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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Domingo 05 de Diciembre de 2010 - Edición 10879
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Figura cimera de los “30 años” conservadores

Muerte y exequias del ex presidente Vicente Quadra


En noviembre, mes en que se rinde culto a nuestros ausentes seres queridos, cabe recordar la muerte y las exequias en Granada, Nicaragua, de uno de los presidentes del período pacífico y transformador de los “30 años”: Vicente Quadra Lugo (1871-74). Acaecida el 10 de diciembre de 1894. A principio de ese año el ánimo del ex mandatario yacía entristecido por la injusta multa que le había impuesto el régimen liberal de José Santos Zelaya

Multado y detenido por Zelaya a sus 81 años

A finales de 1893 el gobierno de Honduras, presidido por el general Domingo Vásquez —conservador que despertaba simpatía entre los nicaragüenses afines políticamente— había declarado la guerra al gobierno de Nicaragua el 30 de octubre de ese año; inmediatamente, liberales hondureños —asilados en Nicaragua, a raíz del triunfo político militar de Zelaya tres meses atrás— cruzaron la frontera y el 24 de diciembre de 1894 establecían un gobierno provisional. El de Managua, reconociéndolo, envió su ejército al mando del general Anastasio J. Ortiz, quien recomendaría a Zelaya arruinar económicamente a sus opositores, sobre todo a los de Granada. Así fue implantada una contribución forzosa de 400,000 pesos oro para financiar los gastos bélicos. Santiago y Eulogio Morales, Fernando y Manuel Lacayo, Fernando Chamorro y hermano, Gonzalo Espinoza, entre otros, figuraban en la lista que redactó el liberal José Dolores Gámez y firmó el presidente Zelaya.

Incluyeron también en la lista a las casas comerciales de don Vicente Quadra (llamada Josefa de Quadra e Hijos) y de doña Virginia Pasos, viuda de Quadra, multadas con 50,000 pesos cada una. A la residencia de doña Virginia llegó un oficial de mala fama llamado Tomás de los Milagros, acompañado de una pequeña escolta y notificó a la matrona que no se podía levantar de su asiento en que estaba sentada, ni comer, mientras no entregara esa cantidad. Toda la casa se puso en movimiento para librar a mi madre de ese martirio, y por la tarde habían entregado la suma ruinosa —evocó Carlos Cuadra Pasos, continuando:
A don Vicente Quadra, generalmente muy respetado, también le impusieron una cantidad de cincuenta mil pesos. Lo llevaron preso al cuartel principal con gran escándalo de la ciudad. Y le aplicaron el mismo sistema que a mi madre. Lo trataron groseramente. Don Vicente no tenía en caja semejante cantidad, pero un fino amigo de él, don Constantino Marenco, entregó los cincuenta mil pesos en nombre de don Vicente, que salió de esa deuda de honor y de gratitud con el amigo. Por esa circunstancia se entristeció el ánimo del anciano….

Tenía entonces 81 años

Tres impresiones dolorosas

Al cumplir los 82 el 25 de julio de 1894, su ánimo se agravó a consecuencia de tres impresiones dolorosas: la partida de uno de sus hijos a Europa por motivos de salud, la catástrofe ocurrida en Granada el 26 de septiembre al explotar el depósito de pólvora del Cuartel principal y la muerte de su íntimo amigo y contertulio cotidiano don Santiago Morales, acaecida el 22 de octubre del mismo año; y principalmente —refiere Cuadra Pasos— por haber perdido la razón su hija menor María Luisa, flor de belleza y de ternura. De manera que, como se dijo, el 10 de diciembre de 1894 fallecía don Vicente, a las cuatro de la madrugada, en su ciudad natal.

El gobierno de Zelaya decretó honores de Presidente de la República al ilustre desaparecido. La bandera nacional fue enarbolada a media asta en señal de duelo. En un tren expreso llegó el mismo 10 el ministro general de Zelaya, doctor Francisco Baca hijo, con varios diputados de la Asamblea Constituyente, la Banda Marcial y el Batallón de la Guardia de los Supremos Poderes, encargada de solemnizar el acontecimiento, ejecutó cada hora las salvas de Ordenanza el 10 y el 11. El difunto se veló en la capilla ardiente —hábil y artísticamente arreglada— que custodiaban oficiales.

