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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 14 de Febrero de 2009
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feb 14, 2009

Pláticas con Luis García Montero

Poesía Española

El poeta, ensayista y catedrático español Luis García Montero, quien asiste al V Festival Internacional de Poesía de Granada, 2009, habla aquí sobre su obra y sus espectativas acerca del Festival


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“La poesía no es patrimonio de los héroes porque los héroes no existen”

El que imagine a Luis García Montero (Granada –España, 1958) como al poeta que todo lo contempla desde su alejada torre de marfil, donde vive rodeado de sus musas y apartado del mundanal ruido, se equivoca de pleno. Deliberadamente, cuando tuvo que escoger por dónde quería desarrollar su carrera literaria, decidió que no podía ir de mejor manera que de la mano de la propia vida. Por eso en sus poemas no se encuentran oscuras reflexiones metafísicas sólo aptas para sesudos con ganas de buscarle tres o más pies al gato. Por eso en sus versos se puede coger tranquilamente un taxi si te llama tu amor con urgencia o volar a doce mil pies de altura, de regreso, con Nueva York al fondo y una muchacha triste por la despedida.

En el minoritario mundo de la poesía, los libros de García Montero copan todas las listas de los más vendidos y sus versos han llegado aún más lejos gracias a la voz de cantantes como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Enrique Urquijo o Miguel Ríos, entre otros. García Montero es también catedrático de Literatura en la Universidad de Granada, donde muchos alumnos, todos los años, hacen colas para matricularse en sus asignaturas. Es verdad que no suele suspender a nadie, pero debe haber más motivos para que los estudiantes quieran tenerlo como profesor. Por ejemplo, el gusto de escucharle hablar de literatura medieval justo después de leer un poema de Jaime Gil de Biedma en el que dos amantes despiertan al alba después de una noche intensa de amor.

Casado con la novelista Almudena Grandes, vive a caballo entre Granada y Madrid, o mejor dicho, de continente en continente, pues sus compromisos literarios le obligan con tal vez más frecuencia de la que él deseara a dormir muchas noches en habitaciones de hoteles de medio mundo. Cuando el trabajo se lo permite y coincide que esa semana el Madrid juega en casa, no deja de ir, con su carné de socio, al Santiago Bernabéu. Hay a quien le cuesta trabajo creer que el que se perfila como uno de los más grandes poetas e intelectuales de final del XX y principios del XXI no sólo sea forofo del Real Madrid, sino que haya sido capaz incluso de dedicarle un poema. Es un lujo que solamente pueden permitirse los poetas verdaderos, como Rafael Alberti, su maestro y amigo, que le dedicó un poema al portero húngaro del Barça, Platko.

Que la realidad y el día a día son la única materia posible y honesta para un escritor que no se quiera andar por los cerros de Úbeda lo demuestra no sólo en sus poemas, sino en su cita semanal en el diario El País, donde cada sábado, desde hace años, publica columnas de opinión en las que despacha asuntos de actualidad con la naturalidad del que sabe domar el idioma para que parezca algo más que una sucesión de frases con sentido.

El pasado 4 de diciembre cumplió medio siglo. Su trayectoria literaria es una de las más impresionantes de los poetas españoles de su generación, del que sin duda es el principal representante. Libros de poemas como ‘Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn’ (1980), ‘Diario cómplice’ (1987), ‘El jardín extranjero’ (1989), ‘Habitaciones separadas’ (1994), ‘Completamente viernes’ (1998), ‘La intimidad de la serpiente’ (2003) o ‘Vista cansada’ (2008), forman ya parte protagonista de la historia de la literatura española. Además, su actividad como ensayista es ampliamente reconocida, con libros como ‘El sexto día’ (2000), ‘Los dueños del vacío’ (2006) o ‘Inquietudes bárbaras’ (2008).

A sus espaldas tiene los más importantes galardones literarios como el Premio Nacional de Poesía, el de la Crítica, el Loewe, el Adonais y, sobre todo, uno del que pocos escritores de su tiempo pueden presumir: la complicidad de miles de lectores que han encontrado en sus poemas una justificación para la vida.

