Una pregunta para 2010 ¿El empresario, promotor o freno de la corrupción?
Fortunas con olor a burro muerto Arnulfo Urrutia Empleo casi no hay, pero trabajo hay en p...
Muchos años antes de pensar en escribir sobre el movimiento emprendedor, yo era socio de una pequeña empresa comercial. Un día de tantos, llegó al establecimiento una persona que me propuso invertir cierta cantidad de dinero en calcetines y calcetas para escolares. El negocio era “redondo”, según sus palabras, pues sus contactos en la aduana y en la Policía, bloquearían durante un tiempo a otros comerciantes que quisieran introducir y vender esos productos en el país. Al no tener mucha competencia, nosotros aprovecharíamos la demanda insatisfecha que se presentaría con el inicio del año escolar y: ¡Bingo, ya la hicimos!
En otra ocasión, un hombre de apariencia acomodada llegó a la empresa y me propuso que le vendiera una buena cantidad de cocinas, las cuales pagaría con tarjeta de crédito. Todo está “legal” me dijo, lo único es que realmente no necesito tales cocinas; necesito efectivo. Vos me das la mitad del valor de las cocinas, hasta que hayan depositado en tu cuenta el dinero y te quedás con las cocinas. Eso lo podemos repetir de vez en cuando, pues estoy haciendo unas inversiones que demandan mucho efectivo, y los bancos son muy burocráticos con los préstamos.
Otro día. Al estar en la sala de espera de una oficina pública, alguien me trabó plática y no tuve inconveniente en decirle que me ganaba la vida dando clases en la universidad. En determinado momento me propuso integrarme a una cooperativa de transporte que estaba creando con varios amigos. Así ganará un poco más de lo que pagan las universidades, me dijo. Le confesé que no tenía experiencia en ese campo, a lo cual de inmediato respondió: ¡Nosotros tampoco, pero se pueden hacer unos “bisnes” con las exoneraciones, que usted viera! Yo puedo inscribir esa cooperativa sin que nadie nos exija que tengamos vehículos. No se preocupe.
No supe si la persona que pensaba importar calcetines y calcetas hizo tal negocio. No lo volví a ver. El de las compras con tarjeta de crédito, supe por los diarios, que fue capturado por formar parte de una banda internacional de clonadores. Y el de la cooperativa, al igual que el primero, no lo volví a ver. ¡Gracias a Dios no caí en esas tentaciones!
Los negocios fáciles y el impacto nacional
Anécdotas sobre propuestas de “negocios fáciles” abundan en la vida de muchas personas, estén éstas, vinculadas o no al mundo empresarial. Las noticias nos muestran a menudo individuos de toda estirpe y tamaño vinculados a actos de corrupción pública y privada. ¿Por qué razón, tantas y tantas personas sucumben a la tentación de ganar dinero fácil? ¿Qué implicaciones tiene para la sociedad la falta de ética empresarial? Veamos algunas causas que explican la primera interrogante.
La rentabilidad financiera: Dado que las empresas y una buena cantidad de personas consideran la cantidad o volumen de dinero que poseen como principal indicador de la gestión empresarial o del éxito personal.
“Que aumenten las utilidades, que suban las ventas” es la consigna. El dinero es lo más importante. Se olvidan otros elementos. Raras y contadas empresas fijan indicadores para la calidad del entorno laboral, desarrollo humano, responsabilidad social y medio ambiente. ¡De esos indicadores no entienden los bancos!, pensará alguien. Es cierto, pero lo más interesante es que las empresas que incorporan esos indicadores en su gestión empresarial, son las más rentables y sólidas. Parece contradictorio, pero no lo es.
