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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 06 de Junio de 2009 - Edición 10348
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Ignacio Larrañaga y la nueva evangelización


Insertos en un mundo en crisis, con sus valores y problemas, sus vicisitudes y esperanzas, en donde “crecientes multitudes – como lo declara el Concilio Vaticano II- se alejan prácticamente de la religión”, se hace un imperativo impostergable enfrentarse decididamente a ese fenómeno de la “descristianización” que preocupaba tanto al mil veces llorado Juan Pablo II y emprender con determinación el camino de una nueva evangelización que “es donde se concentra y despliega la entera misión de la Iglesia”.

Y ante una Iglesia que reflexiona mucho en profundidad, pero no enseña a orar de manera práctica y metódica, y un ser humano profundo y complejo que aún en medio del fasto y la suntuosidad sigue desolado y vacío, emerge un recurso práctico para acercarse a un encuentro personal con Dios: los Talleres de Oración y Vida (TOV).

Su fundador es nada menos que el padre Ignacio Larrañaga, un franciscano español que vino a nuestras tierras con un método práctico, como un taller, para enseñarnos a vivir la experiencia cristificante en nuestro corazón. A orar –dice el gran franciscano, autor de uno de los libros religiosos más leídos en la actualidad- se aprende orando. Una actividad vital como el “aprender haciendo” de los pedagogos modernos.

Pero los TOV no son solamente “Talleres de Oración”, sino “Talleres de Vida”, porque enseñan a vivir fundamentalmente en dos dimensiones: en la perspectiva humana, liberándonos de tristezas y angustias, y recuperando la alegría de vivir; y en la perspectiva cristiana, muriendo a todos aquellos rasgos que nos niegan como seres creados para la santidad y asumiendo los rasgos divinos de Jesús.

Porque los TOV son eso: una pedagogía para el cristiano comprometido. Y más que eso: un auténtico instrumento de evangelización que abarca el abanico integral de la vida humana y cristiana. Larrañaga nos habla, por eso, de tres dimensiones: los Talleres son, en primer lugar, una escuela de oración que nos enseña a relacionarnos con Dios; una escuela de vida como resultado de una profunda vivencia de la fe y del abandono hasta lograr la verdadera liberación interior y la alegría de vivir; y una escuela de conversión, hasta alcanzar la paciencia y la humildad que Jesús practicó.

Una escuela, en fin, abierta al mundo transido de Dios. Un servicio que abre sus brazos a todos los que, en el interior de su desolación y abandono, buscan sinceramente a Dios como se busca a un amigo. Porque la oración, como nos dijo de una manera inolvidable Teresa de Jesús, no es más que tratar de amistar con Aquel que sabemos que nos ama. 
Por sus puertas, anchas como el corazón de Nuestro Señor, han entrado católicos en su mayoría, pero también muchos agentes de pastoral, catequistas, diversos grupos apostólicos, los alejados de la Iglesia, los excluidos de los sacramentos, evangélicos de distintas denominaciones, judíos, luteranos, anglicanos, presbiterianos, baptistas… Son veinticinco años de esta obra evangelizadora que ha llevado – en cuatro continentes y en más de cuarenta países- su voz iluminadora a las cárceles, los sanatorios de enfermos de sida, los seminarios de teología, monasterios de clausura, hospitales de tuberculosos, barrios violentos, grupos de matrimonios, grupos de sacerdotes, grupos de homosexuales, matrimonios separados, alcohólicos, drogadictos...

Respondiendo con “ánimo generoso y prontitud de corazón a la voz de Cristo”, más de quince mil Guías se han enfrentado cara a cara con los más disímiles obstáculos para convertirse – como dice San Gregorio Magno- en los “obreros del Señor”. Y son muchos millones los Talleristas que, escuchando la voz de su Señor, han recogido la semilla que germina en el amor a Cristo Jesús y en el amor al prójimo, es decir, al próximo, al hermano más necesitado. Su compromiso es no sólo con Dios, sino consigo mismo y con los demás, porque “el hombre –nos recuerda Pablo Antonio Cuadra- es un yo que sólo puede realizarse en un nosotros”.

Y es que en cada Sesión del Taller, el participante va experimentando lenta, pero progresivamente, ese gran encuentro que tiene lugar en el centro mismo del corazón a través de la oración en dos líneas fundamentales: una, en la que Dios desciende para hablar con la persona, y otra en la que la persona sube para hablar (responder) con Dios. En ese gran Diálogo (encuentro) de amistad entre Jesús y nosotros, vamos sintiendo la fuerza transformadora de Dios para hacer de nosotros mismos una criatura nueva, libre y liberadora. Al recuperar el encanto de Dios –nos dice Larrañaga- recuperamos el encanto de la vida.

Por la evangelización --nos dice Su Santidad Juan Pablo II sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo-- “la Iglesia es construida y plasmada como comunidad de fe; más precisamente, como comunidad de una fe confesada en la adhesión a la Palabra de Dios, celebrada en los sacramentos, vivida en la caridad como alma de existencia moral cristiana”. Y Larrañaga responde con un Taller con una dimensión evangélica y una dimensión humanitaria, porque –como él mismo explica- colabora no sólo a hacer Iglesia sino también a hacer Sociedad porque contribuye a la unidad y fortalecimiento del individuo y de la familia.

Los brazos largos de los Talleres, tan grandes como el mundo, han venido también a Nicaragua, en donde funcionan desde 1987. Ochenta Guías, desplazados a lo largo y ancho de nuestro país, han impartido Talleres en Managua, Masaya, Carazo, Granada, Rivas, León, Chinandega, Boaco, Matagalpa, Estelí (en donde funciona también una Escuela de Formación de Guías), Jinotega y Bluefields. Y más de cincuenta mil Talleristas se han beneficiado con este servicio dentro de la Iglesia, aprobado por la Santa Sede el 4 de octubre de 1997.

El P. Ignacio Larrañaga estará con nosotros, en Managua, los días 11 y 12 de junio, en el Hotel Holiday Inn en donde impartirá charlas a los matrimonios y a los empresarios y profesionales en general, y el 14 de junio en el Teatro Nacional “Rubén Darío” en donde hablará para todo público.

Aprovechemos, amigos, esta visita. No esperemos el naufragio que desesperanzó al apóstol Pedro: “¡Sálvanos, Señor, que perecemos!”

rmatuslazo@cablenet.com.ni




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