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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Sábado 04 de Julio de 2009
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jul 4, 2009

Mitos y realidades La afrodescendencia

en el Pacífico de Nicaragua


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Mujer llevando bananos. Obra de Augusto Silva. Después de la esperanza. Obra de Augusto Silva.

Es evidente la condición de la Nicaragua actual como país multiétnico. En el territorio habitan descendientes de la población autóctona amerindia, criollos blancos, mestizos indohispanos; población negra de origen africano, mulatos, minorías asiáticas y las entremezclas de todos los tipos mencionados. Sin embargo, la falta de estudios tanto antropológicos como históricos tiende a generar confusiones y tienen entre otros resultados la ligereza de algunas afirmaciones. Dentro de esta lógica no existe un estudio de las proporciones de cada agrupación y su nivel de mezcolanza, periodo en el que este proceso se vino configurando, hasta dar como resultado el universo multicultural que hoy ostentamos

La población en el Pacífico-Centro Norte

Se puede describir “grosso modo” de la siguiente manera: en el Pacífico-Centro-Norte viven: una minoría de blancos (principalmente descendientes de españoles), mayoría de mestizos con alta proporción de indígenas, alguna población indígena que se reconoce como pura, finalmente una minoría de origen africano y asiático. Estas últimas entremezcladas con las anteriores no llegaron a conservar una cultura propia asimilando la cultura mestiza del indígena y europea. En esta misma dirección es válido anotar que se encuentran fenotipos de distinta tonalidad y forma: desde mestizos que pasan como blancos (en menor grado); aquellos en los que se acentúan los rasgos indígenas (la mayoría) y pasan como indios; y los “ni te entiendo” (una proporción considerable) que tienen de todo (blanco, indígena, “pringue” africano, etc.) un poco.


La población en las regiones Atlánticas
En lo que denominamos Regiones Atlánticas, por el contrario, la población se divide en etnias que aún conservan puros los rasgos básicos de su cultura original, como la población misquita suma, rama y la población criolla negra y mulata de cultura anglófona, aunque es válido hacer la salvedad de que no se puede hablar de pureza de genotipos con respecto a ciertas etnias. Ejemplo, en la etnia misquita hay un grupo que se reclama como indios puros y por otro lado los zambos, mezcla de indígenas y negros; los que reclaman ser afrodescendientes son también producto de mestizaje de negros con europeos (principalmente ingleses), a lo que se puede agregar la entremezcla de todos incluida la minoría asiática. En esta dirección hay etnias como los mayagnas que reclaman tanto pureza cultural como fenotípica

Las Confusiones

Muy recientemente se dio a conocer por parte del escritor Sergio Ramírez el libro “Tambor olvidado”, en donde el autor presenta distintos aspectos de la cultura negra que según él subyacen en el universo colectivo del Pacífico nicaragüense y que han sido omitidos por los estudiosos. Sin embargo, el rescate de esta parte de nuestra cultura no significa que se debe sobredimensionar sobre la base de especulaciones. Por ejemplo, Kühl nos habla de un rápido crecimiento de la población mulata en el siglo XVII que quizás sin pretenderlo da la impresión de que rebasó a las demás etnias. Si bien es cierto la traída de población negra como mano de obra sustituta de la población indígena a la América colonial fue un hecho histórico indiscutible, esto no derivó en la misma situación para todas las regiones.

En el área del Caribe español, en donde la población indígena fue diezmada en su totalidad, se importó mayor cantidad de esclavos, constituyendo estos últimos, además de la principal fuerza productiva, uno de los principales ingredientes demográficos. Esto se puede observar claramente en los tiempos actuales en las poblaciones de países como Cuba y República Dominicana, además de ello, las costumbres e idiosincrasia están profundamente marcadas en lo que se denomina cultura afro-caribeña.

Mas en el caso de otras regiones como Mesoamérica y Sudamérica, la población indígena aunque diezmada siguió siendo mayoritaria por tanto la principal fuerza productiva y como lo reafirma en su estudio Romero Vargas –en el caso de Nicaragua- hasta logró recuperarse del desgaste demográfico durante la dominación española. Por lo tanto, el ingrediente básico del mestizaje va a ser el español y el indígena con predominancia del último por su carácter mayoritario. Lo que es más, en territorios como Guatemala y Perú se conservaron además de la pureza racial, los rasgos básicos de su cultura como los idiomas nativos. Además desde los inicios del siglo XVI los españoles que vinieron solos se amancebaron y algunos hasta se casaron con mujeres indígenas, dando como resultado al mestizo, quien pasó después del indígena a ser el principal ingrediente étnico de la población de Mesoamérica, incluida la de Nicaragua.


