El Nuevo Diario
Portada | Archivo | Escríbenos | Suscríbete
  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 17 de Octubre de 2010 - Edición 10822
Nacionales
-
Sucesos
-
Departamentales
-
Internacionales
-
Ciencia
-
Opinión
-
Política
-
Contacto END
-
Deportes
-
Variedades
-
Informática
-
Especiales
-
Economía
Otras secciones
Cultura
Clasificados
Horóscopo
Turismo
Emprendedores
Empresas
Club de lectores
Suplementos
El alacrán
Nuestro mundo
Ellas
Misterios & Enigmas
Salud y sexualidad
Nuevo amanecer
Buena onda
El Deportivo
Otros servicios
Suscripciones
Nuestros servicios
Directorio
Noticias más leidas
Noticias por correo
RSS XML
Servicios web
Blogs

Cine León y su paso por Managua

El “rugido cultural” de Monseñor Lezcano


El “rugido cultural”  de Monseñor Lezcano - Foto
El Cine León tampoco pudo resistir la fuerza del terremoto de 1972. cortesía José María Ibarra González / end

Conocía la historia.

Ignoraba la verdad.

Carlos Fuentes
Los años con Laura Díaz

Especial para END

Con el paso de los años, la pintura del rey de la selva ha perdido la nitidez de su color: de su poblado cuello apenas quedan unas raquíticas líneas cafés. La última vez que recibió un brochazo de pintura fresca fue hace 25 años. En otros tiempos era el imponente logotipo del Cine León; luce como un animal salvaje, pero débil y pequeño, que se esconde en su cueva; un tayacán desnudo, marchitado por los rayos del sol.

Para un adolescente que lleva una bolsa de pan pasan desapercibidos los cuatros costados de su enorme patio central donde ahora funciona un taller de mecánica. Una anciana erguida se aproxima hacia el lugar con pasos temblorosos; se quita los lentes para apreciar de cerca la imagen carcomida. Su centro de encanto juvenil. Mantiene fija su mirada, como si pretendiera hacer retroceder el tiempo en este lugar, aunque fuera un minuto.

La actitud fría del adolescente es la expresión propia de la tercera ola, como advierte Alvin Toffler. Actualmente, las plazas sociales de la nueva generación del barrio son los ciber café y los centros de videojuegos, sin olvidar los eternos acompañantes de los chavalos: mp3, televisión por cable, celular y DVD; Telcor anuncia el inicio del proceso de la televisión digital, y Cine Alambra y Cinemas Galerías promocionan con gran resonancia su servicio de películas pantallas 3D.

El presente trabajo, lejos de ser anacrónico, pretende reconstruir un capítulo de la memoria social y cultural del Cine León en el barrio Monseñor Lezcano

Su nacimiento

El ingeniero electricista y piloto del ejército de los Estados Unidos, Fanor Ibarra Rojas, tuvo la visión de fundar, en 1958, el Cine León, en el barrio Monseñor Lezcano. Esta iniciativa se concretizó luego de haber tenido éxito durante sus primeros cuatro años de exhibición en el Cine Olimpia, ubicado de la actual Foto Luminton, media cuadra al lago.

Durante toda la semana, en diferentes franjas horarias, el Cine León exhibió su cartelera alternándose con el Cine Olimpia. El rápido respaldo que tuvo la oferta del séptimo arte del Cine León no fue bien visto por el propietario del Olimpia. Las exhibiciones del Olimpia no pudieron competir con las de la familia Ibarra-González. En consecuencia, los dueños del Cine León fueron presionados por el propietario del Cine Olimpia para conseguir su propio local.

El terreno fue comprado al señor Ofilio Mendoza, principal terrateniente del Monseñor Lezcano. En medio de las calles de tierra y hogares modestos, el nuevo diseño arquitectónico del Cine León, con su fachada de dos plantas, su perímetro y pantalla de concreto, rápidamente se constituyó en símbolo de desarrollo de la comunidad.

El Cine León inició su marca en la Ciudad Universitaria, de allí el origen de su nombre. El primer Cine León estuvo ubicado contiguo al cine Teresita, en la Ciudad Universitaria. La principal concurrencia eran los estudiantes de la UNAN-León, por eso el mote de cine de los estudiantes. Los universitarios gozaban de un precio especial; la presencia de ellos era clave en la taquilla, hasta el punto de que cuando había huelga, no había función.

El negocio cinematográfico marchaba con buen suceso, hasta que el señor Octavio Rocha, principal distribuidor de películas, y el propietario de Cine González, Virgurni González, se coludieron para que este último obtuviera el alquiler de los filmes más taquilleros de forma exclusiva. González en ese entonces tenía el monopolio de los cinemas en Nicaragua.

