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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 27 de Febrero de 2009 - Edición 10
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¿Tolerancia o respeto?


¡En algún momento tenía que destaparse la olla del submundo del racismo! Contradictoriamente en el único país del área donde a punto de luchas y contradicciones combinadas con la terquedad de unos pueblos dispuestos a mantener sus identidades, culturas e idiosincrasias, como una pequeña nación dentro de la nación; que ha dejado como resultados la aceptación y el entendimiento de que éste es un país multicultural/multilingüe/multiétnico, y una ley de Autonomía Costeña que debería permitir el ejercicio pleno de los y las costeños a la conducción de sus destinos en el marco de su estado actual (sujeta a profundizar). “¿Será entonces posible que exista racismo aún con todo esto?”.

Justamente en julio de 2004, nos preguntábamos: ¿No hay discriminación en Nicaragua? Frente a la aseveración del entonces gobierno que decía que en Nicaragua no hay discriminación, no sólo nos sorprendió a los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, sino también al entonces relator en temas de Racismo y discriminación del Alto Comisionado de Naciones Unidas, Doudou Diene (de origen senagués), que anduvo de visita en ese entonces. Aun muchos nos acordamos de su clamor cuando con firmeza dijo “No es posible que la discriminación no exista en Nicaragua” debido a que encontró incongruencias en el planteamiento del gobierno, que aseguró “que no hay discriminación” y el de las comunidades indígenas y afro, que manifestaron que sí “hay un profundo racismo” y hoy por hoy se “da la razón a la verdad”.

En la actualidad la sensación ha sido que sí hay racismo. Existe un reconocimiento implícito de racismo por parte de las instituciones gubernamentales que como consecuencia se han visto indicios de una voluntad política para rectificar y respetar los derechos integrales, que como sujetos históricos tenemos y nos merecemos los costeños (as). De lo contrario, las instituciones del estado no les hubiesen dado la magnitud a las denuncias interpuestas sobre discriminación racial. Aplaudo esta visión. Y reconozcamos también la madurez y sensibilidad que tiene otros sectores sociales y conciudadanos a título personal sobre el tema en cuestión, quienes han venido aportando a la lucha contra el racismo, por el respeto y las reivindicaciones de los ultrajados e irrespetados.

Pero también debemos reconocer con mucha responsabilidad y ecuanimidad que el destape y rompimiento de este iceberg racial es producto del esfuerzo de unidad y de entendimiento que hemos venido haciendo los costeños, afro e indígenas en el sentido de re-dignificar y refortalecer nuestra identidad, que ha corrido el riesgo de perderse por diversos intereses endógenos y exógenos, en el mundo global y el mundo chiquito de Nicaragua.

Si analizamos bien, las recientes denuncias sobre discriminación racial (prácticas racistas), en el ámbito de la diversión/recreación – social, no debe entenderse como un fenómeno aislado, como lo quisieran entender algunos, dejando entrever que en el mundo de la diversión “todo pasa”, por lo tanto el delito de “discriminación racial es “subjetivo” o “desquite”, grave error de los que piensan así, porque a mi juicio este hecho es un indicador de medición que deja entrever el desprecio y el odio racial, que sumados a otras expresiones raciales de carácter políticos y/o económicos, de existir, sería alarmante y una amenaza desde todo punto de vista.

Ahora bien, sobre la promoción de la discriminación racial/ social, expresada por estos centros de diversiones en mención, mi pregunta es, a qué juegan estos empresarios, ¿ no es a ganar plata? O además de esto quieren desafiar las leyes que penalizan estos casos ya sea por ignorancia o simplemente porque no les interesa el principio del respeto a sus semejantes.

Pues deberían aprender de otros establecimientos de empresarios lúcidos que combinan la ganancia para mantener sus empresas, y la promoción del arte y cultura nacional, sin prejuicios raciales ni de clases, visión empresarial que les han merecido muchos respetos y simpatías de todos los sectores de la sociedad, caso ejemplar “Ruta Maya”. De igual manera, hay otros establecimientos como Club Costeño, Four Brothers, Country Custom, El Puerto, Bambullee, Caribbean jubilee, entre otros, que dicho sea de paso son empresarios negros todos, que además de tener ganancias, que es su razón de ser, han venido promocionando los encuentros entre las culturas del pacifico con la del atlántico, que son momentos de diversiones en donde no se encuentran diferencias ni de clases, ni de razas ni de ningún otro tipos de prejuicios que les han sido señaladas a los centros en cuestión.

Mi interpretación a manera simplista, como costeño/ afrodescendiente, en torno a la responsabilidad en la atención a los hechos evidentes de discriminación racial en general, no es apelando a la Tolerancia social/individual en el sentido estricto del concepto, para mí la tolerancia racial en el contexto actual no existe, no se aplica, no se entiende, “yo no quiero que nadie me tolere por mi condición de raza”, “eso es racismo solapado”, “yo quiero que se me respete”, “como yo a ti”, la convivencia pacífica entre los seres humanos se da primero y ante todo por el “Respeto”. El respeto humano nos lo merecemos con leyes o sin leyes, casi me atrevería a pensar que los que promocionan y aprueban leyes para penalizar las discriminaciones raciales y sociales, para proteger a los “pobrecitos negros e indios”, también pecan de prejuicios raciales. “Se supone que todos somos iguales ante la naturaleza, Dios, las leyes y lo demás”.

¡Hay que respetar a los negros e indios! ¡Por el bien del desarrollo de este país!




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