El Nuevo Diario

Mis Amantes

Amé a mis amantes
como un condenado a muerte el último día de su vida,
como un barco cruza la noche en el espejo de Alicia.
Las cabalgué con la vulgaridad humana de la naturaleza animal,
con la magia que enferma y con la magia que cura,
con delirios, alucinaciones, divagaciones, incoherencias,
con agonía y esperanza,
sabiendo que una mirada y un suspiro suspenden el acto de morir,
consciente de que las ilusiones no tienen defectos,
y teniendo la sangre sin cautelas del poeta
que ama la perfección de los sueños.
Cada una de mis amantes tiene un altar de victorias y derrotas.
Ellas son mis ninfas del mar, mis águilas gigantes, la magia del jazmín,
un inmenso y majestuoso movimiento de los astros que me ciega.
Mi vida hubiera sido muy triste sin las utopías de mis amantes.
Mis amantes ensuciaban la belleza con sus manos
y la limpiaban con sus ojos;
me pagaban sus errores regalándome estrellas y romances
y sus pensamientos las convertían en irrealidades.
La belleza de mis amantes me hizo vivir la santidad
y la perversión secreta de la aventura y las traiciones.
La belleza de esas mujeres la tengo atrapada en la tormenta,
la tengo enterrada viva en el iris de mis ojos como una ballena arponeada.
Por esas cazadoras doradas merezco otra vez otro cuerpo y otra juventud,
otra vez blancas, morenas, rubias, negras, poetas, músicas, teatristas,
musas y musarañas, nicaragüenses y nicaraguayas, y de otros confines,
bronceadas como unas granjeras de las riberas del Mississipi,
más salvajes que los juegos y ternuras infinitas de las leonas , tigras,
hipocampas, y murciélagas cegadas por las llamas de la juventud y los sueños,
porque solo los sueños de los jóvenes vuelan con alas.
Yo tuve con mis amantes una casa de sangre y lágrimas,
tiza, azufre, magia, pelo, y un collar hecho de dientes de murciélago.
Las amé a lo grande y aprendí con ellas a nombrar las cosas.
Cuando me abrieron su cielo
me hice hombre y animal luchando por sobrevivir
en lo áspero de la libertad de un pájaro en su jaula.
Mis amantes me leían el mundo
como los ciegos tocan el miedo y escapan del terror.
Pero el amor de las amantes tiene una belleza triste,
se acaba aunque nunca se acaba, se muere sin morir,
vive en la pasión de la memoria repitiéndose,
juntando sus aromas, sus pedazos de pájaros y flores.
Los amores de mis amantes viven mi propia sombra
y los ojos de ellas siempre están llenos de belleza y juventud
y van a vivir conmigo hasta el final de mi historia.

Granada, 3 de diciembre de 2007.

El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 12 de enero de 2008