En la mañana del 10 el club social “La Juventud” realizó una sesión extraordinaria con la asistencia de veinticinco socios decidiendo permanecer enlutado durante ocho días, pasar en comisión a la casa del establecido ciudadano para dar el pésame y ofrecer una corona como homenaje en su memoria, a parte de asistir en cuerpo a sus funerales. Firmaban el acta correspondiente el presidente Juan Gross y el secretario Ramón Castillo.

La Estrella de Nicaragua —periódico de Granada— publicó la crónica del acontecimiento. En la mañana del 11 celebróse en la iglesia de San Francisco suntuosa misa de réquiem, en sufragio del alma del finado; y hacia las 4 de la tarde, hora designada para dar principio al enterramiento, comenzó a fluir a la casa mortuoria inmensa concurrencia. De antemano muchas familias y amigos habían enviado hermosas coronas, con sentidas dedicatorias.

El entierro fue memorable. Cuatro palafreneros jóvenes, vestidos de frac, sujetaban el freno a los cuatro caballos que tiraban del lujoso coche fúnebre. Llevaban las cintas delanteras del féretro los ex—presidentes Joaquín Zavala y Adán Cárdenas, y las traseras el ex—Ministro de Estado Adrián Zavala y el presidente del Club Social Manuel Lacayo. Después de los cantos religiosos en la iglesia de La Merced, que acompañó con maestría una orquesta numerosa, y que fueron majestuosos y solemnes —continúa la crónica— dióse principio la procesión fúnebre. En el atrio de la Merced pronunciaron discursos el presidente de la Constituyente Francisco Montenegro y, en nombre del Club Social de Granada, Ascensión P[az] Rivas, sobrino de don Anselmo, quien le había solicitado su redacción al escritor Enrique Guzmán.

Corta, esta pieza comenzaba deplorando los dolorosos acontecimientos de la sociedad que no pueden por menos de conmover, como el reciente fallecimiento de Santiago Morales (el 22 de octubre, 48 días antes), el comerciante más rico de la ciudad.

Supo inspirar a los suyos amor y respeto, y a los extraños, agradable confianza y profunda simpatía
Ahora se abría una nueva tumba para recibir los restos del eminente patricio don Vicente Quadra”. Y no era ocasión de trazar, ni siquiera a grandes rasgos, su biografía: una larga existencia toda consagrada al bien, y llena de grandes obras; pero todos saben en Granada, y fuera de Granada, que don Vicente Quadra, por su claro entendimiento, por la solidez y serenidad de su juicio, por su alta probidad, por la energía de su carácter, por su espíritu justiciero y por su prolongado patriotismo, era modelo de cumplido caballero. Sintetizando la trayectoria de Quadra, Guzmán Selva formuló este otro elogio: Cualquier pueblo, aun mucho más culto que el nuestro, se habría de sentir honrado al contarle entre sus hijos.

El panegirista proseguía: El señor Quadra fue, en grado eminente, un Mandatario de ese género: de quien ningún honrado ciudadano tuvo nada que temer; respetuoso de todos los derechos de sus gobernados, y ocupado siempre, con su minuciosa solicitud, del estricto cumplimiento de su deber. Y agregaba: Supo inspirar siempre a los suyos amor y respeto, y a los extraños, agradable confianza y profunda simpatía. Y puntualizaba: para llorar su irreparable pérdida, somos sus hijos todos los granadinos, todos los buenos nicaragüenses. Y concluía: De ti puede decirse lo que de bien pocos: que, habiendo sido poderoso, no hiciste en tu larga vida derramar más lágrimas que las amarguísimas que ahora riegan tu venerado sepulcro

La marcha hacia el cementerio

Los alumnos del Colegio de Granada, establecido durante su administración y del que su hermano José Joaquín Quadra había sido uno de sus principales promotores, iniciaron la marcha hacia el cementerio. El Ministro General Francisco Baca hijo, detrás del féretro, encabezada el duelo, acompañado del Jefe Político del Departamento y de la familia Quadra. Seguía el Club Social de Granada organizado en cuerpo y en riguroso traje de ceremonia; después, la Junta de Socorros, de la cual Quadra había sido presidente; y luego el Club de la Juventud. Junto a estas corporaciones iba tan numerosa concurrencia como pocas veces se había visto en la ciudad, notándose personas distinguidas de varias partes de la República, principalmente de Managua, Masaya, Jinotega, Nandaime y demás pueblos de este Departamento —se lee en La Estrella. Cerraba el cortejo el batallón encargado de rendir los honores y la Banda Marcial de los Supremos Poderes.

