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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Jueves 20 de Enero de 2011 - Edición 10929
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Aún hay tiempo…aunque muy poco


A pesar de que la campaña electoral, que culminará con las elecciones presidenciales el día 6 de noviembre de este mismo año, se encuentra ya en los preliminares, muy intensos, por cierto, aún hay tiempo de que los partidos políticos, las organizaciones cívicas, económicas y sociales, así como los demás sectores independientes que se encuentran comprometidos con la democracia, decidan someterse al resultado más honesto y sincero de sus introspecciones, así como a las conclusiones a que lleguen después de los análisis más exigentes sobre la situación política nacional y la profunda crisis institucional que vive Nicaragua, y procedan con carácter de urgencia a rectificar sus equivocados criterios políticos, los que, seguramente influidos y reiteradamente fundamentados, en una patológica pereza mental, resultante de sus inseguridades, pesimismos, apatías, o, lo que es peor, impulsados por sus inconfesables intereses y ambiciones, han ido llevando hasta ahora el proceso electoral, de manera inconsciente, o muy conscientemente, hasta encerrarse en un círculo vicioso en el que no se avisora salida racional alguna y que, una vez más, amenaza a convertirse en una verdadera pesadilla para nuestro pueblo, enfermo, hambreado, sin trabajo, sin justicia y sin esperanzas.

Ante tal panorama, hay que decirlo claramente y sin ambages, y expresarlo de la manera más cruda, que nuestro pueblo no tiene esperanza alguna de que la oprobiosa situación que lo abate se revierta y que, en consecuencia, llegue a su final la noche negra, la pesadilla que vive Nicaragua y el consecuente calvario que sufren quienes reclaman pan, techo, libertad y justicia. Depositar las esperanzas de un mañana mejor en esas cándidas organizaciones políticas que supuestamente unidas para la lucha, se autollaman y se autoproclaman, a los cuatro vientos, como los portaestandartes de la esperanza nacional, sería, no solo un desatino garrafal, rayano en lo ridículo, sino que podría interpretarse como un proceder equivocado, perverso y peligroso, por el opiásio engaño en el que de manera inconsciente, o conscientemente, han caído los supuestos guías y “ líderes democráticos”, que creen, y peligrosamente quieren hacer creer a los demás, que la solución a los abrumadores problemas que enfrenta nuestro pueblo, podrán resolverlos los candidatos descalificados y sospechosos que ofrecen a la opinión pública, como son los siguientes: Arnoldo Alemán Lacayo, pactista, alumno y cómplice de Ortega, enamorado de la Presidencia de la República y de sus generosos beneficios; delincuente reconocido nacional e internacionalmente, quien, aunque fue condenado en su momento por los tribunales de lo penal, por los graves delitos de corrupción cometidos contra el pueblo, fue liberado de culpa por la Excelentísima Corte Suprema de Justicia, tribunal este desacreditado por sus frecuentes prevaricatos y las deleznables sentencias que dicta por orden del Presidente de la República o de otros capos, para favorecer a delincuentes pactistas y vendidos a él, o a delincuentes de alta alcurnia, como Arnoldo Alemán, quien aún sigue siendo procesado por graves delitos que se ventilan en nuestros tribunales, según lo ha afirmado reiteradamente y así como en declaraciones actuales el Procurador General de Justicia, y por la justicia internacional, tal como se ha informado a los medios de comunicación por tribunales de lo penal de otros países, o, en su defecto, Fabio Gadea Mantilla, personaje pintoresco dentro de los medios radiales de nuestro país, que ha ganado algún tipo de popularidad creando el personaje “Pancho Madrigal”, bufonesco, más conocido que el propio Fabio Gadea Mantilla, quien solo ha sido conocido en las dos últimas décadas por un historial oscuro, entre cuyos hechos sobresalen el escándalo en el que se vio involucrado por el libramiento de cheques falsos y malos manejos de fondos provenientes del Parlamento Centroamericano, cuando él fuera el representante de ese organismo internacional y encargado de las oficinas del mismo en Nicaragua, y, además, el corrupto nepotismo del que ha sido un voraz beneficiario, tanto él, en lo personal, como su hijo Jerónimo Gadea, Ingeniero arquitecto, de méritos muy poco conocidos, quien, sin haber participado nunca honestamente en una licitación, ha sido beneficiado para la ejecución de varios importantes proyectos, como el de remodelamiento y ampliación del Aeropuerto de Puerto Cabezas, así como de varios otros, cuya enumeración sería harto dispendiosas, pero, todos ellos financiados con sumas millonarias que le han servido a su beneficiario para la acumulación de riquezas, tanto para él, como para su esposa, la Diputada María Dolores Alemán de Gadea, hija de Arnoldo Alemán y nuera, o hija política, de Fabio Gadea Mantilla; o sea, en total, un solo “revoltijo” de la misma excrecencia, fétida y despreciable, que ha caracterizado a Arnoldo Alemán Lacayo en el desempeño de las funciones públicas que ha tenido asignadas, al par que la acción pública que ha asumido como supuesto líder político y abanderado de la democracia y de la honradez administrativa.