-Decía el poeta Ángel González que “escribir un poema se parece a un orgasmo”. ¿Cuándo y cómo fue su primera vez?
Para mí la poesía fue como las novelas de aventuras. Mi padre solía leer en alto sus poemas preferidos, esos que tenían planteamiento, nudo y desenlace. Aprendí lo que era la rebeldía en la ‘Canción del pirata’, de Espronceda, o lo que era el amor con ‘El Tren expreso’ de Campoamor, un poema que siempre repetía mi padre. El primer poema que escribí fue una glosa precisamente a ese poema. Yo quería que el poema tuviese un final feliz, que la chica rubia y francesa, digna de ser morena y sevillana fuera feliz y se casara con el protagonista. Por eso escribí una glosa y pasé del lector al escritor. Me convertí en el dueño del final del argumento.

-No son pocos los que aseguran que ‘corren malos tiempos para la lírica’ y también que la poesía no sirve para nada
No son malos tiempos para la lírica nunca. Desde la Edad Media surge, de vez en cuando, esa idea de que son malos tiempos para la poesía. Cada tiempo tiene que encontrar un sentido para la poesía. Estamos en un tiempo, por una parte muy homologador, donde hay creación de opiniones y modas que restan mucha importancia a la singularidad y, por otra parte, cuando se piensa en el individuo, casi siempre se identifica con el egoísmo, con algo no relacionado con los sueños y compromisos públicos. En ese sentido la poesía tiene una función y un papel que cumplir porque es un género que reivindica al individuo. No de manera egoísta sino de manera solidaria, porque intenta establecer un diálogo con el lector. Al mismo tiempo la poesía es respeto e investigación en el lenguaje, que es el mayor vínculo que existe en la sociedad entre los seres humanos. En una época muy fragmentaria como en la que vivimos los vínculos están muy heridos. Me parece importante esta toma de conciencia. Desde luego, la poesía tiene su función y por tanto es necesaria. Es verdad que es un género minoritario si se compara con otras expresiones artísticas como la música e incluso dentro de la literatura la novela, pero la poesía, aunque no tiene un público amplio, tiene sus lectores. Y es un público que se apasiona mucho por la poesía, que se siente orgulloso de sus propios gustos, que no la puedes moldear… De lo que se trata es de ir ampliando cada vez más ese grupo de lectores sin ningún tipo de populismo ni rebajar la calidad, sino intentar hacer una poesía que cumpla la función que se le exige en este momento.

-Es común que se suela identificar la poesía con la expresión de los sentimientos del poeta, pero usted reivindica el carácter de ficción del género.

Cualquier género artístico necesita su elaboración y la literatura, lógicamente, también. Normalmente, en el reparto de los géneros, se piensa que la poesía es algo espontáneo, la expresión de la individualidad, pero eso nunca es así, porque la poesía necesita ser expresión artística. No se puede decir lo primero que se te ocurra, entre otras cosas porque lo primero que suele ocurrírsele a uno, casi siempre, suele ser bastante convencional. No hay nada más establecido por los poderes sociales que la idea de que todos tenemos de ser originales. Nosotros nos educamos en un momento determinado y en unas ideas determinadas. Cuando nos confesamos, lo que nos salen son esas ideas, valores establecidos. La originalidad es una conquista. Exige mucho conocimiento, mucha indagación personal. En ese sentido, lo espontáneo no me ha resultado nunca demasiado atractivo. Prefiero pensar lo que digo. Independientemente de eso, el poeta puede partir de una experiencia personal, de unas lecturas, pero una cosa es el poeta y otra el poema. Una cosa es la biografía y otra distinta el arte. En ese proceso de elaboración que va desde la propia biografía al poema es donde se instala la ficción. Yo puedo contar una anécdota, pero tengo que darle significación para que comunique con el lector. Puedo utilizar mi propia vida, mis propios sentimientos, pero por sí mismos no valen porque entonces estaría ocupando el papel del notario, levantando acta de la realidad. Hay que buscar trascendencia, significado, algo que aporte una manera de sentir, de ver la realidad, y todo eso hay que elaborarlo. La poesía tiene también su elaboración, lo mismo que la novela o el teatro, es el mismo proceso.

