ene 16, 2010
El derecho a la esperanza
Andrés Pérez Baltodano
En el año 1996 tuve la oportunidad de regresar a Nicaragua. Volvía lleno de ilusiones y temores después de una larga ausencia durante la cual los olores, los sonidos y los sabores de la patria se habían intensificado y solidificado para confirmar mi identidad como nicaragüense.
Mi regreso tenía como propósito reconfirmar esta identidad con mi presencia, pero también descubrir -más allá de mis emociones personales– el sentido y la razón de la historia de mia país. Como parte de este esfuerzo visité los archivos y las bibliotecas locales en búsqueda de los datos, las opiniones y las ideas que requería para darle sentido a eso que José Coronel Urtecho llamó la “retahíla de nuestra historia”.
Fue dentro de este proceso donde encontré en una tienda de libros usados del mercado Roberto Huembes el libro Filosofía y crisis, del Dr. Alejandro Serrano Caldera. Ese libro –leído en medio del olor a mondongo recién cocinado y el bullicio de ese colorido mercado- me produjo una sensación de alegría profunda. En sus páginas aparecía un filósofo nicaragüense navegando los mares del pensamiento político de Occidente en la búsqueda de las armonías, los contrapuntos y las disonancias entre ese pensamiento y el sentido de nuestra historia latinoamericana y nicaragüense.
En otra ocasión, mientras rebuscaba libros en la biblioteca del Recinto Universitario Rubén Darío, tropecé con un lote cercano a los doscientos ejemplares de La permanencia de Carlos Marx, amontonados en un rincón. Tomé uno de ellos y me senté a leerlo con curiosidad en medio de esa energía agradable que se siente en las bibliotecas universitarias de cualquier parte del mundo.
En ese libro encontré una de las críticas más serias que he podido leer al marxismo dogmático que tanto daño hizo a la Revolución Sandinista. Y no pude dejar de sentir tristeza de ver embodegados tantos volúmenes de un libro que debía haber sido leído por los dirigentes de la Revolución y por todos los nicaragüenses. Ya para entonces había tomado la decisión de contactar a Serrano Caldera para conocerlo.
La oportunidad para ese encuentro se presentó cuando participé en el foro Identidad Nacional y Globalización, organizado por el Instituto Nicaragüense de Administración Pública (INAP). Serrano Caldera había sido invitado a éste junto con el Dr. Jaime Incer Barquero y el Dr. Alejandro Martínez Cuenca.
Fueron muchas las reflexiones que sobre el Estado y la Nación nicaragüense ofreció Serrano Caldera, pero una de sus intervenciones fue la que ha quedado más claramente grabada en mi memoria. Durante el período de preguntas y repuestas, después de hora y media de exposiciones, un joven se puso de pie y dijo: “Mucho se ha hablado, analizado y filosofado en esta conferencia. Ahora aterricemos. Mi pregunta es: qué pasos concretos debemos dar en Nicaragua para evitar los peligros de la globalización… Hago esta pregunta porque ya ha habido suficientes reflexiones. En Nicaragua no estamos para reflexionar o filosofar sino para actuar”.
En repuesta a esta pregunta, Serrano Caldera contestó con una frase que resume el espíritu de su obra y la razón por la cual escribo hoy sobre su pensamiento: “La historia de Nicaragua está llena de acciones irreflexivas y de dolorosas consecuencias. No debemos separar la acción de la reflexión porque sólo con la reflexión podemos darle sentido a lo que hacemos y a lo que somos”.
Semanas más tarde Serrano Caldera me invitó a hacer la presentación de su libro Los dilemas de la democracia, en un acto que presidió el Dr. Ramón Romero, rector de la Universidad Americana (UAM). Después de la presentación discutí con Serrano Caldera la posibilidad de escribir una interpretación de su obra. De buen grado aceptó colaborar y me facilitó el material necesario para el trabajo. Así dio inicio el proceso que culmina con este libro.
El principio de la esperanza
El principio de la esperanza
La lectura del pensamiento del filósofo Alejandro Serrano Caldera que en su libro, El derecho a la esperanza (1999), realiza el doctor Andrés Pérez Baltodano, contribuye al esclarecimiento y valoración de la posibilidad de la filosofía latinoamericana radicada en la realidad misma, fuente y origen de la solución de los problemas del hombre. De ahí que esta obra constituya también un texto clave en la comprensión de la tarea filosófica de Serrano Caldera, llevada a cabo en esta tierra que pareciera condenada a la violencia y el sufrimiento y desde donde se levanta el “principio de la esperanza”.
Tal es el sentido de El derecho a la esperanza: abrirnos a la potencia que alberga el pensamiento filosófico creador de Alejandro Serrano Caldera, cuyas tesis y propuestas aciertan y nos colocan en el ámbito universal en estos momentos de búsqueda de nuevos paradigmas y resoluciones vitales. Este libro es una contribución al diálogo iniciado y promovido por la obra de Serrano Caldera para desarrollar un pensamiento social que sirva de orientación a nuestro desarrollo histórico en el siglo XXI. Renunciar a la construcción de este pensamiento social implica aceptar el ocaso de la sociedad nicaragüense como una de las posibles consecuencias de una historia nacional vivida como accidente.
Esta posibilidad –la posible extinción de la sociedad nicaragüense como una entidad política viable, efectiva y soberana- tiende a erosionar los modelos institucionales de organización social que hemos imitado durante casi dos siglos. Ante esta situación, el pensamiento del doctor Alejandro Serrano Caldera y el libro que sobre la obra de este intelectual nicaragüense nos ofrece el doctor Andrés Pérez Baltodano, se levantan como una protesta contra la fatalidad histórica que nos ha dominado, y como una esperanza para transformar el sentido de nuestra realidad nacional.
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