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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 04 de Abril de 2009 - Edición 10289
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En mitad del camino


Un amigo está a punto de cumplir los cincuenta años. Es fotógrafo y ha puesto su cámara en muchos lugares donde estuvo cerca el dolor, la muerte y el peligro. También en la sonrisa, si vieran las fotos que consigue con un niño y una sonrisa, a pesar de encontrarse niño y sonrisa, en medio de la nada.

Como todos los fotógrafos de guerra, según dicen, está loco, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Loco porque es divertido y porque no tiene reparos, y porque habla, con un tartamudeo especial, sin pelos en la lengua. Ése es el buen sentido. Loco también porque la violencia que ha visto se le mete dentro a veces y se pelea con el mundo de las cosas invisibles. Ése es el malo, porque a menudo toca aguantar sus llamaradas descontroladas. Fuma y toma mucho, pero tiene un humor punzante al que nadie le iguala, y de algún modo, uno tiene que estar despierto siempre a su lado para no quedar como baboso.

He viajado mucho con él para hacer posibles algunos reportajes y aunque es bastante mayor que yo, habla de cosas que conocemos los dos. Sólo que a él le quedan muy pocos países en el mundo por ver, muy pocas catástrofes que fotografiar. Al volver de cada viaje, se esmera en cocinar platos exquisitos y en invitar, junto a su compañera, a sus amigos. La cocina le relaja. Es un exceso en todo. Y es difícil convencerle ya de algo, al menos con palabras, porque tiene una contestación y una defensa bien armada, tosca, agresiva pero ingeniosa para todo.

Su forma de mirarte se ha contagiado de la del objetivo de su cámara, y más que mirarte te ausculta, buscándote el ángulo para hacerse la imagen. Te tenés que proteger, porque el jo… es capaz de hacerte botar la gorra disparando a tus puntos débiles. Lo bueno es que sabe cuando tiene que guardar silencio.

Una colección de libros de fotografía muy valiosa, una vajilla, objetos traídos para la memoria sentimental de decenas de países, libros dedicados, ropa original, y un montón de DVD, y negativos donde guarda el conjunto de su obra foto periodística. Todo eso guardado en un pequeño apartamento. Ésa es su vida contenida. Ahora estaba empezando a organizar su obra en una página web (www.juancarlostomasi.com), porque le aconsejaron que lo hiciera para que no se dispersara. Cuando tiene dinero, lo primero que hace es gastarlo en comidas y más viajes. Tan rápido le llega como tan rápido se le va. Su ritmo de vida es vertiginoso, y eso que está a punto de cumplir cincuenta años, aunque parece que tengan treinta. Además, le he conocido amores de arrebato y de película.

Con todo lo que ha visto, él dice que ya no cree en nada más que en la vida y en los buenos momentos y en disfrutar esos momentos sin demasiadas amarguras ni dudas. Yo no sabía si creía o no realmente en esa fe en la vida que profesa, hasta que el otro día le ocurrió una desgracia, en la que por fortuna no murió nadie.

Mientras estábamos de viaje, recibió una llamada desde su ciudad. Era su compañera anunciándole que acababa de ocurrir un incendio. Yo sólo escuché la palabra “incendio” repetida por él y no supe su magnitud hasta que él fue preguntando una a una por sus cosas. Y una a una habían perecido por las llamas. Ocurrió de noche. Todavía no se sabe lo que se prendió. Una chispa, un roce de cables, algo tan mínimo como eso. Por suerte, su compañera pudo salir a tiempo antes de dormirse por completo. Pero no quedaba nada. Los libros, las fotografías, la computadora y todo el apartamento se convirtió en cenizas, afectando incluso a las casa vecinas.

No pudo encontrar la manera de volverse más temprano y, al final, decidió acabar el trabajo que teníamos que hacer. Se pasó los días animando por teléfono a su compañera y diciéndole que lo importante estaba a salvo, y ésa era su vida. Luego, él ha ido cambiando su estado de ánimo de la ira al humor. Dice que su vida ya ha tenido que empezarla muchas veces, y le creo. Pero ahora que estamos a la vuelta del viaje, le miro a los ojos y da pesar lo abrumado que está por todo lo que le espera. Ni más ni menos, que comenzar de nuevo, según dice. Porque no se trataba de las cosas solamente.

Él dice que esto es un mensaje, y yo se lo he pedido para este artículo. No he dejado de recordar precisamente uno de los comienzos más impresionantes de la Literatura de todos los tiempos, el de la Divina Comedia de Dante: “Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura…”; “A mitad del camino de la vida, me encontré en una selva oscura, por haber perdido el sendero bueno. ¡Ah! ¡CuAn penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi temor, temor tan triste que la muerte no lo es tanto! Pero antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he visto.”
Mi amigo, el de la cámara que lo ha visto todo, está a punto de cumplir cincuenta años, en la mitad del camino de su vida. He visto con él lo que ha quedado de sus cosas, de sus libros, de sus fotos: nada, absolutamente. La destrucción es aún más grande de lo esperado. Y ahora como si tuviera que hacer una historia fotográfica de sí mismo, tiene que empezar de nuevo. Otra vez, le toca creer más que nunca en la vida. Y para ello, seguro tendrá que acordarse en particular de las sonrisas y los niños.

franciscosancho@hotmail.com

web del fotógrafo: www.juancarlostomasi.com




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