La población de origen africano no fue mayoritaria en Nicaragua
La traída de población africana a estas regiones --como lo comprueban las fuentes-- se hizo principalmente para realizar ciertos tipos de actividades, entre las que se pueden señalar el procesamiento del añil y labores domésticas, por lo que no se requirió relativamente de grandes cantidades. En el caso del Pacífico de Nicaragua se dio principalmente en el siglo XVIII, y los dos núcleos de población negra esclava se ubicaron en Nandaime, Granada y en El Obraje (Belén) de Rivas. Pero además, en buena parte de los casos no se trataba de negros puros, debido a que se compraban en Panamá y en Jamaica, es decir, a intermediarios que no traían esclavos (negros y mulatos) propiamente del África sino de las mismas posesiones del Caribe. Otras pequeñas cantidades se distribuyeron en haciendas y propiedades del Occidente y Las Segovias.

El vínculo directo del hacendado criollo de origen español, sobre todo en la actividad doméstica, propició el origen de un nuevo híbrido: el mulato, quien vino a sumarse al mestizo mayoritario que ya señalamos. Los mulatos y negros en minoría y dispersos no llegaron a constituir núcleos cohesionados aún cuando en algunos tipos de ocupación se les ubicó juntos, como fue el caso de las milicias pardas en las fronteras del dominio español. Otro elemento de agrupación fue el de los barrios de mulatos como el San Felipe de León. Es notorio, según las fuentes, de que entre la mayoría de los negros y mulatos traídos al territorio venían más varones que mujeres, por lo que los mismos se unían a féminas mestizas e indígenas; los descendientes de estas uniones, que ya no eran mulatos, continuaron siendo asimilados por el mestizaje indígena del Pacífico. Es decir que el mismo indígena siguió siendo mayoría o el que más aportó en el mestizaje; incluso se debe valorar que tras el derrumbe del colonialismo español, el ingreso al territorio del resto de los integrantes fue menos fluido.

El indígena desgastado demográficamente en el S.XVI siguió siendo mayoría
Pero aún, estas relaciones estaban restringidas, porque la Corona española dictó disposiciones para impedir el ingreso de mestizos y otros elementos ajenos al mundo de las comunidades. Éstas fueron con el objeto de evitar en lo posible uniones maritales (y de hecho) de mestizos blancos y pardos con los indígenas ubicados en pueblos de indios y sometidos al sistema tributario, la mezcla racial como es lógico podía entrar en deterioro del más importante ingreso de la Corona: el tributo.

Esta política tuvo los efectos relativamente deseados por sus promotores, porque en una tasación de tributos realizada en los años de 1662 y 1692, se observa que las uniones matrimoniales entre la población indígena era principalmente endogámica y de escasa mezcla con otras razas; de un total de 6.314 adultos de ambos sexos (registrados como tributarios) en 29 comunidades tan solo se registran 69 matrimonios fuera de las mismas (las comunidades); en proporción estos 69 correspondían a: 35 mestizos, 24 mulatos 9 negros y 1 zambo.

Otro elemento de información es la tesis del Dr. Romero, quien asegura que en 1776 los ladinos (incluidos los mulatos) eran el 17% del total de población contra un 78 % de indígenas y un 5 % de blancos; un poco más hacia acá, entre 1810 y 1813 la variación es de un 23 % de ladinos, un 72 % de indios y el mismo 5 % de blancos (Romero: 1989 p.298). En 1870 Levy calculó un 55 % de indios un 4.5 % de blancos, un 40% de mestizos y un 0.5 % de negros (Levy 1965 p113).

Con independencia de la diferencia de las estimaciones notamos que primero hay coincidencias numéricas y porcentuales que demuestran el peso mayoritario de la cultura mestizo-indígena–española, y segundo que estas valoraciones, que son producto de estudios mas serios, contrastan totalmente con un informe que ha causado confusión en algunos escritores, tal como fue el del último gobernador español de Nicaragua, Manuel González Saravia, quien en 1820 llegó a estimar que la población mulata del país era de un 87 % (González: 1963 P.10); lo cual es totalmente anacrónico y carente de veracidad con respecto a informes, estudios anteriores y posteriores a este año que sí están debidamente sustentados.


¿Qué elementos de la cultura negra se pueden rescatar para el Pacífico?
En síntesis, los mulatos y en minoría los negros estuvieron limitados en torno a mantener las raíces originales de sus antepasados, primero por la escasa cantidad que fue traída al territorio, a lo que se agrega su dispersión porque al mezclarse con mestizos e indígenas asumieron la cultura, de éstos y no pudieron por tanto crear las grandes concentraciones que se dieron en el Caribe. Esta apreciación es evidente en los tiempos actuales, cuando no se observa en lo absoluto ningún indicio de prácticas de origen africano en la danza, los cantos, en el sistema de creencias religiosas, como es el caso de la “santería”, ampliamente practicada en las Antillas; ellos (los mulatos entremezclados) asumieron el universo mágico-religioso del mestizo y del indígena sin mayores aportaciones de su parte. En el léxico tan sólo se pueden rescatar algunas denominaciones en la dieta como las palabras “mondongo y pindongo”, esta última para designar a un producto del mestizaje indohispano del Pacífico: el nacatamal. Esto es válido para preguntarse si en estas condiciones fue mucho más cierto de que “el negro” del Pacífico, además de asimilar el maíz y otras cosas, aprendió también las danzas mestizas y originales del mundo precolombino mesoamericano.

