El Nuevo Diario
Portada | Archivo | Escríbenos | Suscríbete
  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 09 de Julio de 2010 - Edición 10740
Nacionales
-
Sucesos
-
Departamentales
-
Internacionales
-
Ciencia
-
Opinión
-
Política
-
Contacto END
-
Deportes
-
Variedades
-
Informática
-
Especiales
-
Economía
Otras secciones
Cultura
Clasificados
Horóscopo
Turismo
Emprendedores
Empresas
Club de lectores
Suplementos
El alacrán
Nuestro mundo
Ellas
Misterios & Enigmas
Salud y sexualidad
Nuevo amanecer
Buena onda
El Deportivo
Otros servicios
Suscripciones
Nuestros servicios
Directorio
Noticias más leidas
Noticias por correo
RSS XML
Servicios web
Blogs

¿Quiénes debemos participar en política?

Vivimos tiempos de cataclismo político, donde el dinero y las prebendas oficiales han emputecido y encanallado a nuestra clase política que aún seguimos llamando de oposición, hay muchos allí traficantes de dignidades, de derechos civiles, de votos, otros, son comerciantes de puestos públicos con aritmética política, entendiendo ésta como el arte de razonar mediante cifras nuestra problemática nacional


Cada uno de nosotros
es culpable ante todos,
por todos y por todo

F. Dostoievsky

Desde tiempos inmemoriales, Aristóteles ya había reconocido que el hombre es un Zoon politikon, un animal político (aclaro, no un político animal) basando su política en su capacidad de lenguaje y por tanto de diálogo para crear una memoria colectiva, aquellos ciudadanos que desprecian las bienaventuranzas del diálogo son incapaces de formar una comunidad y por tanto una gran nación. También desde tiempos inmemoriales, desde la polis griega y de la civitas romana, el hombre ha reconocido su capacidad de diálogo y la importancia de participar en la política lo que no significa necesariamente caer desvanecido por sueños dogmáticos.

Los acontecimientos histórico-políticos ocurridos y en ocurrencia en Nicaragua nos hacen ver un cielo amenazador y desolado, han provocado diversidad de criterios acerca de quiénes deberían participar en la política o quiénes deberían hacer política, opiniones vertidas desde las tarimas enfloradas del señor presidente, desde los púlpitos de algunas Iglesias, desde las oficinas reconfortables del Cosep y hasta de calles y plazas de nuestro país se han desgañitado afirmando que no hay que mezclar los problemas económicos con los problemas políticos negando así las eternas leyes históricas y dialécticas de que en el mundo todo está concatenado: El problema social, el problema económico y el problema político. Las luchas por el precio del pan, del arroz o del aceite terminan siendo luchas políticas porque al fin y al cabo son las políticas económicas del Estado dentro de su enmarañado discernimiento socio-político, quien termina poniendo los precios altos o bajos de los productos y ha sido el estrangulamiento económico de los pueblos y la carencia de libertades civiles las causas de las grandes revoluciones sociales, recuérdese la revolución francesa motivada por el congelamiento de los salarios, el encarecimiento de la vida y el pueblo herido en su libertad y dignidad que motivó este gran movimiento de masas, por iguales causas surgió también la revolución bolchevique, donde los zares rusos igual que Roberto Rivas se daban la dolce vita mientras el pueblo se moría de hambre, son dos simples ejemplos.

Un estado notablemente burocratizado como el nuestro terminará siendo incapaz de establecer un mecanismo de fijación de precios en el Mercado y al final terminará produciendo deseconomías y levantamientos populares.

Ha habido en nuestro país una intensión muy bien planificada de producir ciudadanos consumidores pasivos de la política para de esta manera asesinar las alternativas políticas que resuelvan problemas concretos, el producto final deseado es un ciudadano cretinizado, apático, irreflexivo sin opiniones y sin criterio propio convertido en víctima de la propaganda oficial, de las aclamaciones y de las campañas de los medios de comunicaciones de masas que se esfuerzan en desviar la atención de los ciudadanos de los problemas sociales para esterilizar cualquier intento de rebelión y opacar las responsabilidades civiles y de organización ciudadana. Los pueblos democráticos han tenido un notable florecimiento económico porque han sabido mezclar los placeres materiales, el amor por la libertad y el interés por los asuntos públicos.

