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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 28 de Diciembre de 2008 - Edición 10193
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Mariano Bermúdez, un nica a tiempo completo

Del Ejército de EU a ser el ángel de Jocote Dulce

* “No busco glorias ni nada de eso, la verdad es que me gusta vivir tranquilo, y si tengo 100 pesos y sólo necesito 80 para mantenerme, pues los otros 20 los regalo”
* “En Norteamérica se dedicó a que las familias nicas inculcaran a sus hijos los valores culturales de Nicaragua y después llevó a varios artistas
* Apoya a lugareños, a un niño le entregó una computadora, y nada le resulta mejor en la vida que caminar y recibir el cariño matutino de los pobres

Del Ejército de EU a ser el ángel de Jocote Dulce - Foto
Mariano Bermúdez

Cuando formó parte del Ejército de los Estados Unidos en los años 50, un mexicano le entregó sus prestaciones para que pudiera visitar a su madre que estaba enferma en California, gesto que le marcó el curso de su vida, porque le abrió en su corazón la solidaridad con los más desposeídos.

Este personaje es el nicaragüense Mariano Bermúdez, quien vivió 45 años en Estados Unidos y 20 años en Nicaragua, repartidos en “retazos” que la vida le ha ido acomodando ahora en las inmediaciones de la comarca Jocote Dulce, donde construyó su vivienda con los ahorros que por años hizo en San Francisco, California.

Aunque el destino ha comenzado a ponerle como vecinos a ex presidentes del Banco Central en un reparto ubicado a más de un kilómetro al sur del Colegio Centroamérica, nuestro personaje también ha cultivado excelentes relaciones con campesinos que residen en la comarca vecina.

Nació en la Calle Colón, esquina opuesta a la Cristal en la Managua destruida hace 36 años por el terremoto, pero cuando tenía nueve años, su padre murió en un accidente de tránsito, y tres años después del deceso su madre emigró a EU.

En 1973 se trasladó a Nicaragua para laborar en empresas de seguros de la época, pero sólo estuvo cinco años, ya que la situación en 1978 se estaba caldeando, por lo que decidió regresar nuevamente a Estados Unidos. “Nunca perdí mis raíces nicas, por lo que el 1 de diciembre de 2005 me vine a quedar en Nicaragua”, dijo

Mayor parte de sus amistades en EU

Como creció en EU, sus amistades eran norteamericanos, porque en 1957 fue a la escuela secundaria donde sólo había dos latinoamericanos. Cuando ingresó a la Universidad “empecé a conocer a muchos nicas, ahí me empecé a crear de nuevo como nicaragüense y reconocí que mi identidad siempre iba a ser nica”.

Le fue duro prepararse en la Universidad, porque durante siete años trabajó en un banco de las 12 y media de la noche a las 9 de la mañana del siguiente día, aunque antes “fui lustrador, vendía periódicos en una esquina y también los repartía por las mañanas. Después laboró en una sastrería repartiendo trajes”.

Durante la secundaria, su mamá nunca gastó en el almuerzo, porque trabajaba lavando platos en la cafetería de la escuela y “me pagaban con el almuerzo”. En los veranos se iba a los campos del sur de California a cortar frutas con los mexicanos, y ahí ganaba lo suficiente para pagarse la escuela.

De su primer matrimonio tiene dos hijos que viven en EU, y ambos son diseñadores gráficos. Después se casó con su segunda esposa, Reyna Mendoza, con quien “adquirí dos hijos más, una niña y un varón. Entre todos tenemos seis nietos (cuatro hembras y dos varones).


¿Qué lo indujo a retornar a Nicaragua?
Recuerda que hace unos 17 años vino de paseo a Nicaragua con su esposa, y fue “cuando me volví a enamorar de Nicaragua”. A pesar de haber vivido 45 años en Estados Unidos, a Mariano no le gusta esa nación: hay tráfico vehicular por todos lados, mucha gente, muchos reglamentos, la vida es carísima, por lo que para decidir su retorno al país, vivió una combinación de patriotismo, de gusto personal y de pragmatismo: la vida es más barata para un jubilado.


Anécdota en las filas del Ejército norteamericano
Como llegó chavalo a Estados Unidos, Mariano se incorporó al Ejército norteamericano, y en una ocasión “recibí una notificación de la Cruz Roja de que mi mamá estaba bien enferma. En esa ocasión mi progenitora estaba en San Francisco y yo en Texas”.

“No tenía dinero en ese entonces porque acababa de entrar al Ejército donde ganábamos 78 dólares al mes, y, por lo consiguiente, no tenía para el pasaje, y me fui a la Cruz Roja a ver si me financiaban el boleto, pero me lo negaron porque tenía dos meses de estar en las filas castrenses”

Casi como un “ángel”

Cuando retornó a la base se le acercó otro estudiante de las filas castrenses, quien resultó ser el mexicano Oscar Pérez (ahora todo un abogado criminalista que opera en Los Ángeles, California). Él le preguntó que de dónde era originario. Una vez que Mariano se le identificó, le contó el problema.

Al final, “él me dio todo el dinero de su liquidación para ir a visitar a mi mamá, regresé y le pagué el dinero que me había prestado, y la verdad --decía yo-- ¿qué puedo hacer para pagar ese gesto de una persona que no la conocía?” Su respuesta fue: “Creo que la única manera de pagar ese gesto es haciendo lo mismo con otra gente, y desde ese entonces he dedicado mi tiempo, sentimientos y apoyo económico para personas que están más necesitadas que yo”.

“No busco glorias ni nada de eso, la verdad es que me gusta vivir tranquilo, y si tengo 100 pesos y sólo necesito 80 para mantenerme, pues los otros 20 los regalo. Yo nunca me niego a darle algo a alguien necesitado, aunque sean centavos, porque siempre hay necesidad en la gente”, dice Mariano.

