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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 13 de Junio de 2009
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Nuevo Amanecer
jun 13, 2009

Recordando a mi padre: Raúl Elvir


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Raúl Elvir.

Hace diez años escribí unas notas In Memoriam, con ocasión de la muerte de mi padre Raúl Elvir, que El Nuevo Diario, por la intermediación del poeta y amigo Luis Rocha, tuvo a bien publicar. Aquellas palabras eran un mensaje sentido de una hija que perdía inesperadamente a su padre, amado y respetado por ella y por muchos otros, con el cual quería rendir homenaje a su memoria y destacar cualidades poco comunes que se sintetizaban en su persona de una manera bastante original.

A lo largo de estos años he releído esas notas y me he preguntado si ese mensaje, escrito bajo el impulso de un amor inmenso agigantado por el dolor de la pérdida, describía bien a la persona de mi padre. Me he interrogado también si acaso incomodé, involuntariamente, a quienes habiéndolo conocido no tuviesen de él la imagen que proyecté. Es posible que esas dudas me acompañen siempre.

No obstante, ahora que ya han pasado suficientes años y que el tiempo ha hecho su trabajo, removiendo recuerdos y ofreciendo otras perspectivas, quiero compartir de nuevo algunos legados de Raúl Elvir en homenaje a los diez años de su partida, con la esperanza de que sean aceptables para otros que le conocieron. Quiero destacar tres de sus grandes valores individuales por considerarlos muy actuales y porque a pesar de su importancia continuamente, los soslayamos. Con este testimonio quiero también rendir tributo a los padres nicaragüenses que con sus ejemplares vidas cotidianas engrandecen y ennoblecen el significado de la paternidad.

Amor incondicional a los hijos

El amor que dio a sus seis hijos no fue perfecto ni mucho menos, pero fue incondicional. Aunque tenía conciencia de nuestras limitaciones y fallas, no dejó por esta razón de querernos y hacernos sentir queridos. No era expresivo; por el contrario, era más bien huraño, quizás porque había sido educado por un padre de carrera militar y porque perdió a su madre cuando era apenas un niño. Sin embargo, podíamos percibir su ternura en su preocupación por nuestros modestos asuntos cotidianos y porque sabíamos en lo más profundo que disfrutaba de cada uno de nuestros sencillos éxitos en la misma forma en que sufría como algo propio nuestras tristezas y derrotas. Heredó a sus hijos un nítido ejemplo de buena paternidad de la que hoy son beneficiarios sus nietos y bisnietos.

Educar a los hijos para la vida

Era un obsesionado de la idea de que la mejor herencia a los hijos es su educación, pero no tanto la formal y acreditada, aunque ésta la consideraba importante, sino la que prepara para la vida, para ser buen jefe de familia, buen ciudadano y buen habitante del planeta. A sus hijos nos enseñó, entre muchas otras lecciones, el aprecio a otras culturas y a otras especies vivas; el aprecio al arte, la importancia de la historia como referente para el futuro, y ante todo, la sencilla premisa de respetar y apreciar a cada ser humano, más allá de sus defectos y virtudes, por la simple razón cristiana de que es un semejante. Quizás no fuimos los mejores alumnos de tales lecciones, pero lo cierto es que nunca desmayó en su esfuerzo por enseñárnoslas.

Liderar la familia como una pequeña sociedad

Como en cualquiera otra familia, le tocó administrar y negociar conflictos entre personas queridas. Solía hacerlo con respeto y compasión. No trataba de disuadirnos de una idea propia, sobre todo si estábamos seriamente convencidos de ella; solamente trataba de convencernos de investigar y comprender la perspectiva del otro. También trataba, afanosamente, de convencernos de que el cambio siempre es posible, de que ni las ideas ni las conductas humanas son definitivas y de que, por tanto, la mejor manera de vivir es esmerarse en la búsqueda permanente de nuevos aprendizajes.

Agradezco a mi padre que a su contribución de poeta y humanista haya hecho esta otra, la de padre ejemplar, de la cual me siento honrada y al mismo tiempo obligada a dar testimonio.


Tokio, 23 de junio de 2008.



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