ago 1, 2009
Hacia una teología con rostro de mujer
Es el título del número 36 de la Revista Alternativas, que se publica en Managua, a cargo del dominico Rafael Aragón. Esta edición cuenta con las firmas de destacadas teólogas feministas: Ivone Gebara, Elisabeth S. Fiorenza y Geraldina Céspedes; y de las especialista en Biblia: Cristina Conti, Irene Foulkes; también aportes novedosos de los dominicos holandeses sobre el ministerio ordenado en la Iglesia católica. Ofrecemos un extracto de la presentación.
Han pasado más de 40 años de reflexión teológica feminista. Existe material suficiente para el análisis, que permite extraer pautas por las que discurre su pensamiento. Ni se puede ni se debe pretender alcanzar grandes denominadores comunes, ya que las coordenadas espacio-temporales de las autoras son, en muchos casos, diametralmente opuestas; diferencia que condiciona su manera de pensar. Dicho esto, sí creemos que hay una melodía común de fondo que abandona categorías de la reflexión tradicional, para iniciar nuevas rutas. Un poco de historiaEs un deber reconocer, en primer lugar, al movimiento feminista que ha luchado a partir del siglo XIX por devolver a las mujeres los derechos que se le habían negado. Muchas de esas negativas se sustentaban en un presunto orden natural creado y querido por Dios. Indudablemente, ese Dios era un ídolo falso cuya imagen había que destruir. No nos puede extrañar que una buena parte de la reflexión inicial se haya dedicado a derribar esa imagen idolátrica del Creador. Defienden la existencia de un Dios liberador de los oprimidos llevando en una mano la Biblia y en la otra el Código de Derecho Civil.
La fuerza de los grandes números no se alcanza hasta el fin de la II Guerra Mundial, cuando las mujeres que habían suplido en el trabajo a los varones que marcharon al frente, se negaron a regresar a sus casas. Un momento que coincide con que muchas confesiones protestantes empiezan a ordenar mujeres, y algunas cátedras de teología, en el mundo anglosajón, las ganan mujeres. Con todo, el comienzo de la reflexión a nivel y conciencia de grupo, no se da hasta finales de los 60 o principios de los años 70 del siglo pasado. Es el momento en el que los grandes paradigmas del mundo moderno, que tenían las esperanzas puestas en un continuo progreso, se desvanecen y surge la New Age, el posmodernismo, que intenta un camino nuevo que ofrezca respuestas, en cuya reflexión entren todos los países y culturas. Un mundo que se presenta receloso de las verdades absolutas y que está a la búsqueda de algo que desconoce.
Era difícil seguir hablando de un Dios impasible e insensible tras los horrores de la II Guerra Mundial. El pensamiento teológico tuvo que revisar sus ideas y la obra de Jürgen Moltmann, El Dios crucificado, se convirtió en un clásico. Su visión de Dios le hacía participando de los gozos y las sombras del mundo que había creado. Un camino que las mujeres encontraron afín con sus experiencias maternales y en el que profundizaron. Los nuevos teólogos de esta tendencia, abogan por un pensamiento que tenga en cuenta la praxis social y que condena a la teología burguesa que no incluye a lugares del planeta menos favorecidos. Una consecuencia lógica de estos planteamientos fue el nacimiento de la teología de la liberación y sus presupuestos.
Puede sorprender que la teología feminista tardara un tiempo en entrar en este tipo de reflexión; lo que se comprende si se tiene en cuenta que las primeras teólogas son blancas y burguesas, por lo que no se consideraban capacitadas para hablar de lo que no conocían por propia experiencia. Es la segunda oleada de teólogas la que desde los países del Tercer Mundo reflexiona sobre Dios, desde los parámetros liberadores de la teología de la liberación. No nos puede sorprender que la reflexión sobre Dios en los inicios se centrara en la crítica acerba de muchos planteamientos previos. Dios, centro de toda religión, había quedado en el cristianismo relacionado con un varón, un soberano trascendente sobre el que recae todo el poder. La teología feminista comenzó montando toda una crítica contra estas definiciones sobre Dios.Corrientes de pensamientoPasada la crítica era necesario dar un paso más que permitiera la elaboración de la figura divina bajo la perspectiva femenina. ¿Cómo es el Dios que describen las mujeres? En este empeño se han abierto varios caminos:
Un primer grupo de mujeres teólogas se ha apartado del cristianismo. No se podía ser cristiana y mujer. Este grupo que podríamos llamar post-cristianas sigue trabajando y tienen una innegable influencia en otras tendencias. Un segundo grupo es el que está interesado por la teología de la Diosa. Fuera de la religión de la diosa, pero compartiendo muchas de sus premisas está la nueva ola del feminismo laico que considera que las mujeres son mejores que los varones: más compasivas, más tiernas... Todas estas cualidades se le aplican al Dios mujer en detrimento del Dios varón, lo que supone caer en las mismas críticas que se le han achacado a la teología tradicional.
El último grupo es el que intenta reflexionar dentro del cristianismo. Están a la búsqueda de una imagen de Dios que sirva por igual a los intereses de los varones y de las mujeres. No basta hablar de Dios en femenino sino que junto a su imagen van surgiendo las distintas características que las mujeres consideran deben adornar a Dios. Ya no son en exclusiva los valores que admiran los varones. El Dios del dolor aparece todavía con más intensidad junto a los que reconocen su incapacidad para entender la causa y el por qué de sus sufrimientos. Los esfuerzos de la teología para explicar el dolor siempre se quedan cortos, y se puede contemplar desde dos ángulos: el místico y el político. El primero lo considera un camino privilegiado de unión con Dios, mientras que para el otro es una fuerza divina que empuja a combatirlo y erradicarlo.
No puede sorprendernos que la teología feminista abogue por ideas trinitarias ajenas al concepto monárquico, siempre proclive a esquemas jerárquicos y de dominio y donde se valoran más los que están más cerca de la cabeza. Una democracia o comunidad de iguales, son siempre preferidas para hablar del Dios trino y uno. Tratan de evitar el título de Señor para Dios ya que lo consideran insultante para sus comunidades, pues era el vocablo que utilizaban los esclavos para llamar a sus amos. La noción de siervo, que es la otra cara de la moneda, también necesita de explicación para evitar confusiones. Muchas de estas ideas deben ir sedimentándose y tomando cuerpo, pues no podemos olvidar la juventud de estas teologías. Unas fructificarán y otras se abandonarán, pero todas en alguna medida habrán contribuido a una visión nueva del Dios cristiano en la que por primera vez, en 2000 años, las mujeres han aportado su voz.
(Coordinación editorial, Revista Alternativas)
imprimir enviar
|
Nuevo Amanecer
Piedras encantadas
Tallando silencios
Reflexión quirúrgica sobre un cuerpo de ballet*
Poemas de Raúl Xavier García
Tres días de arte y música de calidad
Finaliza Ciclo de Nietzsche
¿La hora de los narradores?
Hacia una teología con rostro de mujer
|