“Según han sido mis ingresos, así he dado” dijo Bermúdez quien recordó que “cuando tuve conciencia de dar mi vida por Nicaragua, creo que fue con el Sindicato de Músicos, porque en todos los eventos que tenía en Estados Unidos, siempre guardaba un dinerito para ellos”, añadió el filántropo, que en una ocasión --hace varios años-- entregó en EL NUEVO DIARIO una donación a los músicos, y para esa ocasión el sindicato le entregó un certificado en agradecimiento.

“Cada vez que venía de vacaciones a Nicaragua, antes en EU me iba a buscar cuerdas para guitarra y bajo o para cualquier instrumento musical que pudiera conseguir en diferentes lugares, incluso en un local donde un señor tenía una tienda de guitarras en Berkeley (California), a quien le decíamos ‘Perro loco’. Ese señor donaba instrumentos y cuerdas para los músicos de Nicaragua, y en una ocasión el sindicato le mandó un certificado por esa labor

Otro caso

También le hizo realidad el sueño a un niño de Jocote Dulce, en Nicaragua, que quería una computadora, y aclaró que se identifica mucho con esa comunidad “porque nuestra propiedad colinda con ellos, y por eso todos los días camino en ese poblado donde todo mundo me conoce”. También le ayuda a la escuelita “12 de Septiembre”.

Actualmente lleva a cabo un proyecto en la misma comunidad para instalar una clínica dental. Una dentista “nos va a donar los instrumentos, y conseguí un lugar donde se instalara la clínica. Los planos los hizo el ingeniero Javier Lanzas, quien labora para la UNI, y “ahora estoy recogiendo el dinero para ese proyecto de lo que tengo más de la mitad”.

En este trabajo se han involucrado dos grandes líderes de esa comunidad como son doña Daysi y Graciela, y así conozcan que no todo sale del cielo, “ya que les vamos a pedir que nos ayuden a construir la clínica. Hay un electricista en la comunidad, que nos va a prestar su tiempo para hacer las conexiones. Hay un comité en la comunidad con la que Mariano se reúne para evaluar las cosas.

Se vistió de Santa Claus (Papá Noel) este 20 de diciembre para recorrer Jocote Dulce y entregarles caramelos y alegría a los niños del lugar. Por la iniciativa de los pobladores en esa localidad, modificaron un taxi como trineo, donde Mariano se movilizó para alegrar a unos 400 niños de la comarca.

En una ocasión alguien muy cercano a él le dijo que debería tener cuidado --debido a su gesto de ayudar al necesitado-- porque a veces la gente puede tomar ventaja, y le preguntó: ¿Qué pasaría si Mariano fuera el necesitado? Y que probablemente “nadie me va a dar ni sal para un jocote”. La respuesta de Mariano fue: “Si estamos en esa, pues nunca hacemos nada”.


Cómo se inició en apoyo a labores culturales
Mariano trabajó con cinco comisionados de seguros en California, ya que en los años 70 laboró en Nicaragua con las aseguradoras, donde ocupó cargos de gerente y vicegerente de la Inmobiliaria de Seguros. Él se especializó en seguros en Suiza.

En la aseguradora de California a Mariano le tocó viajar por todos los EU, y en casi todos los lugares que visitaba --especialmente en los hoteles donde se alojaba-- la gente que arregla los cuartos son minorías, y “cuando me encontraba con latinos les hablaba en español, y me encontré con muchos nicaragüenses hace 25 años”.

Mucha de esa gente eran emigrantes que llegaron sin papeles a EU, por “lo que comencé a intervenir a favor de esa gente en muchos estados, y la ayuda que les prestaba era primero decirles que iba para Nicaragua y si querían enviar algún dinero a su familia él se los traía sin ningún costo”.

Estando en Preston, Nueva Jersey, un muchacho que limpiaba en un hotel “me preguntó que si tenía música nicaragüense. No, le dije, pero de repente comencé a reunirme con los nicas, y comencé a ver cómo los adultos añoraban Nicaragua, pero sus hijos ya estaban perdiendo los valores culturales de su nación, porque ni español hablaban.

Una de las maneras que se le ocurrió para promover la cultura nicaragüense entre los nicas, fue por medio de la música. Así que también volví a “Nicaragua y me puse en contacto con Jacinto Acosta, Gerente de la Discoteca Juvenil, y así comencé a distribuir música nicaragüense por los Estados Unidos”.

Y como tenía un primo vinculado a la Buena Nota --que existió en las ruinas del Gran Hotel-- un día llegó a divertirse cuando estaba cantando Luis Enrique Mejía Godoy, y pensó que le gustaría que los nicas en San Francisco escucharan al cantautor. Un día su primo, Rolando Bermúdez, lo llevó donde Luis Enrique, y así se amarró una gira por San Francisco.

Este proyecto comenzó a tomar fuerza, porque después llevó a San Francisco a Carlos Mejía Godoy, al imitador Luis Enrique Calderón, a Llama Viva, a Macolla, a La Nueva Compañía, a Otto de la Rocha, y hasta escribió para un periódico que se llamó “La Nueva Prensa” en el área de la bahía de San Francisco.

Paralelo a eso, también comenzó a elaborar discos compactos con la poesía de Rubén Darío, a quien considera como el Shakespeare latinoamericano, y hasta participó en la elaboración de un DVD con Ofilio Picón, donde se musicalizaron varios poemas del laureado Rubén. También les sacó un disco a Llama Viva y al guitarrista Ricardo Palma, otro sobre el terremoto de 1972 que devastó Managua.




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