El estatus: Refiriéndome a la persona natural, salvo raras excepciones, ésta recibe desde su nacimiento el mensaje mediático y familiar que le indica que el símbolo del éxito se mide por los títulos y el dinero que se logra acumular. Incluso, a menudo escucho decir que fulano o fulana son muy inteligentes, porque han hecho dinero. Esto quiere decir que hacer dinero fácil casi se ha convertido en un símbolo de inteligencia. ¡Dios mío! Incluyo los títulos, porque ahora más que antes, se compran y venden títulos. Se ofrecen dos carreras en una, maestrías en seis meses y sin título previo. En fin…
Justicia injusta: “Al baboso ni Dios lo quiere”, se oye decir con gran aplomo, como que se estuviera recitando el teorema de Pitágoras. Escuché a un profesional de seria apariencia, decir en una rueda de amigos, que él era un hombre honrado, y segundos después añadió: “…porque nunca me han dejado cuidando una caja con reales”. Las risas llenaron el ambiente. Este señor después llegó a tener cargo en una empresa estatal y luego se mencionó culpable de malversación del tesoro público. Ahora vive muy bien y no pagó pena alguna. Ejemplos como éste, que corrompen las conciencias abundan, por eso muchos no quieren ser señalados como babosos.
En relación con las implicaciones sociales de la falta de ética empresarial, la comparo con la prostitución y la bola de nieve. Una vez que un empresario se involucra en un acto de corrupción, no tiene vuelta atrás. A partir de ese momento puso precio a su dignidad, y sus colaboradores y allegados tomarán su ejemplo, aunque sea a menor escala, aumentando así el tamaño de la bola de nieve de la corrupción. El colmo es que las coimas y regalías se han vuelto parte de la gestión empresarial. Es normal dar dinero para “agilizar”, dicen algunos abogados. Igual hacen algunos empresarios para comprar información y favores. Lo más interesante es que ninguno de ellos lo considera corrupción. No estamos robando, simplemente hacemos lo que el competidor haría. Si no lo hago yo, otro lo hará, se justifican.
Esta situación se dispara a niveles tales, que hacen figurar al país en la nada honorable lista de las naciones con mayor riesgo para la inversión extranjera, con la consecuente pérdida de oportunidades para nuevos empleos y agudización de la pobreza. Tal parece que mostrar estadísticas positivas en la empresa justifica el hundimiento de nuestra nación.
No hay una sola fortuna que no tenga a sus espaldas un burro muerto
La frase anterior la dice don Sabas, un personaje de la novela La mala hora, de García Márquez. Sabas, había sido vendedor de burros, y en esos tiempos, los burros que él vendía aparecían muertos dos días después sin ninguna señal de violencia. Era el mismo don Sabas, que entraba de noche a los huertos y les disparaba metiéndoles el revólver en el culo, relata el novelista.
Como podrán deducir, en aquel pueblo había una demanda permanente de burros, la cual era satisfecha, casualmente, por el hábil comerciante don Sabas. García Márquez utiliza este recurso para llamar la atención sobre un fenómeno que corroía América Latina a inicios de los años sesenta y que, lamentablemente, aún persiste: la corrupción. Y García en su obra no se refiere sólo a las autoridades de gobierno, incluye al empresario privado. Sus razones tendría.
Al revisar los datos de 2008 del organismo Transparencia Internacional, encontramos que las empresas del sector privado con mayor tendencia a la corrupción pertenecen a los siguientes sectores: minas, petróleo, gas y construcción. Y tales conclusiones mundiales tienen su expresión real en nuestro país. Un ejemplo sencillo: se toma más tiempo reparar las carreteras que éstas estén malas nuevamente. Me pregunto: ¿será que algunos dueños o gerentes de estas empresas constructoras son discípulos de don Sabas y dos días después de tapar los baches, los mandan a abrir? ¿Y qué decir de la pre-venta de tiempo telefónico? Una recarga de doscientos córdobas se agota después de hablar diez minutos.
La sociedad nicaragüense se sume cada día más en la desesperanza. La juventud o se marcha del país o se suma a las filas de quienes buscan el “éxito” a cualquier precio…
Emprendedores y emprendedoras, hay que detener ese cáncer. Al iniciar nuestros negocios o empresas tengamos la valentía de caminar por los senderos de la rectitud. Lo que fácil se obtiene, fácil se acaba. El empresario debe ser factor de cambio, no un tiburón de la sociedad. Este 2010 que vamos a iniciar puede ser una buena oportunidad para fomentar la ética, honradez y responsabilidad social. ¿De lo contrario, con qué autoridad se podrá reclamar a los gobiernos? ¿Qué futuro estaremos construyendo? El empresario puede frenar o fomentar la corrupción.
!Es su decisión!
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¿El empresario, promotor o freno de la corrupción?
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