-Poesía y vida, no obstante, tienen mucho que ver en su poesía…
La literatura tiene que tener mucho que ver con la vida y contar cosas que sucedan en la vida, pero para contar esas cosas lo importante es que sucedan en el poema. Hay que hacer que el poema, como territorio autónomo, tenga valor por sí mismo. En arte la verdad no es nunca un punto de partida, es una conquista. En la poética clásica se utilizaba el contexto de verosimilitud, que significa que lo que uno cuenta puede o no haber sucedido, pero debe parecer que está ocurriendo de verdad. Cuando uno se pone a escribir lo hace con el corazón en la mano. Pero una cosa es escribir con el corazón en la mano y otra que el poema parezca escrito con el corazón en la mano. Lo que hay que hacer es, sin traicionar los propios sentimientos, es utilizar los recursos literarios suficientes para que eso que estás contando parezca necesario y no una improvisación.

-Usted defiende “una poesía escrita por personas normales para personas normales”.

Cuando hice esta declaración tenía una voluntad provocadora porque casi siempre la poesía se identifica con la rareza, con la anormalidad. Quise defender que la rebeldía es patrimonio de las personas normales porque la originalidad y la singularidad pertenecen a los ciudadanos. No hay nada más raro que una persona normal. La poesía no es patrimonio de los héroes porque los héroes no existen, y eso sería condenar a la poesía a la inexistencia. En una época de homologación de las conciencias, de complejos mecanismos para imponer modas, la poesía representa a la conciencia individual.

-¿Considera que la poesía actual escrita en español goza de buena salud?
Creo que vivimos un buen momento en la poesía hispánica. Como no se trata de un género comercial, y la literatura se mueve cada vez más por criterios comerciales, a veces pasa desapercibida la calidad de la poesía que se está escribiendo. Pero lo importante es que se publican buenos libros, y que la poesía sigue representando la capacidad del ser humano para reivindicar su propia conciencia, para huir de los dogmas, para apostar por los matices. Escoger con cuidado un adjetivo y una música implica toda una forma de pensar el mundo sin prisas, en profundidad. Como decía Juan Ramón Jiménez, la obligación del poeta al viajar no es llegar más alto o más lejos, sino más hondo. En España, cuando los poetas han escrito sobre cosas que le interesan a la gente, la gente se ha interesado por la poesía. Creo que es una trampa confundir la calidad con el lenguaje oscuro. La salud de la poesía es la salud de la lengua, y la lengua es un bien público.

-¿Cree que la comunicación es fluida entre los poetas españoles e hispanoamericanos que comparten una misma lengua?
Me parece que encierra una verdad ese tópico de que la patria de un escritor es su idioma. La poesía escrita en un mismo idioma traza un territorio de intimidad entre autores y lectores. El tópico, por supuesto, debe matizarse desde diversas perspectivas. Un idioma tan extenso como el nuestro ofrece una verdadera unidad, pero sin centros. La literatura es el mejor lugar para que sea posible este reconocimiento de la singularidad en una tradición compartida. El diálogo entre los poetas españoles y americanos ha sido siempre muy fructífero. La poesía española, por ejemplo, se transformó gracias al magisterio de Rubén Darío, o de Vicente Huidobro, o de Pablo Neruda. Sus viajes a España fueron importantísimos para los creadores españoles. Creo que lo mismo puede decirse de la presencia de poetas españoles en América Latina
-En febrero de 2009 participará en el V Festival Internacional de Poesía de Granada, en Nicaragua. ¿Qué opinión le merece la poesía producida en este país centroamericano?
Nicaragua es una de las tradiciones poéticas más importantes de nuestro idioma. Rubén Darío, Coronel Urtecho, Mejía Sánchez, Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, son grandes poetas que forman parte de mis lecturas más fructíferas. Cuando en Granada empezamos a escribir en busca de otra sentimentalidad, bajo el magisterio de Antonio Machado, nos interesaba reconocer los sentimientos como un territorio histórico, un espacio compartido. En ese sentido queríamos unir la meditación histórica con la indagación en nuestra propia intimidad. El amor era inseparable, por ejemplo, del compromiso. Poetas como Ernesto Cardenal, o como el salvadoreño Roque Dalton, me ayudaron a caminar por ese rumbo. Después he conocido la poesía de Gioconda Belli y de Francisco de Asís Fernández, y la he leído con complicidad. Quiero aprovechar este viaje a Nicaragua para conocer la poesía más joven.

Tomado de www.caratula.net



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