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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Lunes 31 de Mayo de 2010 - Edición 10701
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Centro Sociedad San Vicente de Paúl

El asilo donde se halla la felicidad


El asilo donde se halla la felicidad - Foto
La interna Nimia Espinoza pasa su tiempo en el asilo hilando collares de flores y rememorando su pasado. Lucía Lezama / END

(Colaboración)

La primera vez que la hermana salvadoreña Ana Silvia Ruiz llegó al asilo de León, Sociedad San Vicente de Paúl, los ancianos se mezclaban con los jóvenes, y algunas personas que padecen parálisis cerebral se arrastraban y otros gateaban por el piso. Para ella fue una fuerte impresión que no logró superar hasta 2001, cuando sus superiores la designaron para dirigir el centro.

Para entonces, pasados unos años, el local había sufrido sorprendentes transformaciones: dejó de presentar el aspecto de siquiátrico abandonado para entregarse a la calma y al cuidado de los ancianos que tocaban sus puertas en busca de cobijo y de cariño.

Aunque por fuera da la impresión de un edificio antiguo, el ambiente en su interior es apacible, con el ocasional ruido de los radios de los internos, con los que se entretienen escuchando partidos de béisbol o su gustada música del recuerdo.

Rompiendo esa atmósfera, se escuchan los suaves pasos de la hermana Ana Silvia, que recorre siempre los pasillos, atiende una llamada de algún anciano y luego se dirige a su oficina. Ella es la que representa este asilo, una mujer espigada y morena de cara agraciada y contenta

De cárcel a albergue

Sentada en su despacho, y con la fotografía de la hermana Marcelina, fundadora de las Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver, Ruiz cuenta que el centro se constituyó en 1927 por un grupo de damas leonesas que establecieron la Sociedad San Vicente de Paúl.

El recinto, que antes era una cárcel de mujeres, fue donado y apoyado por la comunidad leonesa, con el fin de amparar a los ancianos que vivían en las calles. Sin embargo, las Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver se ocuparon de la administración del centro a partir de 1946, a petición del obispo Pereira de León.

Fue entonces cuando, gracias a donaciones de diferentes instituciones y personas, se construyeron las instalaciones que se conservan casi en su totalidad hasta hoy

Tiempos de austeridad y poca ayuda

Aunque la historia del asilo refleja un desarrollo positivo en su funcionamiento, actualmente pasa muchas penurias para seguir con su labor de ayuda, pues a pesar de recibir donaciones de empresas privadas, aportes de particulares y una ayuda del Estado por 15 mil córdobas, esto es muy poco si se considera que la manutención de cada uno de los 42 ancianos cuesta 5 mil córdobas, más lo que se les paga a las 20 personas que trabajan en el centro y los servicios básicos. Y la situación ha empeorado, puesto que la ayuda ha disminuido en un 80%.

Antes, el Ministerio de Salud pagaba los servicios de una enfermera para que atendiese a todos los internos del asilo, sin embargo, hace tres años la suspendieron alegando que se estaban reorganizando internamente. Desde entonces, el centro tiene que costear también los servicios de una enfermera auxiliar.

Ruiz se queja consternada de que la factura de la energía eléctrica ha subido a causa de los continuos cortes de agua durante el día, pues necesitan encender un motor que distribuya el agua recolectada por la noche. “He escrito muchas cartas para quejarme del asunto, pero aún no han podido resolver nada”, comentó preocupada

Una malabarista de la cocina

Pero no todo es oscuro como pareciera. Existe una persona que con su sola presencia alegra el día de los habitantes del asilo. Se trata de Carla Vanesa Pérez, la incesante y bonachona cocinera que prepara los más variados platos nutritivos y deliciosos, camuflando los vegetales a unos ancianos “carnívoros”, pues con el poco presupuesto, aunque no da para carne ni para pollo, ha creado una dieta prácticamente vegetariana, pero saludable.

Ella es alegría y música con sus utensilios de cocina. Es un estallido de júbilo con sus brazos que mueve en malabarismos sincrónicos, asiendo ollas, pailas, sartenes, cortando vegetales, todo para deleitar a sus mimados internos.

“Trabajo por amor a la congregación”, afirmó rotunda y alegre mientras revolvía el contenido de una sartén. Después de un tiempo cocinando para los internos, Pérez admite que le da tristeza el abandono que sufren los ancianos por parte de sus familiares y procura darles todo su amor

Internas alegres, aunque alejadas de familias

Ejemplo de lo que dice Pérez son dos internas, Zoila María Moreno y Nimia Espinoza Rojas, quienes pasan el tiempo hablando e hilando collares de flores. Moreno tiene 75 años y fue maestra del colegio La Asunción, y Espinoza tiene 70 y fue contadora en Managua. Ambas se sienten tranquilas y felices en el asilo, pues éste está construido bajo principios cristianos y cuenta con una capilla donde se realiza una misa diaria, a la que acuden perennemente.

Y aunque ahora se sienten abandonadas por la sociedad, ambas agradecen la presencia de sus recuerdos, que evocan de vez en cuando en la tranquilidad de sus camas para rememorar los mejores tiempos de sus vidas.

Nimia recuerda, particularmente, cuando escribió una carta a Sergio Ramírez, su escritor preferido, para referirle su opinión acerca de la novela Castigo Divino, que había leído capítulo por capítulo en EL NUEVO DIARIO, y Ramírez le respondió regalándole el libro autografiado.


“Hoy por ti, mañana por mí”
Los ancianos están bien cuidados en el lugar, pero se nota la falta de amor y cariño por parte de sus familias. La hermana Ana Silvia, con tristeza admitió que casi ningún interno recibe visitas familiares. “Ésa es una gran pérdida de valores que está sufriendo la sociedad --opinó--, pero hacemos todo lo posible para hacerlos sentir mejor”.

Sin embargo, para la cocinera Carla, las cosas están muy claras: “Yo trabajo para ellos con amor, pues algún día nosotros llegaremos a esa condición”, y, mientras sirve un sándwich dietético en una servilleta, sentencia: “Hoy por ti, mañana por mí, ésa es la única verdad”.


* Estudiantes Comunicación social UCA




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