La situación obligó a la familia Ibarra-González a iniciar una peregrinación. La mudanza inició en Larreynaga, Malpaisillo; luego en Telica; ambos municipios de León. El negocio no era rentable debido a los cortes de energía; la ruta siguió al departamento de Carazo. Primero la exhibición fue en Santa Teresa y luego en Jinotepe. La migración fue durante el año 1957.

El éxodo concluyó en la capital, cuando la familia Ibarra-González inició a rodar el primer capítulo de la historia del Cine León en formato de 35 milímetros, en su primer local en el Cine Olimpia

Su hegemonía cultural

El Cine León, como medio de comunicación de masas, ejerció poder hegemónico en las conductas de sus espectadores. Este local fue signo de estatus en el barrio y gobernó el horario de los habitantes del Monseñor Lezcano, que en ese entonces, era un barrio provinciano.

El cine era el medio que le daba vida a la noche. Acostarse sin haber ido al cine era como dormirse sin haber rezado. Cuando no había función, no sabían cómo entretenerse, ¿qué hacer en esas cuatros horas?
Los que tenían un ingreso fijo; albañiles, fontaneros, carpinteros, principal grueso del perfil del público, sentían compensadas su faena cuando se sumergían en el mundo mágico de Tarzán o King Kong.

Los fines de semana nadie se quedaba en casa, más cuando se trataba de los estrenos mexicanos. La época de oro del cine mexicano marchó de la mano con la alta tasa de analfabetismo en la comunidad. La preferencia de la industria azteca obedecía a que una buena cantidad de espectadores no sabían leer los subtítulos de los filmes europeos y americanos.

Las damas eran seducidas por las actuaciones de Pedro Infante (La feria de las flores) y Jorge Negrete (Juntos pero no revuelto); los hombres con su machismo enraizado no toleraban a Doña Bárbara, interpretada por María Félix; Cantinflas unía al público, hacía que los presentes olvidaran por un momento la pérdida de sus deudos, víctimas del terremoto reciente.

La solidez del córdoba en esta época permitió que la comunidad asistiera en familia. Luneta era la zona popular, los adultos apenas pagaban un córdoba. En ese tiempo el vigorón costaba un chelín y la chicha diez centavos. Aunque los que no podían pagar la entrada se acomodaban en la rama de un árbol o se subían al zinc del vecino del cine, con tal de tener un buen ángulo hacia la pantalla.

Hasta dónde llegó la influencia del westerns, que en una ocasión un expectante se levantó de su butaca, sacó su revólver y realizó un par de detonaciones a la humanidad del villano, con los mismos ademanes de Clint Eastwood. Hasta hace poco estaba en la pantalla el par de agujeros, como parte de las huellas de lo que fue este escenario cultural

Hogar electrónico

La familia Ibarra González hizo del Cine León un hogar electrónico, con una visión empresarial. La responsabilidad iniciaba desde el canto del gallo hasta la última función. Cada uno de los hermanos Ibarra González (Nola, Aníbal, Arturo, Asdrúbal, Atilio, Herminia, Fanor, Arturo, Dennis, José María, Armando, Rosa Alpina, Mauricio, Alejandro y Herminia) desempeñaba una labor.

Pero también sacaban tiempo para la música. En los años sesenta, el ingeniero Fanor, acompañado de sus vástagos: Asdrúbal, Arturo, Dennis, Armando, José María y Fanor, también sacaban tiempo para ensayar en el grupo Los Ramblers; practicaban con gran esmero hasta lograr que Y te diré te quiero, La lluvia cae y La chimbarona sonaran con la mayor fidelidad del arreglo musical posible.


¿Cuándo descansaba la familia Ibarra González? El entretenimiento únicamente tenía pausa cuando perdían un ser querido, como fue el deceso de Danelia Hernández, el 18 de julio de 1979, esposa de Fanor Ibarra González. Hernández fue una de las víctimas de la masacre de Linda Vista, orquestada por la guardia somocista.

También había una pausa en la jornada los 7 y 24 de diciembre. El día de la purísima, Herminia González preparaba, con la valiosa ayuda de doña Alejandra Téllez, los nacatamales de papa. En el caso de la Navidad, los propietarios hacían entrega de juguetes y permitían gratis la entrada al cine a la niñez del barrio

Volver a empezar

Luego de haber levantado un teatro más acorde con las exigencias de la industria, la pantalla de pared y su vistosa fachada se desplomaron con la sacudida de 1972. Una vez más, el aviador tuvo que pensar en un plan B, para continuar con el patrimonio. La familia temporalmente se fue a León; simultáneamente en la capital el Cine León era reconstruido.

Habían noches en que Asdrúbal Ibarra González tuvo que dormir en su auto, para evitar que la guardia se robara lo pocos objetos de valor que quedaban del cine, en medio de las ruinas.

