ene 29, 2009
Muertos al acecho
En monimbó
Otro dolor de cabeza de los tunantes de Monimbó es el muerto o aparecido. Encontrar los tunantes al muerto es cosa tan frecuente como encontrar las ceguas. Sin embargo, aquél es más temido y causa más pánico.
En la oscuridad de la noche el tunante advierte, cruzado en el camino o callejuelas del barrio, un bulto blanco. Inmediatamente se apodera del trasnochador un miedo terrible, una especie de calambre, y no puede retroceder. El aspecto del bulto es vaporoso.
El indio, repuesto de la primera impresión, echa mano a su cutacha de cruz; y, si lleva prisa, avanza rápidamente y la pasa metiendo de punta en la cabeza inconsistente del muerto. Éste desaparece como por ensalmo y se oye el ruido de un mosquero alborotado.
Si el tunante no lleva prisa, se acerca despacio al bulto acostado, le clava la cutacha en la cabeza y comienza de inmediato a rezar sus oraciones que, aunque las lleva en el bolsillo, se las sabe de memoria. A medida que va rezando, el bulto vaporoso va tomando consistencia y solidez, hasta quedar convertido en un ser humano hecho y derecho, varón, lleno de vida.
Cuando esto sucede, el tunante se va para su choza y el ex muerto se llena de tristeza y de pena. Y pasa así varios días, hasta que se muere de veras. Murió de pena, dicen todos los vecinos.
Eso sí, el ex muerto es desconocido para toda la gente del barrio. Le prodigan atenciones, lo asisten y lo entierran, pero por espíritu de caridad. Nada más.
Muchos creen que hay también ciertos hombres que tienen poder de vomitar su alma, para convertirse en fantasmas. Otros sostienen que beben algún brebaje para poderse convertir.
El objetivo del muerto o aparecido es el de ejercer venganzas o daños por rivalidades amorosas, envidias o disputas por intereses. Pues si el tunante espiado no anda prevenido, queda peor que jugado ‘e cegua: amanece muerto, con huellas moradas en el cuello y demás partes del cuerpo.
(*) Relato tomado de “El muerto o aparecido”, de Enrique Peña Hernández: “Folklore de Nicaragua”. Editorial Unión, Masaya, 1968.
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