
Rostros para el dios de las puertas
(Poema inconcluso)
Jano, dios de los comienzos y de los finales, a quien
le fue consagrado Ianuarius, el primer mes del año
los que van a morir en matrimonio honren
tus dos caras que miran en sentidos opuestos
(Sexto Aurelio Propercio Año 41 D.C.) Vamos a no mezclar las cosas. El concubinato en la antigüedad con el esplendor en los límites de Hollywood. Cleopatra y su Antonio no llegaron tantas veces a divorciarse ni a casa a mentarse tanto la madre como Richard Burton y Liz Taylor. Los diamantes no fueron el lazo que los volvió inseparables, sino el mordisco preciso del ofidio a la hora de su delicioso suicidio.
Que en Filosofía y Letras también se graduaron dos muy bien avenidos, tal a Humphrey Bogart y Lauren Bacall, quienes jamás imploraron legalización o bendición para su amor.
-A fe que lo creo.
Sartre y el Castor. O Simone de Beauvoir para los que no se los toparon en el Café de Flore de la mismísima esquina oblonga, 173 Boulevard de Saint Germain des Prés, ni cuando al atardecer despidiéndose notara que había meado el pantalón, y él --en su decrepitud-- le respondiera que así empezaba la ceremonia del adiós.
Una pareja despareja la del infeliz Félix García y Paca su mujer de España, con la sombra siniestra de la que, revólver en mano del hermano, devino legítima esposa planeando sobre su hogar hecho de melancolías.
- ¿Y la historiografía nacional?
-Entre camagüe y elote.
Lola Soriano y Julián N. Guerrero. Ella en casa zurcía los calcetines, mientras él los destrozaba por los caminos monografiando el pasado municipal de conservadores y liberales.
María Kautz llevaba traje de explorador y su marido en su mecedora escribía las Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua (De Gainza a Somoza.) Lo de ella era la hacienda o la carpintería. Y la crianza de sus hijos. Se sabía musa --una musa nada ociosa, como no la imaginó el señor San José Ortega y Gasset-- no disputaba la autoridad de su esposo, ni la desvelaron sus chulerías con María Teresa Saavedra en el Madrid de mil novecientos cuarenta y tanto.
- ¿No la desvelaron?
Tiemble en los labios de Gioconda la duda de Leonardo, que el Buonarotti hincha de certeza los tendones del esclavo.
Análisis y síntesis.
La plástica, la crítica de arte, los géneros aristotélicos y la hagiografía pueden fundirse en una entidad formada por la señora y su consorte. Pero, ¡alto! No se les condecore si no reconocen al Estado el derecho de juzgarlos. La Orden Rubén Darío o la Academia darán lustre a quien no ostenta méritos. --Si un hombre (o su mujer) tiene mérito, ¿por qué condecorarlo?-- se pregunta Baudelaire en Mi corazón al desnudo.
El 1 de enero de 1929 Augusto C. Sandino, desde El Chipote, en Las Segovias, le escribe al ocupante de la casa presidencial de Managua, que las cosas de Nicaragua las arreglen los dos como nicaragüenses sin intermediarios “que nada tienen que ver en nuestros asuntos internos”; y le pide enviar su respuesta “a San Rafael del Norte, donde mi esposa Blanca de Sandino, quien ya tiene las instrucciones del caso.”
Saltémonos a la brava a Teresa Villatoro. También las soluciones de los presidiarios o las travesuras de Don Forsico en el campanario. El gozo por el gozo interrumpe la continuidad de la especie, y “os he escrito por carta que no os juntéis con los fornicarios” (1 Corintios 5,9)
“Vámonos cuervo a fecundar tus cuervas”
Volvamos a la perfección del matrimonio.
La convergencia astral de Cáncer y Escorpio. Trato y contrato. La araña y el cangrejo. He aquí su retrato. Ella imaginativa, pero rencorosa, su planeta regente es la Luna. Él porfiado y belicoso, Plutón lo gobierna. Dios que conoce el zodiaco mejor que los astrólogos, les dio el agua como elemento, pero la quiso a ella poeta y a él guerrero. Ella es la maga, él las fuerzas ocultas...
Huitzilopochtli, dios de la guerra.
Te proclamabas heredero de Quetzalcóatl, dios de la creación y de la hermandad; pero mandaste arrasar todo lo que él había construido. Ay Huitzilopochtli, que auxiliado por una serpiente en llamas asesinaste a tu hermana Coyolxauhqui, la diosa de la luna; mi corazón no será brasa de tu incensario.
Oh Quetzalcóatl, para el tiempo de tu regreso, si es que cumples tu promesa durante la noche, cuando mi camino se pierde en otros continentes, me encontrarás --el lago derramándose sobre la montaña como un volcán chorrea su lava-- tarareando mi amor eterno e inolvidable, con Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, que hicieron dúo y no echaron chispas...
Columbia, Missouri
El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 16 de febrero de 2008
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