Considerando que ciudadanos somos todos, sacerdotes, médicos, abogados, albañiles, carpinteros, comerciantes, cantautores, escritores, etc., etc., todos formamos ese conglomerado social que llamamos pueblo, con criterios diferentes, con opiniones diversas, con ideologías diversas, pero con aspiraciones comunes, al menos eso creo, de vivir en el marco del respeto de nuestras libertades y nuestros derechos como ciudadanos, como miembros de una misma nación y todos somos responsables de las desgracias que resulten de la falta de juicio y de patriotismo de los que hoy nos gobiernan y que se quieren atornillar en el poder cueste lo que cueste o digan lo que digan ( es una realidad que los ‚Äürevolucionarios” resultaron mediocres para las obras que la revolución esperaba de ellos) por lo tanto, tenemos la responsabilidad histórica de participar de acuerdo con nuestros criterios políticos en la búsqueda de un contrato entre grupos disímiles que somos pero con finalidades comunes y donde prevalezca el respeto por la dignidad, de estas responsabilidades no están excluidos los clérigos, las luchas por la justicia no son responsabilidad únicamente de laicos, recuérdese que fue un cura en México, el padre Hidalgo, quien un 16 de septiembre dio el grito en contra del colonialismo español, también otro cura, Morelos, quien con todo y sotana se unió a la lucha anticolonialista. Las iglesias, sean católicas, evangélicas, protestantes o mormonas, o como se hagan llamar, deben tener una posición oficial en contra de las injusticias y no pueden permanecer insensibles ante el sufrimiento de su pueblo, ese es un mandamiento cristiano que lamentablemente algún sacerdote y monseñor desafortunado no ha podido entender porque uno confunde en los actos litúrgicos de masas la diferencia entre una fruta podrida y un buen samaritano y el otro la diferencia entre un gobierno despótico con otro que tiene una opción por los pobres. Inclina la cerviz, ahora altivo sicambro; “Adora lo que quemaste y quema lo que adoraste”, le dijo el obispo Remigio al infiel Clodoveo cuando este se convirtió al cristianismo para poder ser Rey de Francia, traducido al buen español, ahora adoran al que un día criticaron y olvidan lo que un día le dijeron. Aquí es donde toma fuerza lo coral y lo simbólico sobre el individuo y la razón.

Vivimos tiempos de cataclismo político, donde el dinero y las prebendas oficiales han emputecido y encanallado a nuestra clase política que aún seguimos llamando de oposición, hay muchos allí traficantes de dignidades, de derechos civiles, de votos, otros, son comerciantes de puestos públicos con aritmética política, entendiendo ésta como el arte de razonar mediante cifras nuestra problemática nacional.

Es por la presencia de estos réprobos que todos los ciudadanos tenemos la obligación moral de tener una participación política activa para no caer en el abismo de la desgracia y de la sumisión.

Soy de los que todavía cree que políticamente es posible el progreso económico de nuestro país, soy de los que todavía cree que llegará un día donde no haya ya nada que temer, pero no creo en el poder económico que se centraliza como mero instrumento del poder político, cuando esto sucede las fronteras entre la esclavitud y la libertad se hacen inextinguibles, con mucha razón se ha dicho que en países donde el único patrón es el estado, la oposición significa la muerte por hambre lenta, que lo digan los presos políticos en Cuba, Orlando Zapata ya muerto por hambre y Guillermo Fariñas en riesgo de muerte por la misma causa y por honrar la libertad y el honor que tanto defendieron Maceo y Martí.

Un estado que irrespeta las preferencias políticas de sus ciudadanos y lo inhibe de participar activamente en las decisiones de su país viola su dignidad y la esencia de su libertad, no hay salud política– decía- Ortega y Gasset, cuando el gobierno no gobierna con la adhesión activa de las mayorías sociales, pero también es cierto que, en una sociedad el trato que recibamos dependerá del uso que hagamos cada uno del derecho propio de ser hombre libres y del mal uso que hagamos de este derecho provocará que las generaciones futuras cuando abran sus ojos y vean el país que les heredamos no tengan más remedio que maldecirnos.




imprimir imprimir  email enviar
Opinión

»La motivación, vida permanente del maestro

»¿Quiénes debemos participar en política?

»La cultura política, el desarrollo económico y el plan decenal

»Ortega, Chávez y el riesgo del aniquilamiento de la iniciativa empresarial

»La soberanía alimentaria y los pueblos indígenas

»A ciento diecisiete años de la Revolución Liberal 1893 – 2010


Portada | Nacionales | Sucesos | Departamentales | Internacionales | Opinión | Política | Deportes | Variedades | Economía
El Nuevo Diario (c) 1998-2005 e-mail: info@elnuevodiario.com.ni
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web