Un año hablando de abuso sexual
Brigitte Hauschild* Desde hace un año se presentó a la población de Nicaragua el Movimiento Contra el Abuso Sexual (MCAS), como respuesta a la necesidad de romper el silencio sobre un tema tan doloroso para quienes hemos vivido abuso sexual en la infancia. Cuando un grupo de jóvenes de Chinandega rompió el silencio sobre los abusos sexuales cometidos contra ellos por el padre Dessi, después que fue condenado en Italia, esto provocó rechazo en gran parte de la población de Chinandega, pero no contra el sacerdote abusador sino contra los jóvenes. Incomprensible. Artistas nacionales, como Norma Helena Gadea y Carlos Mejía Godoy, desconociendo las dos caras de este abusador, conocido públicamente como un hombre dedicado a los pobres y a las obras sociales, y conocido por los jóvenes por su cara perversa, cantaron en contra de los jóvenes y a favor del delincuente. Hasta la fecha, ninguno de ellos ha pedido perdón a los jóvenes. Y no sólo hay que pedirles disculpas, sino agradecerles: fueron precisamente estos jóvenes chinandeganos, valientes víctimas de Marco Dessi, quienes nos invitaron a reflexionar sobre la necesidad de educar a Nicaragua sobre el abuso sexual y a buscar cómo dar más presencia pública a las causas y consecuencias de este crimen, tan silenciado en nuestro país. Nos invitaron a reflexionar, a educar y a actuar en contra de lo que es una epidemia social y moral en Nicaragua. Hoy somos unas 28 organizaciones y personas individuales las que participamos en el Movimiento.
También desde hace un año EL NUEVO DIARIO nos ofreció en su página de opinión un espacio semanal para escribir sobre diferentes aspectos del abuso sexual desde la perspectiva de quienes somos sobrevivientes. En el primer cumpleaños de esta iniciativa ya es momento de reflexionar sobre los logros de lo que estamos haciendo y también de agradecerle a EL NUEVO DIARIO la oportunidad de brindarle a la población un servicio que les permita acercarse a un delito que, aunque a diario afecta a nuestros niños y niñas, sigue siendo ocultado y silenciado. Y lo más importante: un servicio que les permita entender que, aunque este delito no deja en los abusadores ninguna huella de dolor o de mal sabor, sí deja secuelas en las víctimas, huellas que nos acompañan toda la vida y que nos impiden saber cómo seríamos sin haber pasado por tan dolorosa experiencia.
En la columna “Hablemos de abuso sexual” han publicado sus testimonios sobrevivientes que compartieron con los lectores su historia y su camino para sanar. Personas que han reflexionado sobre la gravedad del problema, la ineficiencia en los mecanismos de justicia y la falta de opciones para salir del círculo del abusador. En todos esos escritos hemos compartido la lamentable verdad de que en Nicaragua muchas y muchos profesionales, sean médicas y médicos, psicólogas y psicólogos, abogadas y abogados, no tienen conocimientos sobre las graves consecuencias que deja el abuso sexual en la vida de quienes lo viven en su niñez. También hemos aportado pistas para prevenir el abuso sexual y el incesto. También escribieron hombres que vivieron abuso sexual en su niñez, lo que valoramos especialmente, porque los hombres abordan con más dificultades ese pasado, igualmente doloroso para ellos.
Hablaron madres sobre su lucha entre denunciar y no denunciar. Escribieron hombres que realizan trabajos importantes para generar conciencia en otros hombres que se decidan a fomentar un cambio en la identidad masculina de los nicaragüenses. Hablaron participantes en grupos de apoyo mutuo, una herramienta que estamos usando desde hace poco más de un año en Nicaragua en Aguas Bravas Nicaragua. Con esta herramienta trabajan mujeres sobrevivientes en Alemania desde hace más de 25 años, con muy buenos resultados para recuperarse de las secuelas del abuso.
Y son precisamente los testimonios escritos por sobrevivientes o participantes en estos grupos los que provocan más reacciones, tanto en Nicaragua como en otros países. Estos textos invitan a otras y a otros a romper su silencio, a abrir la jaula para salir de su dolorosa soledad. Las personas que nos escriben también nos dan pistas sobre temas sobre los que debemos hablar. Por ejemplo, ¿cómo preparar a una niña que ha vivido abuso sexual de un familiar que vive en la casa vecina y sale dentro de poco de la cárcel?, ¿qué podemos hacer para evitar que las víctimas se vuelvan a sentir víctimas en el transcurso de la atención, tanto emocional como judicial?, ¿cuáles demandas hacemos al gobierno para lograr no sólo la erradicación del abuso sexual sino también la garantía de un proceso adecuado de sanación para niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres, que han sufrido este delito? Quienes nos escriben nos aseguran cuan importante es hablar de estas realidades y cuánta esperanza despiertan estas reflexiones en víctimas y sobrevivientes.
Desde el Movimiento queremos agradecer al director de EL NUEVO DIARIO y a todo su equipo por esta valiosa colaboración, en la que se expresa una actitud visionaria que aún no existe en otros países más desarrollados que Nicaragua. Soy alema-nica, con orgullo escribo en este espacio y confieso decepcionada que por mucho que buscamos un espacio similar en algún diario de Alemania nunca lo encontramos. Quiero reiterarle al equipo de EL NUEVO DIARIO la importancia y la trascendencia que para América Latina tiene la decisión que tomaron al abrirnos este espacio. Hemos recibido reacciones, mensajes, testimonios, preguntas e informaciones desde todos los puntos de Nicaragua y por correo electrónico desde México, Colombia, Canadá, Argentina, Costa Rica y otros países. Ante tan positivas reacciones, estamos convencidas y seguros de que estos primeros encuentros desde estas páginas y con tantas personas anuncian un cambio que, como todos los cambios, inicia con palabras Y con diálogos que rompen silencios.
*Soy sobreviviente.
Aguas Bravas: Telf.: 251-0110.
Aguasbravas_nicaragua@yahoo.com
yotecreo@gmail.com
hablemosde.abusosexual@gmail.com
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