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oct 8, 2009

El ser humano en el cosmos


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PARIS / AFP

El astrofísico Trinh Xuan Thuan, autor de numerosos libros sobre el cosmos y la espiritualidad, publicó en agosto en Francia, un diccionario pedagógico que propone una puesta al día científica y una reflexión filosófica sobre el lugar del ser humano en el cosmos.

Su “Diccionario amoroso del cielo y de las estrellas” cuenta con unas 250 entradas en unas mil páginas, en las que responde a la mayoría de las grandes preguntas sobre el origen y la formación del universo, de las galaxias y de las estrellas, con la idea siempre presente de una disposición cósmica, de un arreglo de la naturaleza en el que no hay sitio para el azar.

Pero Trinh no trata de imponer su visión. “Este arreglo ¿se debe a la casualidad o es el resultado de una necesidad?”, pregunta el autor en un capítulo sobre el principio antrópico, antes de concluir que las dos proposiciones “son tan posibles como imposibles de verificar”.

Si bien la ciencia exige métodos rigurosos en los que las creencias religiosas no pueden interferir, la metafísica permite todas las tendencias y a menudo está marcada por el sello cultural.

“Soy asiático, por lo tanto he crecido con los conceptos de la interdependencia y de la impermanencia. Todo cambia, todo se mueve. También está la vacuidad, para el budista, las cosas no son más que apariencias y no existen por sí mismas, no hay existencia intrínseca”, declara Trinh, de origen vietnamita y profesor de astrofísica en la universidad de Virginia, en Estados Unidos.

Mientras que el cristianismo ve en el “Big Bang” la mano de Dios creando el universo, “el único compatible con el budismo sería un universo cíclico, en el que no habría ni inicio ni final, con una infinidad de ‘Big Bang’ y de ‘Big Crunch’ (contracción del universo sobre sí mismo), lo cual evacúa el problema del dios creador, que no existe en el budismo”, explica.

No somos únicos en el Universo

Trinh Xuan Thuan rechaza la existencia de un “multiverso”, formado por burbujas herméticas las unas de las otras, y cree que no somos los únicos en el universo y que nuestros medios de observación nos permitirán pronto descubrir planetas capaces de albergar formas de vida con las que podremos comunicarnos.

En su obra que el autor incluye un bestiario de la astrofísica sobre los extraños objetos del cosmos (quásares, pulsares, etc), pero también entradas sobre la historia de la astronomía y artículos más filosóficos como “ciencia y belleza” y “ciencia y utilidad”.

Ni buena ni mala, la ciencia necesita ser completada por una ética, una moral, afirma Trinh. “La astrofísica es una ciencia pura: es el conocimiento por el conocimiento. Pero hay muchas otras áreas, como la biología con el clonaje o el nuclear, en el que el científico se enfrenta a elecciones éticas o morales”.



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