Apostando a perder
Fermín Pineda Acosta Recientemente la revista especializada en asuntos internacionales Newsweek, en su edición en español, publicó un artículo titulado “La caída del zar petrolero”, en el cual explica con detalles cómo el significativo y vertiginoso descenso de los precios internacionales del petróleo, ha debilitado la economía y los proyectos políticos de tres líderes autócratas, cuyos regímenes han sido motivo de constante preocupación para la comunidad democrática de naciones. Se trata nada menos y nada más que de Vladimir Putin de Rusia, Mahmoud Ahmadinejad de Irán, y Hugo Chávez de Venezuela. Mientras tanto, en Nicaragua, el presidente Daniel Ortega ha recomendado a la empresa privada buscar en estos países nuevos mercados para la exportación de los productos nicaragüenses, al tiempo que la política exterior de actual gobierno se acoge a la ilusoria idea de que alrededor de Caracas, Teherán y Moscú, se erige un nuevo eje de poder que vendrá a reemplazar a la agónica y decadente hegemonía estadounidense. Desde esta perspectiva, estará consciente el presidente Ortega del riesgo que implica seguir sus consejos “empresariales” y confiar en su apuesta geopolítica.
Examinemos algunos hechos concretos. Cuando los precios internacionales del petróleo alcanzaron su máximo histórico de 147 dólares por barril hace aproximadamente seis meses, la arrogancia de los líderes petroleros llegaba a su clímax. Vladimir Putin envió tanques a Georgia para dejar claro el interés ruso de restaurar su dominio sobre el espacio geográfico que alguna vez controlara el antiguo imperio soviético. Mahmoud Ahmadinejad no se cansaba de afirmar que la era del dólar estaba llegando a su fin y simultáneamente desafiaba a diario a la comunidad internacional con su programa de enriquecimiento de uranio. Hugo Chávez viajaba a Rusia a negociar acuerdos para la compra de armas y sus insultos a Estados Unidos iban en aumento. Hoy las cosas lucen bastante diferentes con la economía en picada y el precio del barril de petróleo por debajo de los 40 dólares. El trío Putin, Chávez y Ahmadinejad ha perdido fuerza y parece cada vez más vulnerable a la inflación, el desempleo y el descontento político existente en sus respectivos países.
Entre las potencias emergentes, llamadas “BRICS” (Brasil, Rusia, India y China), Rusia es la más afectada por la crisis financiera global. Luego de la invasión a Georgia, que desde el punto de vista económico debilitó la confianza interna y externa de los inversionistas, se presentó con notable velocidad la crisis financiera global, afectando los niveles de liquidez en la economía rusa. En Rusia, los inversionistas huyen más rápido que de cualquier otro mercado emergente, razón por la cual su mercado bursátil ha caído un 75 por ciento desde el verano pasado. En los últimos meses, el gobierno de Moscú ha gastado casi un tercio de sus 650,000 millones de dólares de sus reservas internacionales para mantener a flote al rublo.
De un crecimiento del PIB de 8.1 por ciento en el año 2007, Rusia pasó a una expansión de 6.1 por ciento en el 2008, y a una contracción esperada de -1.5 por ciento, el año actual. Se estima, además, que la inversión caerá 8 por ciento este año. El déficit fiscal en el 2009 será de 5 a 6 por ciento, aproximadamente, y la inflación entre 12 y 14 por ciento. Con respecto al empleo, el número de los registrados desempleados ha crecido 20 por ciento desde el 1 de Octubre del 2008. Junto a lo anterior, en el mercado laboral ruso los atrasos en el pago de las remuneraciones se han convertido en una constante, debido a la falta de fondos al nivel de las empresas y debido también a falta de pagos del presupuesto público. El descontento con el gobierno es cada vez mayor y la estabilidad política del régimen podría verse afectada.
En Irán, el creciente desempleo y el deterioro de las finanzas están complicando el panorama político interno de Ahmadinejad, quien ya se encuentra enfrentado a buena parte de la comunidad internacional y sancionado por las Naciones Unidas. Las fábricas están cerrando en masa, la inflación se encuentra en un 26 por ciento y al cerrar el año el gobierno habrá tenido que recurrir al 25 por ciento de sus reservas internacionales para evitar el naufragio de la economía iraní. Dos presidentes del Banco Central de Irán han renunciado durante el mandato de Ahmadinejad, el último acusó públicamente al gobernante de saquear el fondo soberano del país. Quizás los días de Ahmadinejad en el cargo estén contados, ya que el ex presidente Mohammad Khatami está listo para disputarle la presidencia a Ahmadinejad en las elecciones nacionales de junio
próximo.
En Venezuela, el futuro de las finanzas es incierto y para finales de 2009 el gobierno habrá dispuesto del 38 por ciento de sus reservas extranjeras para sobrevivir. Estudios elaborados por Deutsche Bank colocan a Venezuela como el país más vulnerable, ya que el petróleo provee 94 de cada 100 dólares que ingresan al país. Se requiere crudo a 90 dólares para sostener el nivel actual de gasto público, el cual rebasa los 70,000 millones de dólares. En febrero pasado, la cesta petrolera venezolana cerró en un precio promedio de 36 dólares por barril, un valor que está muy por debajo de la estimación de 60 dólares por barril que se utilizó para el cálculo del presupuesto de este año. En los últimos siete meses, la cesta venezolana ha reportado una baja de 72 por ciento.
Las autoridades venezolanas han reconocido que como consecuencia de la caída de los precios internacionales del petróleo, los ingresos por las exportaciones de crudo registraron entre el tercer y cuarto trimestre del año pasado un descenso de 67.4 por ciento. El factor determinante de la preocupante situación venezolana es el evidente declive en la capacidad real de producción de crudo, entre otras causas por falta de inversión y la conversión de PDVSA en oneroso instrumento de geopolítica internacional. Venezuela es vulnerable a la crisis financiera internacional, entre otras cosas, porque goza de muy poca confianza en los mercados y el riesgo país se ha incrementado enormemente en los últimos años, lo que ha espantado la inversión extranjera de forma acelerada y masiva.
A pesar de todo lo anterior, el presidente Ortega insiste en que el futuro de nuestras relaciones comerciales y de cooperación pasa por fortalecer los lazos con los gobiernos de Rusia, Irán y Venezuela; países que ante los efectos de la crisis financiera mundial y la caída de los precios internacionales del petróleo, se encuentran más preocupados por vencer sus propios “demonios” internos para oxigenarse políticamente, que por salir al rescate de gobernantes amigos que representan una pesada carga en comparación con el valor estratégico que les reportan. Una vez más, como lo hiciera en los años ochenta, el presidente Ortega está apostando al bando de los futuros perdedores del gran juego geopolítico en curso, aun cuando en la actualidad dispone de mayores elementos e información para darse cuenta de lo irresponsable y equivocada que resulta su apuesta.
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