En el atrio de la Iglesia de Jalteva intervino otro orador en nombre del Ejecutivo, reconociendo sus grandes virtudes. Ya en el cementerio le correspondió hablar al último orador, en representación del Partido Conservador. Todo se llevó a cabo con mucho orden y circunspección —también se lee en La Estrella. La concurrencia, casi íntegra, llegó al cementerio, donde el Clero cantó las últimas preces de la Iglesia, y la fuerza pública hizo los postreros honores en los momentos de la inhumación

Y agregaba:

Los señores don José de la Trinidad Sacasa, don Salvador Jarquín, licenciado don Manuel Quadra y don Demetrio Cuadra, fueron encargados de acompañar al Señor Ministro General en su regreso del cementerio a la Estación del Ferrocarril, y de darle las gracias, y por su medio al Gobierno, por las consideraciones dispensadas a la familia.

Gran número de personas que habían quedado con los dolientes en el Cementerio hasta terminarse la inhumación, los acompañaron a su casa, dándole así una nueva muestra de su amistad y simpatía

Su amistad con Fernando Guzmán

Un familiar refirió que don Vicente había decidido enterrarse con la hamaca de su cónyuge, fallecida cinco años antes: el 1º. de julio de 1889. Desde entonces —a los 78 años— se quejó de soledad, a pesar de que compartía gratos momentos con sus amigos. Uno de ellos era el ex-presidente Fernando Guzmán, compañero suyo desde la juventud. Cuadra Pasos recordaría:
Todos los días por la tarde llegaba don Fernando a la casa de mi tío y se sentaba recostado contra la pared en el corredor interior de la oficina de don Vicente; conversaban, comentaban sus cosas viejas y nuevas, y con frecuencia reían a carcajadas. Una vez Agustín Cuadra, el hijo menor del tío Vicente, me preguntó: —¿De qué diablos se reirán tanto estos viejos?...

Pero se quedaría para siempre sin esa amistad al morir Guzmán, su compadre e íntimo amigo, el 19 de octubre de 1891. Don Vicente llevó una de las cintas del féretro. Permaneciendo tranquilo, siguió el curso del entierro con su cinta en la mano hasta llegar al cementerio. Marchaba seguido de sus sobrinos y así regresó. En la casa de su cuñada Virginia Pasos Arellano viuda de Quadra, continuó lamentándose de su soledad. Doña Virginia le hizo ver que nunca estaría solo, porque los numerosos miembros de su familia le rodeaban como jefe. Melancólicamente, don Vicente le contestó:
—Ustedes son corazón, pero él era amistad.


Dotado de energía moral y valor cívico
El presbítero Gordiano Carranza, párroco de San Felipe en León, envió por escrito su pésame a la familia. El Señor Quadra me contó en el número de sus amigos personales, deferencia que me llena de legítimo orgullo —expresaba. El oficial Diario de Nicaragua reconoció: Dotado de una energía moral bien grande y de un valor cívico retemplado, hacía sentir el peso de sus opiniones, aun a despecho de las pasiones agitadas y de las exaltaciones del momento. Así lo vimos en los últimos acontecimientos políticos aconsejar la paz e increpar con severidad a los que insistían en los inútiles derramamientos de sangre. Anciano respetable y respetado, preponderaba entre los suyos, y como un patriarca antiguo, sin más poder que el prestigio de su vida y el ejemplo de sus costumbres serenas, imponía sus opiniones, salvando con ellas más de una vez azarosas circunstancias.

Finalmente, Enrique Guzmán Selva consignó en su “Diario íntimo” el 10 de diciembre de 1894: ...a las 4 de la madrugada murió don Vicente Quadra. Tenía al morir 82 años (había nacido en 1812). Nunca en mi vida hablé con él.




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