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feb 26, 2009

Muertos o aparecidos

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Otro dolor de cabeza de los tunantes de Monimbó es el muerto o aparecido. Encontrar los tunantes a un muerto es cosa tan frecuente como hallar a las ceguas. Sin embargo, aquél es más temido y causa más pánico que éstas.

En la oscuridad de la noche el tunante advierte, cruzado en el camino o callejuelas del barrio, un bulto blanco. Inmediatamente se apodera del trasnochador un miedo terrible, una especie de calambre y no puede retroceder.

El aspecto del bulto es vaporoso. El indio, repuesto de la primera impresión, echa mano a su cutacha de cruz, y, si lleva prisa, avanza rápidamente y la pasa metiendo de punta en la cabeza inconsistente del muerto. Rápidamente, éste desaparece, como por ensalmo, y se oye el ruido de un mosquetero alborotado.

Si el tunante no lleva prisa, se acerca despacio al bulto acostado, le clava la cutacha en la cabeza y comienza de inmediato a rezar sus oraciones que, aunque las lleva en el bolsillo, se las sabe de memoria. A medida que va rezando, el bulto vaporoso va tomando consistencia y solidez, hasta quedar convertido en un ser humano hecho y derecho, varón, lleno de vida.

Cuando esto sucede, cuando se efectuó la cogida del muerto, el tunante se va para su choza; y el ex muerto se llena de tristeza y de pena. Y pasa así varios días, hasta que se muere de veras. Murió de pena, dicen todos los vecinos.

Eso sí, el ex muerto es desconocido para toda la gente del barrio. Le prodigan atenciones, lo asisten y lo entierran, pero por espíritu de caridad. Nada más.

Muchos creen que hay ciertos hombres que tienen el poder de vomitar su alma para convertirse en fantasmas. Otros sostienen que beben algún “brebaje” o “preparación” para poderse convertir.

El objetivo de los muertos o aparecidos es el de ejercer venganza o daño por rivalidades amorosas, envidias, o disputas por intereses. Pues si el tunante espiado no anda prevenido, queda peor que jugado ‘e cegua: amanece muerto, con huellas moradas en el cuello y demás partes del cuerpo....

(Tomado de “El muerto o aparecido” de Enrique Peña Hernández: Folklore de Nicaragua. Editorial Unión, Masaya, 1968) Leyendas Nicaragüenses.



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