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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Miércoles 07 de Enero de 2009 - Edición 10202
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Mensajes callejeros, ¿son realmente efectivos?


Dicen que los que dominan los medios masivos de comunicación son los que ostentan el poder, lo cual hasta cierto punto no deja de ser cierto. Las impresiones de mensajes en rótulos y mantas que vemos por doquier, aunado al mensaje abstracto de rezadores abanderados que observamos en la capital, complementan el bombardeo publicitario masivo cotidiano en la televisión a favor de la pareja presidencial y su “Gobierno de Unidad y Reconciliación”, publicidad televisiva menospreciada de forma errónea por el PLC, al que a diario le pasan su factura televisiva en el Canal 12 con consecuencias que a estas alturas no han podido predecir y hasta cierto punto menosprecian.

Se hace difícil circular por las calles de la capital sin dejarse impresionar por los enormes rótulos presidenciales que invaden la vía pública robándonos un pedazo de cielo. Nos encontramos con mensajes en mantas de diferentes materiales, colores pintorescos enchichados, alucinantes, hasta nublar la visión, “El amor es más fuerte que el odio”, ahora sustituyéndose por “Cantemos al amor de los amores.” Y muchos más.

Hay una enorme preocupación por el partido de la pareja presidencial por elaborar mensajes más refinados y variados, obviamente ante la falta de efectividad de los mismos, ante su frustración, la cantidad y variedad va in crescendo con el objetivo que de una u otra manera tengan un efecto positivo en la consciencia del pueblo, el eterno conflicto de querer confundir la realidad con las palabras, como si por medio del cambio de éstas también cambiamos la realidad, pero ¿se estará estableciendo un canal de comunicación efectivo entre el pueblo como receptor y la pareja presidencial como emisores de los mismos? En lo personal creo que no.

La constante modificación de los mensajes, combinación de colores policromáticos, buen trabajo para los profesionales de las artes visuales, ¿no?. Frases, oraciones, versos, poesía, trozos de canciones, alabanzas, etc. Sólo reflejan la impotencia de lograr sus objetivos y demuestran su fracaso mediático. No han podido lograr que sus mensajes cohesionen a la sociedad a su favor porque se hacen incongruentes con la realidad, y menos que hayan logrado el efecto persuasivo colectivo deseado, muy por el contrario la sociedad ha sido crítica de los mismo, por tanta futilidad mediática dirigida a ensalzar la personalidad del señor presidente, es decir que tampoco los medios de difusión de mensajes en la vía pública, como rótulos, mantas y rezadores, han tenido eco en la consciencia pública. Es preocupante porque está demostrado que cuando fracasa la persuasión social por medio de los mensajes que los vemos a mares, el recurso siguiente es hacer uso de la violencia.

La intencionalidad estética en la elaboración de los mensajes por medio de colores delirantes hasta provocar ceguera no ha dado los frutos deseados, han impactado los sentidos, no lo dudo, sobre todo el de la vista, pero no han logrado su función dominadora deseada. Debe comprenderse que por mucho que trabajen en la elaboración de mensajes hasta sin descanso en el departamento de marketing del partido oficial éstos no tendrán ningún impacto más allá del sentido de la vista, si no son adaptados a la realidad que estamos viviendo, y la mayoría de la población ya está cansada de tanto mesianismo, politiquería y calambures mediáticos insulsos. Hasta cierto punto han menospreciado la inteligencia del pueblo, han comprendido mal la intencionalidad de sus propios mensajes y no han establecido un feedback con el pueblo. Nos han dado tanta toxicidad publicitaria que es difícil que no nos sintamos enfermos.

Un producto no se vende solo, es la combinación de una buena calidad con una buena publicidad. Enmarcándonos en nuestra realidad política los mensajes deben ir acorde con nuestra vivencia cotidiana, es ilógico que el pueblo acepte un mensaje de amor cuando en la práctica lo que se está engendrando es odio y violencia cubiertos con la misma manta que habla de la fortaleza del amor, es difícil que el pueblo acepte un mensaje en que se lucha por los pobres cuando se vive como rico, y se saluda desde un Mercedes Benz, pero al fin y al cabo los formuladores de estos mensajes tiene que hacerlos, ya que eso precisamente es lo que sostiene sus privilegios; la demagogia.

Para conocer la efectividad de los mensajes contenidos en rótulos, mantas y rezadores, el partido oficial debe autoevaluarse, pero no en el departamento de Agitación y Propaganda de la secretaría de su partido porque estarían introduciendo un gran sesgo al existir relaciones autoritarias, verticales, sino dentro de las entrañas de los receptores que somos nosotros, como receptores tangenciales, el pueblo. ¿Por qué a nosotros? Porque es precisamente a quienes va dirigida su campaña impositiva, y no sólo evaluar mediante una simple encuesta o fórmulas de mercadotecnia, sino también mediante un diálogo franco con el pueblo, por una razón sencilla, tanto derroche publicitario estatal no les asegurará de ninguna manera un final exitoso, quizás nosotros también por medio de nuestra opinión contribuyamos a un mejor ornato de nuestra capital, o será que hacen suyas las palabras de Goebbels, “no hay propaganda moral o inmoral. Hay propaganda efectiva o no” y si la propaganda ni es moral ni es efectiva, para qué tanto desperdicio de recursos, si no se cumple el principio sagrado de la información colectiva que es la eficacia.

Dios quiera que este año nuevo y los venideros sepamos enfrentar la crisis económica-política, porque cuando ésta sobrevenga y no la sepamos enfrentar, no habrá mensaje que valga e inexorablemente se echará mano a la represión. No es un problema de carencia de recursos técnicos ni de limitación plástica sino la falta de un lenguaje que nos comunique a todos, que nos integre como un solo núcleo social, que nos sintamos dueños de un mismo mensaje, que articule tanto a emisores como a receptores y eso se logrará por medio de mensajes que sean de beneficio para toda la sociedad; los mensajes que educan.




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