ago 15, 2009
El Despertar
“Contemplad, madres, el libre vuelo de vuestro ser”
(CMR, La insurrección solitaria) Álvaro Rivas Quizás todo se dé en una vuelta,
y en un día con su noche completa se encuentre,
igual que con el cero, la ruta
circular y el camino al punto inexistente –casi–
de las veinticuatro horas. Tal vez el rumor
con que escriben las olas en la arena podría
repetir un mensaje lejano y primitivo
y la letra de un tango o de un clásico
del bolero sabría así mismo descifrar
–en su momento–
lo que hemos de hablar claro un día.
Aunque no basta el texto sapiencial
ni el conjuro que sale en un susurro. Porque
una frase genial cualquiera la dice
y hasta sin darse uno cuenta se dice. Pero,
oírla genial (como se califica en poesía la cosa),
eso sí es muy difícil –aunque parezca sencillo
y únicamente se trate, como decía Fulcanelli,
de reflexionar y poder seguir siendo simples
en el razonamiento. Así aprende a contar el rapsoda su historia, a partir al menos de un sueño lejano de expulsión
y el despertar en la caída a un sitio donde esperan
unas voces afuera, alrededor de unos quejidos,
en el espanto de ser dado a la Luz,
sin mácula alguna de protección
y sin fosas nasales capaces de tragar de golpe
y a borbollones el soplo de un mundo nuevo.
La agonía en la entrada duró la misma eternidad
que el manoteo inútil y el alarido sin freno
por el regreso. Y sólo cuando las lágrimas
recién nacidas humedecieron
el sombreado pezón henchido fue que pudo al fin
el crío descansar de su primera gran sed de sacrificio
y cabecear exhausto –ya en el regazo–
su sueño confiado.
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