Los viajeros describen los famosos “fandangos”, una especie de danza popular que por la descripción que hacen de sus movimientos y expresiones, posiblemente tenía raíces o entremezclas mulatas, lamentablemente ante la persecución de las autoridades civiles y religiosas, que la consideraban inmoral, este tipo de baile se extinguió en la segunda mitad del siglo XIX. Hay además productos de nuestros platos típicos como el “vaho”, que sospechosamente pueden ser de origen también mulato, y mejor dicho mulata por el involucramiento de algunas féminas mulatas en las labores domésticas en los núcleos productivos señalados; pero hay que someter estas suposiciones a su debida comprobación.

Una de las confusiones que pueden llegar a tener algunos escritores puede ser la denominación muy generalizada de “negro” para designar indistintamente a cualquier persona de color cobrizo y que se aplica aquí en el Pacífico principalmente a los descendientes de la población autóctona, en tanto resulta ser una expresión menos ofensiva que llamarle “indio” o “india” . Por lo tanto, los “cristos negros” que rescata el escritor Sergio Ramírez pueden ser más mestizos y más indígenas que mulatos y negros; la denominación más usual para los que presentan evidentes rasgos africanos ha sido (y es) la de “moreno”. Otro hecho que puede llevar a conclusiones erróneas es que la relación que existió en las actividades domésticas entre amos blancos y esclavas mulatas facilitó la mezcla entre ellos, llegando incluso a darse algunos matrimonios que a su vez dieron origen a descendientes cuarterones que combinaban el color blanco o canelo de su piel con fieles rasgos negroides. Esto es evidente hasta los tiempos actuales, a pesar del “descoloramiento” que se ha dado con el tiempo, debido al creciente interés de estas familias -que se solazan de su origen hispano- por borrar esa relación con las castas inferiores, concertando matrimonios con “blancas” y “blancos” que ostenten más pureza racial.

De ahí que viajeros como Squier notaron rasgos mestizos o “sarracenos” en algunos de los integrantes de familias criollas ricas que pasaban como blancos (Squier:1989 p.102). Si bien esta práctica pudo haber ocasionado alguna variación genotípica en una parte ínfima del 5 % de los criollos blancos, no se debe generalizar la mayoría de la descendencia indígena-mestiza, donde el mencionado pringue africano tuvo históricamente la tendencia a ser absorbido

Conclusiones

Todo lo anterior nos permite concluir de la siguiente manera:
1- Hubo presencia de población negra de origen africano durante el periodo colonial en el territorio, pero fue insuficiente como para alterar la composición étnica y cultural que existía en el Pacífico–Centro-Norte de Nicaragua. Es notorio que en una proporción de los mestizos se manifiestan rasgos fenotipos del africano, pero éstos no son mayoritarios en la totalidad de la población, es decir, no se trata de negar su presencia, pero tampoco de sobredimensionar su peso como ente demográfico y cultural.

2- La mayor parte de la población siguió siendo indígena y se siguió identificando como tal hasta la desintegración de la mayoría de las comunidades a fines del siglo XIX e inicios del XX. Posteriormente, se impuso el mestizo, pero en el mismo mestizaje -señalan algunos especialistas- que el 90% de la población nicaragüense tiene sangre indígena aún cuando pesen en mayor o menor grado otros ingredientes étnicos, incluido el “pringue” africano y la proporción europea. Mientras no se pruebe lo contrario ésta es y ha sido la herencia cultural y física más importante del Pacífico nicaragüense. Las apreciaciones y hasta las alusiones que hace Ramírez sobre los orígenes mulatos de algunas personalidades relevantes, en nuestra cultura e historia no deben ser objeto de “sospecha”, por el contrario, esto debería someterse a la debida comprobación histórica y antropológica por parte de especialistas para evitar especulaciones.


Bibliografía básica
utilizada y consultada:
1-Casanova Fuertes, Rafael. Conflictos políticos y sociales entre 1845 y 1849 en Nicaragua

(Tesis inédita) UCR San José Costa Rica 1995.

2-Cea Cuadra , Luís. Libro de Tributos de la Provincia de Nicaragua entre los años de 1662y 1692 (Lectura paleográfica y notas) BBCN. Managua, 1948
3-González Saravia, Manuel. “Bosquejo político estadístico de Nicaragua formado en el año de 1823”. Imprenta Beteta. Guatemala, 1823. Citado por : Zelaya Goodman. Nicaragua en sus primeros años de vida independiente(1821-1825)

(Tesis de Grado). San José UCR. 1963.

4- kühl, Eddy. Nicaragua Historia de Inmigrantes. (Versión Impresa) BBCN Managua 2005.

5-Levy, Pablo. “Notas Geográficas y Económicas de Nicaragua” En : Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano Nº 61 Publicidad de Nicaragua

Managua, octubre de 1965.

6-Ramírez Mercado, Sergio. Tambor Olvidado Taurus Aguilar, México D. F. 2007

* Historiador de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.



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