La ciudadanía nicaragüense, o mejor dicho, la gran mayoría de la población de Nicaragua, ya está harta de los inefables lideres y falsos mesías, que desgraciadamente han abundado, y abundan en toda la historia y la actualidad nacional y, es hora de que impulsen a nuevos personajes que puedan erguirse de entre las mismas ruinas de nuestras miserias patrias, para desenmascarar a los simoníacos profetas de la verdad y detenerlos en su cadena de sueños y esperanzas para sacudirles la abulia, el “yoquepierdismo”, la apatía y sus malsanas ambiciones y hacerlos recapacitar sacudiéndoles la pereza mental, instándolos a que puedan recobrar la sensatez, la dignidad y el auténtico amor por Nicaragua, para que puedan al fin reconocer, que ni Arnoldo ni su consuegro, Fabio Gadea Mantilla, son los candidatos idóneos para disputar a Daniel Ortega Saavedra, líder del antipatriótico “danielismo”, la Presidencia de la República que se decidirá el seis de noviembre del presente año.

No es cierto que a esta altura del partido no sea posible articular con éxito una campaña política con candidaturas diferentes a las que amañadamente nos ofrece la frágil, heterogénea, lírica, sentimental y maliciosa “Unidad por la Esperanza”. Si a esta fecha se decidiera presentar la candidatura de un personaje idóneo, aun habría tiempo para elaborar la estrategia adecuada y el plan de acción eficaz para hacer frente con éxito a la campaña electoral, en la que prácticamente ya estamos inmersos, y que, sin lugar a dudas, podría poner fin al gobierno dictorial de Ortega, con su secuela de amenazas de convertirse en una tiranía que ya se deja ver a la vuelta de la esquina.

¿Por qué no aprovechar los méritos de algunos nicaragüenses ilustres? ¿Por qué no sacar provecho a la perenne y diaria lucha que en favor de la democracia y del mejoramiento de los estratos más pobres de nuestro pueblo ha venido librando a diario esa extraordinaria mujer, LUISA MOLINA? ¿Por qué no tomar en consideración los relevantes méritos en todos los órdenes, especialmente en los que se refieren a la honradez, la integridad ciudadana, el respeto a la ley y, sobre todo, el amor a Nicaragua, de la que han dado sobradas muestras personajes como Danilo Aguirre Solís, Carlos Tünnermann Bernheim, Alejandro Serrano Caldera, Vilma Núñez De Escorcia, el reverendo Augusto César Marenco; el industrial Manuel Ignacio Lacayo y el destacado, hombre público, Róger Arteaga, quienes, estoy seguro, responderían con eficacia a los problemas nacionales y sabrían cumplir con devoto civismo, las obligaciones propias de su función pública. Cualquiera de estas personas ejemplares podría, con el más patriótico interés, luchar con el mayor denuedo, por el establecimiento definitivo de una Nicaragua socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Decidámonos hoy, no mañana, sino ahora, a llamar a una de estas distinguidas personalidades y confiémosle a ella la ingente responsabilidad de lograr que Nicaragua vuelva a ser República; cualquier vacilación de parte nuestra nos convertiría en coautores de la tragedia que se pueda generar en el futuro en contra de nuestro pueblo.

Es, ahora o nunca; démosle la cara a la dramática realidad que estamos viviendo y a las trágicas consecuencias que puedan devenir en contra de nuestra patria. Sepamos elegir hoy al candidato idóneo, capaz de llevarnos a todos a gozar de la claridad y sea al mismo tiempo capaz de librarnos de esta larga y angustiosa noche negra en que nos encontramos. Tomemos ya una decisión, aún hay tiempo; mañana será tarde.




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