Un año después, el Cine León resurgió simultáneamente con Cinema 1,2,3, Cine Aladino, Margot, María, Cine México, etc. A mediados de los setenta, For Gam the Ball Tolls y Casa Blanca, ambas protagonizadas por Ingrid Bergman, se constituyeron en las cintas símbolos de romanticismo de los espectadores más jóvenes. Aunque los más rudos optaban por el westerns y El Padrino, protagonizados por Marlon Brando y Al Pacino; Clint Eastwood se convirtió en el héroe del barrio, con su actuación en El Bueno, el malo y el feo

El gallinero

Luneta fue la butaca más folklórica del local. El corazón de la exhibición. Aquí se registraron un sinnúmero de anécdotas. Antes del terremoto, los espectadores lo bautizaron como El gallinero, debido a que los espectadores ubicados en las butacas de madera eran víctimas de las groserías de los que se sentaban en palco. Las vulgaridades iban desde el lanzamiento de chivas de cigarro, semillas de mango y jocote, hasta bolsas de agua. En medio de la oscuridad, ¿a quién culpar?
Para colmo, el público de luneta también recibía bolsas de orines y piedras que tiraban los transeúntes

Oye pelón...

La escena más familiar que citan los que vivieron la época de bonanza del Cine León era que en medio de la proyección del film se reventaran las películas de 35 milímetros. El diestro para superar este tipo de crisis era Raúl Téllez, proyectista oficial de las 35 milímetros.

La habilidad de Téllez no era garantía para evitar que los espectadores al unísono gritaran: oye pelón, regresanos la entrada... una expresión que hacía alusión a uno de los rasgos más evidentes del anfitrión; con el tiempo este coro tuvo una connotación más de cariño que de reclamo. Un grito que todavía Juan Domínguez mantiene en algún lugar mudo de su cabeza

Núcleo de la insurrección

El último dictador somocista pretendía conservar su régimen a base de sangre. La operación limpieza casi cobra la vida de José María Ibarra González. Ese encuentro con la muerte fue un episodio determinante para que Fanor, Atilio y José María Ibarra-González apoyaran la causa de la insurrección.

El Cine León funcionó como batallón y hospital improvisado que asistía a los jóvenes que luchaban contra el régimen somocista. “Me atrevo a decirte que de este lugar salió la insurrección de Monseñor Lezcano. Hasta el propio comandante Tomás Borge se sorprendió de nuestro trabajo organizado”, apunta con mirada firme Atilio Ibarra González

Su aporte en el séptimo arte

El ingeniero Ibarra Rojas, luego de haber dejado de pilotear los cielos para el ejército de los Estados Unidos, durante la primera Guerra Mundial decidió descender a su terruño, León.

En los años cuarenta incursionó en el negocio del espectáculo, con dos proyectos cinematográficos que le acreditan como el pionero del cine mudo y cine parlante en Nicaragua; primero en la Ciudad Universitaria con el Cine San Francisco; luego en la capital con la fundación del Cine Bóer

Su último rugido

El deceso del ingeniero Fanor Ibarra (1983), la migración de casi la mitad de la familia (1984), el bloqueo económico contra Nicaragua, el incremento de más aparatos de televisión en los hogares, el auge del Sistema de Televisión Sandinista, el temor de las madres de que sus hijos fueran al cine debido al servicio militar, la falta de repuesto para proyectar Films de 35 mm, la aparición del Betamax y el giro del contenido de entretenimiento a propagandístico, fueron las causas que obligaron a que la familia Ibarra-González, en 1986, suspendiera la función.




imprimir imprimir  email enviar
Especiales

»Nelson, la invasión inglesa y la batalla por “El Castillo”

»Vida silvestre amenazada

»Breve Ecológica

»Disfrutando el sabor de la libertad

»Biodiversidad deteriorada

»Vida en los océanos: más rica y alterada

»Desaparecidos

»Alcoholismo, una enfermedad que avanza en silencio

»Bosawás todavía es un lugar soñado

»Marena calla y motosierras no paran de hablar

»Armas de guerra en el exterminio de Bosawás

»Nicaragua necesita un verdaderocambio en su ganadería

»Investigarán los petrodólares de Chávez a Ortega

»Un hogar con 30 hijos

»Médico abnegado, ciudadano probo y padre de mártir

»Educación financiera

»Piernas Inquietas El Síndrome de las

»Una visita a los museos de La Gran Sultana

»Peligra cooperación para la UNAN-León

»Bofetada a Allende e ingratitud a OEA

»Lo que los jóvenes quieren saber sobre sexo

»Levantamiento olvidado de los bicentenarios

»¡Oxígeno para el bosque seco!

»Breve Ecológica

»Celebran ley que protege glaciares

»Ríos en estado crítico

»Travesía por la vida

»Desaparecido

»El “rugido cultural” de Monseñor Lezcano


Portada | Nacionales | Sucesos | Departamentales | Internacionales | Opinión | Política | Deportes | Variedades | Economía
El Nuevo Diario (c) 1998-2005 e-mail: info@elnuevodiario.com.ni
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web