir: ‘ve hombre, estas elecciones fueron más ordenadas y transparentes que las anteriores’, y qué bueno que incluso pudiéramos afirmar: ‘cuanto me alegra que cada nueva elección sea mejor que la anterior’.

¿Le estoy pidiendo ‘peras al olmo’? No sé, pero los que están a cargo de hacer cumplir las leyes electorales gozan de un sueldo, un sueldo jugoso por un trabajo que al parecer no lo toman muy en serio, y peor aún, su reputación les importa tan poco como para tener el descaro de cada vez que son objeto de la crítica ciudadana, se defiendan diciendo: “¿si las de otra vez fueron peores, qué me vas a decir a mí?”.

Derecho que no se defiende es derecho que se pierde. Y eso es lo que cada ciudadano debe exigir, respeto. Somos nosotros los que pagamos los impuestos ¿de dónde salen los salarios de nuestros ‘servidores públicos’?
¿Quién está al servicio de quién? ¿Los funcionarios al servicio de los ciudadanos, o los ciudadanos al servicio de los funcionarios? ¿Quién se debe a quién?

*El autor es economista, residente en USA




imprimir imprimir  email enviar
Opinión

»Elecciones 2008: La Derrota del FSLN

»Televisión y deportes

»Victimización de Montealegre

»Éramos tan jóvenes…

»1990, 1996 y el 2008

»Un año hablando de abuso sexual


Portada | Nacionales | Sucesos | Departamentales | Internacionales | Opinión | Política | Deportes | Variedades | Economía
El Nuevo Diario (c) 1998-2005 e-mail: info@elnuevodiario.com.ni
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web