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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 01 de Marzo de 2010 - Edición 10614
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El origen del delito


En los últimos días o meses, muchas personas hemos sido víctimas de algún delito, cometido por sujetos anónimos que realizan actos contrarios a la norma social, por ejemplo: Nos han robado la cartera, nos arrancaron alguna joya, nos han chapeado el carro, les han vendido droga a nuestros hijos, escuchamos y leemos de corrupción, etc. Básicamente estos hechos se definen como una acción que se encuentra penada por la ley vigente en cada país.

El fenómeno del delito es tan antiguo como la humanidad misma, pero en los años del presente siglo, la comisión de ellos ha aumentado de tal manera que la seguridad ciudadana se ha convertido en una de las problemáticas centrales en el mundo entero de la cual no se escapa Nicaragua.

Esta realidad mantiene a la población temerosa de la delincuencia y la obliga a tomar medidas defensivas, tales como hacer fortalezas de sus viviendas, salir a la calle con precauciones, etc. Pero también cabe la pregunta: ¿Cuál es el origen del delito? ¿Qué hacer para contrarrestarlo?
Diversos estudiosos han tratado de explicar este comportamiento humano desde diferentes planteamientos sociológicos y realidades históricas. Un breve repaso nos lleva a mencionar algunas tesis relevantes, como la del “criminal nato” (Lombroso – 1876) que destaca la concepción del delito como resultado de tendencias innatas, de orden genético, es decir que el criminal ya nace así.

Otra hipótesis plantea que los habitantes pobres de áreas urbanas conflictivas o desorganizadas, como la de los llamados asentamientos espontáneos, tienen más posibilidades de delinquir que los de las áreas ordenadas conocidas como zonas residenciales en nuestro país. (Difundida entre 1920 – 1940 por R

Park y E. Burges).

La teoría de la “anomia” o conducta desviada (E. Durkheim y Merton originada entre 1858 y 1917), sostiene básicamente que la sociedad fomenta las expectativas promoviendo la compulsión al éxito. Pero no todas las personas logran esta norma social, provocando que muchas de ellas busquen sus metas por fuera de lo establecido.

Una figura de gran interés es el denominado “Delito de cuello blanco” publicado en 1949,” por el investigador Sutherland. Este investigador descreía de las razones biológicas de la delincuencia y también de que la pobreza era el factor que la causaba. Sutherland demostró que también las personas de status social alto cometen frecuentes delitos, los cuales son invisibilizados principalmente por las relaciones diferenciales de poder y por la desigualdad social ante la ley.

Gracias a estos y otros estudios, se puede concluir que el fenómeno delictivo es multicausal y complejo y que, más allá de lo patológico y biológico, es un hecho social que cruza todos sus estratos. Por lo tanto, para contrarrestarlo, se requieren políticas criminológicas e intervenciones sociales estratégicas e inclusivas.

A través de ellas es menester superar, a mi juicio, las limitaciones más relevantes sobre el tema en nuestro país, como son: El bajo conocimiento de la problemática del delito, la persistencia de una visión antagónica entre tendencias punitivas de mano dura y políticas de prevención y, finalmente, la creencia de que el problema delincuencial y la seguridad ciudadana son únicamente una lucha entre criminales y policías siendo, en realidad, un asunto que compete a todo el cuerpo social.




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